Bali, la parte sur de la isla, Indonesia

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Bali, la parte sur de la isla, Indonesia

Por fin llegamos a Bali, el destino principal de nuestro viaje a Indonesia y del que tanto y durante tantos años habíamos oído hablar. Y como no, al igual que una película, no hay como que te lo pinten todo muy bonito para opinar completamente lo contrario. Y eso es precisamente lo que a nosotros nos pasó. Aunque poco a poco conseguimos sacarle el gusto a la isla.

Era nuestra última mañana en Malang. Degustamos de nuevo un desayuno buffet excelente y disfrutamos de la piscina hasta la hora de hacer el check-out. En el mismo exterior del hotel cogimos un taxi con taxímetro que nos llevó hasta el aeropuerto por 45.000 R. Cuando nos dice que habíamos llegado, teníamos serias dudas de que fuera cierto, menos mal que vimos la torre de control. El colegio de nuestros hijos era bastante más grande que aquel aeropuerto. Hicimos la facturación y nos cobraron 40.000 R. por billete, como tasa por los vuelos internos.

Aprovechamos a picar algo para hacer tiempo hasta las dos horas que faltaban para la salida del vuelo. Había sólo un par de sitios para elegir. Pedimos 4 platos grandes de picoteo con agua y nos cobraron 81.000 R. Ni en los precios se parecía a un aeropuerto. Helados grandes 5.000 R. y 2 dunkin donuts por 16.000 R.

 

Aunque el avión llegó con 30 minutos de retraso, desde que abrieron las puertas de embarque, atravesamos la pista andando y nos montamos en el avión, no pasaron más de 20 minutos. Eficiencia total para recuperar el tiempo perdido. El vuelo era con la compañía Wings Air. Un avión de hélices no muy grande pero cómodo. Iba prácticamente vacío, por lo que nos cogimos una fila de asientos para cada uno. Y cuando había pasado poco tiempo desde el despegue, le oímos a Iker gritar que estaba viendo un volcán. Al principio no le hicimos mucho caso, pero como insistía, nos asomamos por el lado en el que estaba él sentado, y en efecto, el magnífico e impresionante volcán Bromo estaba debajo de nosotros. Además como el avión no iba a mucha altura se apreciaba todo el conjunto de maravilla.

Bali

Una hora más tarde aterrizábamos en Denpasar, la capital de Bali, aunque perdíamos una más por la diferencia horaria que había con la isla de Java. Nada más aterrizar y pisar la terminal nos damos cuenta de que hemos llegado a otro mundo. Aeropuerto enorme, un montón de gente extranjera, por no decir toda, mogollón de tiendas por todos lados y muchísima gente atosigándote ofreciendo sus servicios.

Como veíamos que esta isla iba a ser un caos y allí mismo había un montón de sitios en los que reservaban alojamiento, decidimos preguntar en unos cuantos a ver si había algo que se adaptase a nuestros gustos. Nos enseñaron unos cuantos pero los precios nos parecían excesivos, así que optamos por lo de siempre, ir al lugar y desde el mismo sitio buscar. Aprovechamos a preguntar a la chica los precios de los taxis hasta el centro y nos dijo que serían unas 60.000 R. Según salimos a la calle nos abordaron un montón de taxistas y ninguno bajaba de las 150.000 R. por lo que nosotros seguimos andando a ver si más alejados de la salida era donde estaban los precios más económicos. Pero sin querer nos dimos de frente con una ventanilla en la que se cogían los tickets para los taxis. Se les decía el destino al que se quería ir y allí mismo se pagaba el importe correspondiente. Te daban un papel que había que entregarle al conductor y te llevaba hasta tu destino. El precio fue el mismo que nos había dicho la chica. Allí mismo aprovechamos a sacar 2,5 millones de R. en uno de los tantos cajeros que había.

El trayecto hasta el centro de Kuta tardamos casi una hora en realizarlo y sólo lo separaban escasos 10 kilómetros. Había un montón de tráfico y el hombre nos llevó por unos callejones en los que parecía que nos iban a dar el palo, aunque la idea era acortar el tiempo. Nos apeamos del taxi y comenzamos a buscar alojamiento, algo bastante fácil de realizar, ya que cada 10 metros había algún sitio para dormir. Preguntamos en un montón de ellos y los precios eran desorbitados para lo que ofrecían, pero poco a poco nos fuimos dando cuenta que era el mercado de la oferta y la demanda y que sino queríamos asumirlo no nos iba a quedar más remedio que dormir a la intemperie. Al final nos decantamos por el Simpang Hotel, por la nada despreciable cifra de 400.000 R. No estaba mal, en el centro del meollo pero metido en un callejón que le aislaba del ruido, con piscina y desayuno incluido aunque las habitaciones eran bastante básicas.

Como era de esperar, en cuanto los críos vieron la piscina no quisieron buscar más, así que dejamos todo rápidamente en la habitación y nos fuimos directos a bañar. Después de un buen rato, salimos a pegarnos una ducha para dar un paseo y cenar algo.

 

Aunque ya nos habíamos hecho una somera idea de como era el lugar mientras lo atravesábamos en el taxi, cuando estuvimos paseando pudimos apreciar la triste realidad más de cerca. Estaba lleno del turismo más cutre que uno se puede imaginar. No me gusta comparar con nadie ni con nada para que la gente no se sienta ofendida, ya que cada uno tenemos diferentes puntos de vista. Pero para hacerse una pequeña idea, las zonas del levante español que suelen salir a menudo en los telediarios por los sucesos ocasionados por guiris borrachos, eran un auténtico oasis de paz y tranquilidad comparado con lo que vimos allí. La gran mayoría eran turistas australianos, ya que la cercanía y los precios son una gran ventaja para ellos. Muchísimos estaban completamente borrachos durante todo el día dando una imagen lamentable. Había despedidas de soltero por todos lados. Sin contar la masificación existente de tiendas, restaurantes, bares y todo lo que uno se pueda imaginar para complacer a los guiris.

Nos habíamos llevado una gran  decepción y además con los críos tan pequeños lo que menos nos apetecía era que vieran tan lamentables imágenes. Así que al día siguiente intentaríamos emigrar para no volver a poner los pies allí nunca más.

Cenamos en un sitio en el que de pasada oímos que ponían buen rock & roll y que además estaba muy chulo decorado. 1 pizza, 1 hamburguesa, 2 platos de pescado, 1 ensalada, 2 cervezas y agua por 280.000 R. Se notaba que en la comida los precios también eran considerablemente más altos que en Java. Iker quizás llevado por la emoción de escuchar música como la de casa, salió a la pista de baile y estuvo deleitando a todo el personal con unos peculiares movimientos. Hasta le cogió a su hermana de las manos y los dos se pusieron a hacer un poco el payaso. Fueron la sensación de la noche.

Antes de volver al hotel nos pasamos por internet para buscar un coche de alquiler con el que poder salir de allí lo antes posible. Mandé unos cuantos emails y me quedé a la espera de contestación. Ya en la habitación, cuando nos estábamos cambiando de ropa, empezamos a ver unos movimientos raros por el suelo. Eran compañeras de las visitantes del tren de Malang y estaban haciendo su aparición para darnos las buenas noches. Como ya había tenido suficiente con la «charla» nocturna de unos días antes, decidí ir hasta recepción para que por favor nos cambiaran de habitación. Nos iban a dar la contigua, pero con el pedazo hueco que había debajo de la puerta, creimos necesario cambiar de piso para que no tuvieran la tentación de volver a venir a saludarnos.

La noche, como por ahora casi todas las del viaje fue otro horror. Habíamos dejado el aire acondicionado puesto a tope con la idea de taparnos con las mantas en cuanto empezara a refrescar. Pero ¡¡¡aaaayyyyy coitados de nosotros…..!!!! Después de lavarse la boca o con un caramelo de menta, se sacaba bastante más aire fresco que el que daba aquel aparato de a/a. Con lo que nos pasamos toda la noche dando vueltas sin poder conciliar el sueño mas de una hora seguida.

El desayuno estaba incluído, pero en vez de en el hotel, había que ir a un restaurante que estaba unos pocos metros más adelante. Era muy normalito y básico, pero suficiente.

Con la mochila ya preparada nos fuimos hasta la playa para disfrutar de lo que tanto habíamos oído hablar, las playas de Bali. Pues aquí llegó otra decepción. Era de lo más normalita, una playa larga de arena oscura y con el agua un tanto marroncilla. Además la espuma que sacaban las olas al romper y que llegaba hasta la orilla no daba muy buen impresión. Eso sí, había unas olas increíbles. Nos dimos un rápido chapuzón y volvimos a internet rápidamente para ver si nos habían contestado. Respiramos aliviados al saber que al día siguiente dejaríamos atrás ese lugar. El alquiler era con la compañía Bali cars rental y nos salía por 225.000 R. al día más otras 300.000 por devolverlo en Padang Bai, ya que desde allí nos iríamos luego hasta la isla de Lombok.

Nos pasamos el día recorriendo un poco el lugar, haciendo algunas compras y en la piscina del hotel. No veíamos el momento de que llegara el día siguiente.

 

Cuando nos despertamos vimos que los críos no estaban en la habitación salimos a toda leche y nos los encontramos; a Noa encima de Iker sentados en el banco que había en la terraza mirando hacia el horizonte. El susto inicial había dado paso a recogernos la baba mutuamente con un kleenex. Para las 9:00 estábamos desayunados y esperando con todo recogido a que llegara el tipo con el coche que habíamos alquilado. Era un Toyota Avanza, y aunque era bastante viejo lo bueno que tenía era que era muy espacioso y los enanos de podían tumbar sin problemas.

Salimos de Kuta bastante mejor de lo esperado y nos dirigimos hacia el sur, hacia la Península de Bukit, aunque hicimos primeramente un pequeño desvío hacia el oeste para no tener que volver a pasar de nuevo. La conducción era por la izquierda y un tanto caótica, pero enseguida me hice con el control ya que no era la primera vez y encima esa forma de conducir a mí me motivaba bastante.

Nuestra primera parada se produjo en el impresionante templo de Tanah Lot. Probablemente uno de los más famosos de toda Indonesia. Está situado como en una pequeña isla en el mar cerca de la costa, al que se puede acceder cuando la marea está baja. El enclave es espectacular, sólo le falla que había muchísima gente y eso que era de día pronto y en teoría estaba bastante vacío. No nos lo queremos ni imaginar como se tendría que poner al atardecer cuando miles de personas acudían hasta allí para ver la puesta de sol. La entrada cuesta 60.000 R. por adulto y 5.000 por el aparcamiento del coche.

Península de Bukit

Tras disfrutar más de una hora del templo y sus alrededores nos dirigimos ahora sí hacia el sur. La siguiente parada era la playa de Balangan. Preciosa y con muy poca gente. Estaba encajonada entre unos acantilados perfectos. Había que bajar unos cuantos escalones desde el aparcamiento, 5.000 R. y te dabas de frente con un mar embravecido en el que unos cuantos valientes cabalgaban sus espectaculares olas. En el medio de la playa había unos cuantos chiringuitos camuflados entre las palmeras. Para bañarse era complicado ya que la orilla estaba repleta de rocas, pero al fondo había una zona en la que poder refrescarse. Nos tumbamos a relajarnos y disfrutar por primera vez en tres días de lo que nosotros considerábamos que era la idílica Bali. Viendo a los surferos cogiendo las enormes olas, captamos a uno que se lo había tragado el agua en plena acción y al salir a flote le vimos que le faltaba la mitad de la tabla. La fuerza de las olas se la había partido en 2. Cuando pasó por delante nuestro nos echó una sonrisa. Se lo tomó con bastante humor, probablemente por que por lo menos él estaba entero.

 

Comimos en la playa en un warung que había en la parte derecha del todo mirando al mar. Y mientras comíamos fuimos testigos de una sesión fotográfica de modelos en bañador. La verdad es que fue una buena manera de amenizar la jamada 😉 Una ensalada, 2 mie goreng, 1 arroz con huevo y 3 zumos de naranja por 180.000 R. No era barato pero tampoco excesivamente caro y además con el extra que habíamos tenido mereció la pena, jejejeje.

De allí nos acercamos hasta el templo de Ulu Watu. Estaba situado en un acantilado a unos 70 metros sobre el nivel del mar y con unas increíbles vistas. Lo habitaban decenas de monos que no hacían más que dar por saco. Estaban enseñados para quitar las cosas a los visitantes y que luego te lo cambiaran por comida que tú le comprabas al hombre que había empezado toda la cadena. La entrada costaba 30.000 R. por adulto y 2.000 por el parking. Nos ponen unos pareos y a Iker y Noa una cinta amarilla. Nada más entrar empiezan a acercarse los monos. Estábamos un poco desprevenidos cuando le oimos a Noa chillar, al girarnos la vemos tirada en el suelo con un mono encima. Corro hacia ella y el mono se aleja pero a pocos metros se gira y me mira desafiante sacándome los dientes. Tras el susto decidimos seguir con la visita con Noa en los brazos. Pero no pasa ni un minuto cuando por detrás se acerca otro y se lanza hacia Usu y Noa y agarrándole la pierna a Noa le intentaba quitar la sandalia. Nos asustamos bastante ya que parece que la tienen tomada con ella, por lo que decidimos irnos. Además Iker se había puesto nervioso y nos decía que ya no quería estar más allí. Noa por su cara tampoco parecía que le apetecía mucho pero como todavía no hablaba…… Salimos del recinto y mientras ellos se quedaban tomando un refresco yo aprovecho a verlo rápidamente y sacar unas cuantas fotos. El sitio era precioso, pero el negocio que tenían montado con los monos daba bastante por saco.

 

Cogimos de nuevo el coche y nos fuimos a visitar otra playa, esta vez la de Padang Padang. Era una pequeña cala preciosa. Se accedía por un camino de tierra hasta un bar en el mismo acantilado en donde dejamos aparcado el coche. Había que bajar 150 pedazo escalones para llegar hasta la arena. Era también de piedras, pero como las olas rompían más adentro fue más fácil poder darnos un baño. Estuvimos un buen rato disfrutándola completamente solos.

Era hora de buscar algún sitio donde dormir ya que el sol empezaba a caer. En Bingin preguntamos en un par de guest house y estaba todo lleno. El tercero LBS Surf House, fue el elegido. Un pequeño alojamiento con unas cuantas cabañas muy bien decoradas, limpias y con una pequeña piscina. De 450.000 R. lo dejamos en 350.000.  Nos pegamos un baño para quitarnos el salitre del día de playa y cenamos allí mismo. La comida era toda occidental. Degustamos una enorme pizza que estaba espectacular, una burguer, unos espaguetis y 3 zumos por 150.000 R. Tuvimos que esperar un buen rato, pero al final la espera mereció la pena.

 

De nuevo en la habitación, al ir a poner a cargar la batería de la cámara, tras buscar y rebuscar por todas las mochilas y huecos posibles, comprobamos que la habíamos perdido. Nos la habíamos debido dejar en algún alojamiento sin enterarnos. Era una gran put… , ya que eso suponía no tener más fotos en todo el viaje. Confiamos, viendo lo turístico que era Bali en poder encontrar uno de repuesto en alguna tienda de electrónica.

 

B.F.F.F.

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