Bergen

Puesta de sol en los Fiordos Noruegos.
El glaciar Jostedalsbreen con sus diferentes brazos
Luna llena en la playa de Kristiansand en Noruega.
Llegada a Kristiansand (Noruega) y vuelta a casa
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Bergen

La cascada Tvindefossen en el pueblo de Voss en Noruega.

Tras haber podido disfrutar de los glaciares, ponemos rumbo hacia el suroeste, a la ciudad de Bergen, cuyo barrio medieval, Bryggen, pegado al muelle, está protegido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Por el camino, para no variar, podremos contemplar espectaculares cascadas y caídas de agua, desde los altos montes hasta los lagos y ríos que desembocan en los fiordos.

Después de reponer energías con un rico desayuno y unas vistas espectaculares, cogemos la carretera dirección a Bergen.

Deshacemos el camino andado el día anterior hasta el pueblo de Sogndal, y unos cuantos kilómetros más adelante, por la carretera 5, se llega directamente, atravesando un túnel, hasta el ferry de Manheller, que en menos de media hora y por 105 NOK, cruza el fiordo hasta Fodnes.

Como estábamos cerca de la Iglesia de Borgund, conocida por su espectacular forma y diseño, y por ser una de las pocas iglesias de madera que se conservan en Noruega, decidimos desviarnos unos 30 kilómetros de la ruta e ir a verla. Aprovechando que el día había despejado, preferíamos poder disfrutar de cosas al aire libre y dejar el coche para cuando viniera la lluvia de nuevo. La Iglesia, con una situación privilegiada entre montes y el verde intenso de las praderas, su altura, las lápidas y su extraña forma vikinga, hacen que nada más verla, te quedes impresionado de su belleza. Fue construida en el año 1180 y está dedicada al apóstol San Andrés. Construida en madera, permanece prácticamente inalterada desde entonces. La entrada cuesta 90 NOK para adultos y 70 NOK para niños, pero hay una entrada familiar por 220 NOK.

 

Vista la fantástica Iglesia de Borgund, volvemos sobre nuestros pasos hasta el túnel de Laerdal. Es el más largo del mundo, con 24,5 kilómetros. Conecta los pueblos de Laerdal y Aurland. Cada ciertos kilómetros, hay unas zonas muy anchas, en las que es posible parar a descansar. Aunque la mayoría de la gente para lo que para, es para sacarse las fotos de rigor (madre mía que de «paras» han salido). Iker y Noa alucinan con el pedazo de túnel.

El día comienza a tornarse gris, y poco a poco, la lluvia se apodera otra vez de estos paisajes de ensueño. Continuando por la carretera E16, pasamos por el Valle de Stalheims, en donde se encuentra una cascada con el mismo nombre y un precioso mirador con una vistas espectaculares. Pero ahí no queda la cosa, porque unos 25 kilómetros después, nos encontramos con una de las cascadas que más nos ha impresionado de todo el viaje, la Tvindefossen. Está cerca del pueblo de Voss. La cantidad de agua que cae, la anchura de la caída, la roca escarpada rodeada de árboles, la altura, ….., TODO!!!! la hace un auténtica maravilla de la naturaleza. Y aunque hay gente, no está masificada para lo bonita que es.

 

 

Una vez en Voss, como habíamos leído que el fiordo Hardangerfjorden, el segundo más largo de Noruega, merecía la pena, en vez de seguir por la carretera E16, cogimos un desvío para llegar hasta la nacional 7. La carretera es muy estrecha, con muchas curvas y no se puede ir muy rápido. Las vistas son fantásticas, pero el buen tiempo ya se había acabado, y la recorremos entera sin dejar de llover, lo que le quita parte del encanto.

 

 

Sobre las 20:00, llegamos al «Lone Camping», situado a unos 25 minutos en coche de Bergen. El camping está situado al lado de un lago y rodeado de montañas. Las instalaciones están bien, y por su situación, tiene un montón de actividades de agua, pero a nosotros con la que caía del cielo nos llegó y bastó. Cuesta 250 NOK la noche y las duchas 10 NOK para 5 minutos.

Con todo lo que llovía y seguía lloviendo, volvimos a hacer lo de los últimos días, poner la tienda y meter todo dentro, para dejar el coche libre y descansar cómodamente dentro de él. Sin duda uno de los grandes aciertos del viaje.

Fuera del camping hay un par de supermercados y una gasolinera, con el diesel a 1,47 €/L, la más cara que habíamos visto en todo el viaje, pero como estábamos secos, no quedó más remedio que repostar. Iker y yo fuimos a hacer unas compras, mientras Usu y Noa preparaban todo para dormir. Compramos una caja de leche, pan de molde, unas salchichas y 4 cervezas, por la nada despreciable cantidad de 28 €. El pan rondaba los 6 €.

Nos pusimos a cenar las salchichas noruegas con puré de Romo, y nos supo a gloria. Estábamos metidos en el portal de la tienda, mientras no paraba de llover. Al ir a preparar el cola-cao calentito para irnos a dormir, cuando voy a volcar la leche en el puchero, sale como a tropezones. Otra vez me he vuelto a confundir. Ya es la segunda vez, que compramos yogur líquido en vez de leche. Las cajas son iguales, sólo se diferencian en el nombre, pero hasta la fecha el noruego no es un idioma que esté en nuestros planes de aprendizaje. Con el agua, también nos ha pasado lo mismo, la mayoría de las botellas que hemos comprado, han sido con gas, y están malas de narices. Pero bueno, como aquí las cosas son baratas y encima nos sobra el dinero…..:-(

Cansados de otro largo día, a las 23:30 nos metemos en el coche para pasar, esperemos, otra dulce noche.

Bergen

El día amanece como había terminado el anterior y como había discurrido toda la noche, lloviendo sin parar. En recepción había un cartel con el tiempo para los días venideros, y salía un sol con una nube y lluvia. Vamos algo infalible. Esperando a que llegara el sol, nos lo tomamos con calma. Desayunamos, otra vez resguardados, y vamos a las duchas que hay familiares. Son una gozada porque entramos todos y están muy bien equipadas. Cojo 4 monedas para la ducha por 40 NOK y uno tras otro disfrutamos de nuestros 5 minutos de gloria calentita.

Recogemos la tienda, aprovechando unos minutos de pausa del cielo y guardamos todo en el coche para ir a ver la ciudad de Bergen. Nos lo hemos tomado con tanta calma que son las 12:30. Nos hemos pasado media hora del check-out, pero no nos ponen ninguna pega.

Hay 25 kilómetros hasta el centro de Bergen. Tardamos unos 20 minutos en llegar. Para acceder al centro, hay un peaje abierto de 45 NOK. Como en el centro, los pocos aparcamientos que hay son de pago, nos alejamos hasta una zona residencial y aparcamos el coche allí sin ningún gasto. Con un precioso paseo por las casas residenciales de la ciudad, en 15 minutos estábamos en el barrio de Bryggen, declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco

 

El día se pone de nuestro lado y comienza a salir el sol que aparecía en el papel del camping. La ciudad de Bergen, es la segunda mayor de Noruega, está rodeada por montañas de un verde intenso. La razón sin duda son sus 275 días al año de lluvia. Fue una de las principales sedes de la liga Hanseática, desde el siglo XIV hasta mediados del siglo XVI, lo que hizo que fuera un próspero centro comercial entre Noruega y el resto de Europa. Las típicas casas de madera del muelle, han sido pasto de las llamas en innumerables ocasiones. La última vez en 1955. Hoy en día albergan restaurantes, bares, tiendas de artesanía, …. a unos precios de otro mundo.

El centro no es muy grande, por lo que se recorre perfectamente a pie. Pasadas las casas del muelle, nos encontramos con un mercado de pescado. Había un montón de puestos, y la comida tenía una pinta espectacular. Pero había cientos de personas mirando y muy pero que muy pocas comiendo. En un puesto había un acuario enorme con un montón de cangrejos reales dentro. Les dijimos a Iker y Noa que se pusieran para sacar una foto y cuando les vió el chico que estaba en el puesto, sacó uno con las manos y se lo puso cerca de la cara a Noa, al girarse y verlo tan cerca, casi aparece en Bilbao de lo rápido que salió corriendo. Por cierto, el kilo de tan delicioso manjar, se vendía a 790 NOK, casi 90 €.

Estuvimos visitando la iglesia de Santa María, de estilo románico del siglo XII, es el edificio más antiguo de Bergen. La entrada cuesta 20 NOK.  Después fuimos hasta la Rosenkrantztarnet, una torre al lado del puerto, edificada en 1560 por el gobernador de Bergen. La entrada cuesta 80 NOK y gratis para los niños. Cerca está la fortaleza de Bergen con una zona para pasear y buenas vistas de la ciudad.

 

 

Como estábamos todos un tanto cansados de andar, decidimos que Bergen debía pasar a la historia de nuestro viaje. Habíamos estado más de 4 horas paseando por la ciudad y los enanos no habían dicho ni mú. Vuelta al coche, y ahora sí que sí, comenzaba la cuenta atrás del viaje. Todo lo que teníamos en nuestra agenda, ya estaba tachado. Ahora, tocaba la inexorable vuelta al ferry que nos había acercado hasta estas bellas tierras noruegas. Teníamos dos días para llegar hasta Kristiansand, en donde embarcaríamos dirección a Dinamarca.

B.F.F.F.

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