El P.N. Marino Ballena en Costa Rica y la vuelta a casa

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El P.N. Marino Ballena en Costa Rica y la vuelta a casa

Delfines en el P.N. Marino Ballena en Costa Rica

Nuestro precioso viaje por tierras costarricenses estaba tocando a su fin aunque aún nos quedaban unos días para visitar el Parque Nacional Marino Ballena y disfrutarlo completamente solos. Después pondríamos rumbo a la capital, San José, y con mucha pena diríamos adiós a ese bello país.

El último día de Gorka en Costa Rica nos iba a deparar también una llamada telefónica que no esperábamos. La hermana de Edu le había mandado un mensaje para decirle que había overbooking para el día de nuestro regreso, así que tendríamos que ir pronto al aeropuerto para no llevarnos ningún susto.

Llegamos hasta el aeropuerto de Quepos, que era desde donde salía el avión a San José y observamos un tramo largo asfaltado en recto. Al lado un pequeño edificio con un par de oficinas y en una esquina cerca del bosque otro par de avionetas. Parecía el aeropuerto “maicromachin”. Eso a Gorka le puso todavía más tenso. No sabíamos donde meternos para no reirnos, pobre…..

A las 10:00 montado en la avioneta nos despedimos de él al lado de la pista. Las medidas de seguridad eran bastante escasas. Edu y yo nos moríamos de la envidia viéndole montar en avioneta y él estaba acongojado. Era el mundo al revés. Cuando ya le vimos perderse entre las montañas, volvimos al coche y para cambiar de aires, decidimos bajar más al sur hasta Dominical.

Dominical

En poco más de una hora habíamos llegado al pequeño pueblo de Dominical. Era una calle principal de no más de 150 metros, con tiendas, bares y alojamientos a los lados. Eran todos de “gringos”, como les llamaban ellos a los estadounidenses. Nos alojamos en “Rio Bravo Lodge” por 30$ la noche con desayuno, piscina, tele, baño privado y aire acondicionado. Estaba prácticamente el pueblo vacío. Dejamos las cosas en la habitación y nos dirigimos hacia la playa.

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Aeropuerto de Quepos
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Árbol pintoresco
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Playa de Dominical
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Playa del P.N.

La playa nos pareció muy bonita, era bastante grande, con muchas olas, un tanto revuelta el agua y con palmeras a lo largo de ella. La arena era color oscuro. Nos pasamos el resto del día haciendo la croqueta, vuelta y vuelta, ya que eran los últimos días y había que aprovechar el sol que luego no veríamos en nuestra casa.

Por la noche fuimos a cenar al “Coco´s bar”. Madre mía que poca imaginación tenían en ese país para poner nombre a los sitios. El 90 % de ellos tenían los mismos nombres en diferentes pueblos. La cena fue bastante cutre, pero por lo menos las raciones eran grandes y el precio estaba bien.

Antes de cenar habíamos estado en internet y Edu se había ido a dar una vuelta. Al volver, me sorprendió con una excursión al P.N. Marino Ballena para ver delfines, corales y en teoría ballenas yubartas. Todo patrocinado de su bolsillo. Así daba gusto, jejejejeje.

P.N. Marino Ballena

Empezaba el día temprano, ya que a las 8:00 habíamos quedado en la entrada del Parque Nacional para comenzar la excursión. Cogimos el coche y dirección sur recorrimos los escasos 25 kilómetros que separaban Dominical del P.N. Marino Ballena. Aunque por el camino fuimos testigos de algo digno del mejor documental de la 2. En una carretera desierta que atravesaba por una zona como de manglares, vimos a lo lejos un monton de cosas coloridas en el asfalto. Nos fuimos acercando poco a poco y lo que teníamos delante de nuestros ojos era ni más ni menos que centenares de cangrejos de un color rojo intenso atravesando de un lado al otro de la carretera. Esa misma imagen tenía el recuerdo de haberla visto en algún documental, pero el tenerlo delante de nosotros fue una experiencia indescriptible. Nos quedamos tan atontados que ni nos acordamos de sacar ninguna foto, de lo cuál no dejo de arrepentirme cada vez que recuerdo el viaje. Aunque intentamos hacer un slalom y esquivarlos, eran tantos que resultó imposible y alguno que otro quedó perfecto para un sabroso revuelto.

Para llegar hasta donde habíamos quedado con los de la excursión nos liamos un poco, ya que a Edu le habían dicho a la entrada del parque y cuando llegamos allí no había nadie, así que preguntamos a un hombre que pasaba por allí y nos dijo que las excursiones en barco salían desde otro punto. Allí que nos dirigimos y por fin conseguimos encontrarnos con nuestros guías.

Al bajar del coche y mientras sacábamos las cosas, sentí como un picotazo muy doloroso en un dedo del pie, me miré y ví que tenía una hormiga enorme pegada a mi dedo como una lapa. La muy desgraciada me había pegado un bocado. Pero al mirarme el otro ví que tenía un montón de ellas empezando a subirme por la pierna. Después de realizar el clásico baile de San Vito, conseguí desprenderme de todas. Al echar una ojeada a ver de donde salían tantas hormigas, nos percatamos de que habíamos dejado el coche en el medio del camino hacia no sabemos donde de una hilera enorme de ellas con sus hojas a cuestas. Normal que me hubieran pegado un bocado y probablemente las que me subían por la pierna iban a otro sitio a morder para que me doliera más….. 🙁

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Lancha de la excursión
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Haciendo snorkel
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Cuevas naturales
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Con los guías

La excursión iba a ser personalizada ya que éramos los únicos que había por el lugar. Nos montamos en la lancha y fuimos directos a hacer snorkel a la isla Ballena. Había bastante oleaje con lo que tuvimos que estar muy atentos de no acercarnos mucho a las rocas. Vimos un montón de peces de colores preciosos y algunos enormes pero no había ningún coral. Estuvimos alrededor de una hora. Después intentamos ir a ver las ballenas y los delfines. Pero estuvimos más de hora y media navegando sin ver nada hasta que por fin el patrón de la lancha dió un grito y señalando a lo lejos vimos como unos cuantos delfines saltaban por encima del agua. Se acercó hasta donde estaban  y comenzaron a acompañarnos al lado de la embarcación haciendo piruetas y pasando por debajo de ella. Estuvieron un buen rato jugando con nosotros.

Pusimos rumbo a otra zona en la que en teoría habitaban las ballenas yubartas, pero ese día no estaban por la labor de dejarse ver. Lo que si vimos fue unos bancos de peces enormes de jureles, atunes y sardinas. Alrededor de ellos había continuamente un montón de aves esperando a que alguno se despistase para llevárselos a la boca. Recorrimos medio Océano Pacífico para encontrar las ballenas, pero nada, y yo tenía un mareo de la leche porque la mar estaba bastante revuelta, así que decidimos que la excursión había sido suficiente y que lo mejor era regresar. Terminamos sobre las 14:00 y de vuelta pasamos de nuevo por la playa de Dominical para relajar el bolo de tanto movimiento.

Volvimos al hotel nos echamos una pequeña siesta, la primera en 15 días y salimos a dar un paseo por un pueblo que parecía fantasma. Nos pusimos al día en internet de como iba el mundo y poco antes de salir se puso a llover. Estuvo 3 horas lloviendo como si lo fueran a prohibir. En mi vida había visto llover con aquella intensidad. Hubo un momento que a lo lejos me pareció ver un hombre con barba blanca reclutando animales…… Empapados llegamos al hotel y después de una placentera ducha, cenamos allí mismo y gastamos los últimos colones que nos quedaban en el bar ya que la buena vida se acababa.

En nuestro último día en Costa Rica nos levantamos temprano para no variar, pero en esta ocasión era para llegar lo antes posible al aeropuerto y así poder solucionar lo de los billetes. Había unos 180 kilómetros hasta San José y para no volver por el mismo camino que ya habíamos visto, decidimos hacerlo por el interior atravesando San Isidro el General, cogiendo la Panamericana y disfrutando de una zona de cerros a más de 3.000 metros de altitud. Abajo hacía un tiempo espléndido, pero arriba un frío intenso y una niebla que no se veía a 20 metros. Aún así el paisaje merecía la pena. Tardamos unas 5 horas en llegar al aeropuerto, no sin antes haber vuelto a dar las pertinentes vueltas por las afuera de la ciudad hasta encontrar el camino correcto.

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San Isidro el General
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Zona de cerros
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A más de 3.000 m.
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La triste vuelta

Fuimos a las oficinas de iberia pero nos dijeron que teníamos que esperar a que abrieran los mostradores de facturación. Mientras tanto fuimos a devolver el coche y sin ninguna pega nos devolvieron la fianza y todo estuvo correcto. La compañía era “Vamos rent car”, muy profesionales.

Para hacer tiempo nos acercamos hasta la zona donde se situaban los supuestos taxistas a ver como intentaban engatusar a los incautos turistas. En el rato que estuvimos 3 cayeron en sus triquiñuelas. Nos dieron ganas de avisarles pero igual nos partían la cara, así que mejor que cada uno se sacase sus castañas del fuego.

Por fin 5 horas después habrían los mostradores de facturación, había 22 plazas en overbooking pero gracias a que habíamos estado allí de los primeros no nos afectó y conseguimos coger nuestro vuelo sin ningún impedimento y volver de nuevo al hogar.

Habíamos disfrutado de un país maravilloso, una gente fantástica, el mismo idioma después de muchos viajes y sobre todo de una naturaleza desbordante. Un sitio recomendable para ir y vivirlo en primera persona.

 

B.F.F.F

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