Battambang, Camboya

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Recorriendo la ciudad de Phnom Penh, Camboya
Transportando a los monjes de una orilla a otra del río Sangker en Camboya.
Siem Reap Parte 2, Camboya
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Battambang, Camboya

Wat Kamphaeng en Battambang, Camboya.

Wat Kamphaeng

Esta ciudad situada en el noroeste de Camboya, será nuestro punto de salida para llegar a Siem Reap, esta vez en barco atravesando el río Sangker. En Battambang disfrutaremos de un ritmo tranquilo a pesar de ser la segunda ciudad más grande de Camboya. Nos sentiremos como famosos actores en un estreno de cine y conversaremos con un montón de gente local sin saber lo que decimos ni unos  ni otros, pero pasando ratos muy divertidos.

De nuevo tocaban diana temprano. A las 6:45 estábamos preparando la mochila y bajando a desayunar, ya que a las 7:45 salía nuestro autobús hacia Battambang. Habíamos quedado con el chico del tuk-tuk que nos había enseñado Phnom Penh el día anterior. Y cuando salimos del hotel, allí estaba. Nos cobró un dolar, pero le dimos otro más de despedida. Viajábamos con la compañía Sorya Transport Company, cuya parada está al lado del mercado central. Aunque era muy temprano, ya había decenas de personas. Preguntamos en la taquilla donde estaba el bus con destino a Battambang y por si acaso también lo confirmamos con el conductor. A las 7:45 en punto salíamos sin ningún sitio libre. Así que es recomendable coger los tickets el día anterior, para asegurase la plaza en el horario que deseemos.

 

Los paisajes que se atraviesan son muy bonitos. Hay un montón de campos de arroz, con unos colores verdes intensos. También se ve a los agricultores trabajando con sus animales, arando la tierra. El viaje lo hacemos en 5 duras y pesadas horas. Hace un par de paradas, para comer algo y desahogarse internamente. Al principio, como era muy temprano, con el aire acondicionado a tope hacía un frío de la leche. Según iba avanzando el día, se agradecía la temperatura interior. Pero también empezaba a haber más coches y motos en la carretera. Como no suelen llevar espejos retrovisores las motos y las bicis, se suele pitar para que se den cuenta de que les van a adelantar. Pero a nuestro conductor algo le debía pasar en la mano, porque no era normal que cada dos por tres estuviera tocando la bocina sin venir a cuento. O tenía un tic, y se lo tenía que hacer mirar, o antes de conductor había trabajado de matasellos en una oficina de correos. Así que entre una cosa y otra, nos fue imposible echar una cabezada para hacer más corto el viaje.

 

Battambang

A las 13:00 estábamos en Battambang. Cogemos un par de motodop por 2.000 R. cada uno y vamos en busca de hoteles. El primero al que vamos estaba lleno, pero cerca, el Teo Hotel, cumple con nuestras expectativas de limpieza y baño en la habitación, también tenía una pequeña televisión. Decidimos quedarnos por 13$ la noche, tras bajarle desde 20$ que pedía al principio. En la parte de arriba había una terraza con unas vistas chulas de la ciudad, que la aprovecharíamos sin ninguna duda.

Con un hambre enorme, nos acercamos hasta el White Rose restaurant, que nos lo había recomendado el chico de la motodop. Está cerca del río Sangker que atraviesa la ciudad y a 10 minutos andando del hotel. Arroz frito con vegetales, noodles con gambas y vegetales, dos hamburguesas con patatas, un par de cervezas y una copa de helado para cada uno, por tan sólo 12$. Pero mejor que el precio, era lo bueno que estaba todo.

 

Con el estómago a reventar, fuimos a dar un paseo para bajar la comida y ver los alrededores. En cuanto empezamos a cruzarnos con gente, todos nos sonreían, se acercaban a darnos la mano y querían que nos sacasemos fotos con ellos. La mayoría eran niños, pero como veían que no nos importaba, también se empezaron a acercar los adultos. Nos sentamos en una acera, y acabamos rodeados de un montón de gente. Ellos nos hablaban, pero nosotros no les entendíamos nada, ya que sólo sabían camboyano. Y lo mismo al revés, les intentábamos contar cosas en inglés, pero no se enteraban de nada. A pesar de todo, allí nos estuvimos más de una hora, hablando, riéndo y sacando cientos de fotos.

Cuando ya dejamos de ser la sensación del pueblo, que efímera es la fama, 🙁 continuamos nuestro paseo por el pueblo y nos acercamos hasta una agencia en la que ponía que vendían los billetes del barco hasta Siem Reap. Nuestra intención era llegar a las ruinas de Angkor de una manera diferente, y había leído que era posible hacerlo surcando el río Sangker hasta llegar al lago Tonle Sap. Así que por 20$, ya teníamos nuestros billetes para el día siguiente a las 7:00 de la mañana. Habíamos quedado que nos pasaban a buscar por el hotel.

Al salir de la agencia y en busca de algún medio de transporte, ya que estábamos hasta las narices de andar con el calor y la humedad que hacía, vimos que algo se movía en el suelo delante nuestro. Nos acercamos y alucinamos con lo que vieron nuestros ojos, un enorme escorpión negro de paseo por el medio de la ciudad. La gente que pasaba a nuestro lado, no le daba la mayor importancia, vamos como si fuese un simple caracol. Nosotros, alucinados con el descubrimiento, allí que nos estuvimos un buen rato viendo sus movimientos hasta que se fue hacia el río y lo perdimos de vista.

 

Un chico con una motodop, nos había estado esperando a que dejáramos de hacer el pueblerino con el escorpión. Por 2$, nos fuimos con él para que nos enseñara los sitios más destacados de la ciudad.

Aunque por todo Camboya se veían hasta 6 personas de una misma familia en la moto, no habíamos tenido en cuenta que nuestro tamaño era considerablemente mayor que el de los camboyanos. 1,90 y 1,95 cm, hacían que ir los dos con el conductor en la misma moto, fuese arduo complicado a la par que incómodo de narices. Pero como ya estábamos en ello y tampoco iban a ser distancias largas lo dejamos así. Era todo un poema ver al pobre hombre casi tragándose el manillar de la moto para que pudiésemos entrar.

Empezamos la visita por una estatua enorme que hay en medio de una rotonda, Ta Dumbong. El chico nos contó que la gente solía ir a orar a los pies de la estatua y hacía ofrendas, porque les proporcionaba energía. De allí nos fuimos a dos Wat que están prácticamente pegados, el Wat Kamphaeng y el Wat Tahm Rai Saw. Este último, es un templo budista, en el que los monjes estudian y oran durante prácticamente todo el día. Se veían como clases pequeñas al aire libre, en las que los monjes estaban estudiando. También es conocido como la pagoda del elefante blanco y es uno de los templos más visitados de la ciudad. Durante el año nuevo Khmer, el templo es completamente decorado con diversos accesorios coloridos.

 

El pueblo en sí no tiene mucho más que ver, los alrededores sí que poseen algunos templos más llamativos, pero después de todo el día estábamos cansados y al día siguiente había que volver a madrugar. Así que nos decidimos por ir a cenar y dejar las visitas. Esta vez estuvimos en un karaoke, que por aquí se lleva mucho. En todas las televisiones, cada vez que sale alguna canción, debajo está la letra para que se pueda cantar.

Con la cabeza un tanto saturada de tanto cantautor, nos fuimos a la terraza del hotel, pedimos un par de cervezas y las degustamos tranquilamente. Se respiraba una tranquilidad absoluta, el cielo estaba estrellado y hacía una temperatura estupenda. Casi sin articular palabra, las terminamos y nos fuimos a la habitación a descansar hasta el día siguiente.

 

B.F.F.F.

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