Calcuta y las Islas Andamán, India

Varanasi, India
Varanasi, India
Elefante en la isla de Havelock en las Islas Andamán, India.
La Isla de Havelock, India

En Calcuta intentaremos visitar la ciudad, pero llegando a nuestro primer destino, el convento donde está enterrada la Madre Teresa de Calcuta, sufriremos una indisposición que hará que nuestros planes se vean truncados hasta el punto de casi obligarnos a abortar el viaje a las maravillosas islas Andamán. Unas islas situadas en el Golfo de Bengala que pertenecen a la India aunque distan menos de 200 kilómetros de Myanmar.

Calcuta

Tardamos la friolera de 15 horas en llegar a la estación de Howrah, la más grande y antigua de toda la India. La noche fue un auténtico infierno, Noa se empezó a sentir mal de las tripas y no paró de ir al váter en todo momento, y las mías aunque aguantaban, estaban también camino de fastidiarme.

El plan del día era ver la ciudad tranquilamente y acercarnos hasta el templo de Dakshineswar Kali, la Catedral de San Paul, el Victoria Memorial y la misión de la Madre Teresa de Calcuta, para después buscar un alojamiento cerca del aeropuerto y así al día siguiente temprano marchar hacia las Islas Andamán. Pero todo eso se iba a ver truncado al de pocas horas de comenzar.

Desayunamos en la misma estación unos sandwiches, unas madalenas y unos zumos por 300 R. Pero Iker no comió casi nada, mala señal, y Noa se tumbó en la silla y se quedó dormida. Aún así como era muy temprano decidimos empezar la visita por la casa de la Madre Teresa de Calcuta y después ya veríamos. Nos acercamos hasta el río Hugli que atraviesa la ciudad por el medio y en el embarcadero cogimos un ferry para ir hasta la otra orilla por 5 R. cada uno. Los niños no pagan. El sol está empezando a calentar en exceso y el enorme tráfico y la polución junto con la humedad hacen que me empiece a encontrar un poco mareado. Aún así cogemos un taxi con taxímetro hasta la misión de la Madre Teresa de Calcuta. Aunque son escasos 6 kilómetros, debido al tráfico que hay, tardamos casi una hora en llegar, y sólo nos sale por 70 R.

 

Cuando llegamos, el museo estaba cerrado, ya que el horario era de 8:00 a 12:00 y de 15:00 a 18:00, pero la tumba en la que se encuentran los restos de la Madre Teresa está siempre abierta. Entramos y nos sentamos un poco a descansar. Mi cuerpo estaba empezando a fallar, así que decidí salir y tumbarme un poco en una repisa que había a la entrada de la misión. Cuando salió Usua y me vió me dijo que estaba completamente blanco, no es que yo sea muy moreno pero bueno….. Al ir a refrescarme en una fuente que había al lado, al incorporarme me dió vueltas todo y casi me caigo, menos mal que Usu estuvo atenta y me cogió. Rápidamente vinieron unas cuantas monjas y nos llevaron hasta una sala apartada. Allí tumbado, me estuvieron dando suero y unas pastillas para ver si mejoraba, aunque cada vez que bebía algo me entraban unas arcadas increíbles y tenía que ir al baño. Tras más de tres horas en ese estado empecé a recuperarme levemente, pero el problema era que yo no era el único que estaba así. Mientras estaba dormido Iker también se había empezado a encontrar indispuesto. Así que menos Usu estábamos los tres hechos un desastre. Viendo que ya estaba un poco mejor, la Madre que nos estuvo atendiendo nos dió suero y medicinas para que pudiéramos continuar el viaje. Llamaron a un taxi prepago para que nos acercara hasta la estación de trenes a coger nuestras maletas. Nos despedimos dándoles eternas gracias, ya que sin haber estado allí no habría sido fácil gestionar lo que nos había pasado. Intentamos darles algo de dinero en agradecimiento y nos lo prohibieron totalmente. Nos dijeron que si queríamos ayudar, que algún día nos pensásemos en ir allí como voluntarios para trabajar con los más pobres. Eso está hecho. Tarde o temprano allí estaremos, sin ninguna duda.

 

El taxi de vuelta nos costó 180 R. más del doble de la ida, pero tenía aire acondicionado y era bastante más moderno y confortable que en el que habíamos venido. Cogimos las maletas, 45 R. y fuimos a comprar agua para poder hacer el suero que nos había dado la Madre María. Cuando estaba abriendo el refrigerador para coger la botella, noté que algo me tocaba el pie y le oí a Iker gritar, me dí la vuelta y ví una pedazo rata enorme con una cola más grande todavía. Estaba dentro de la tienda y la gente huía despavorida, mientras el tendero escoba en mano intentaba darle caza. Nosotros como el resto salimos más rápido que Usain Bolt. Nos habíamos llevado el agua y no la habíamos pagado, pero en ningún momento tuvimos la intención de volver a poner un pie allí dentro y menos con chancletas como iba yo.

Como estábamos todos muy bajos físicamente decidimos que si al día siguiente queríamos coger el vuelo para ir a las Islas Andamán, teníamos que descansar, así que pillamos un taxi prepago que hay a las afueras de la estación, 250 R. y le dijimos que nos acercara hasta el aeropuerto y por allí buscar algún alojamiento.

El taxista majísimo, nos estuvo explicando como si fuera un guía turístico todos los sitios por los que pasábamos. La ciudad en sí nos pareció un auténtico horror. Aunque con el cuerpo que llevábamos tampoco se podía tener muy en cuenta. A unos 3 kilómetros del aeropuerto, vimos un hotel que tenía buena pinta por 1.100 R. Así que allí que nos fuimos directos. Aunque el día no había terminado, ya que mientras les estábamos bañando a los enanos, tocan la puerta y me dice el jefe a ver si puedo salir un momento. Vamos a recepción y me comenta que no podemos quedarnos en el hotel. Le pido una explicación al respecto y me dice que es porque no tenemos una foto de nosotros que ellos tienen que presentar a las autoridades competentes. Me sonó a chiste, pero como no nos dejaban quedarnos no hubo más remedio que volver a recoger todo.

Mientras Usu iba recogiendo las mochilas, yo con un mareo de la leche me acerqué a otro hotel que estaba pegado el Orbit Hotel. Me pedían 3.000 R. pero aún como estaba, me salió la vena regateadora y me lo bajaron a 2.500. El hotel no tenía nada que ver con el anterior, este era un Hilton en comparación. Pero el precio también era más del doble.

Otra vez con mareos y ganas de devolver me acosté mientras Usu y los críos bajaron al restaurante a merienda – cenar algo. Me subieron un par de sandwiches pero lo único que podía hacer era estar tumbado.

La noche fue otro auténtico horror de no dormir y baño continuo entre Iker, Noa y yo.

Como nuestro vuelo para Port Blair, puerta de entrada a las Islas Andamán, salía a las 9:30, teníamos que madrugar. El despertador sonó a las 5:30 y yo era incapaz de levantarme de la cama. Estaba con sudores fríos y no paraba de temblar. Iker y Noa aunque seguían flojos, sobre todo de las tripas, parecía que estaban bastante mejor.

Después de una ducha calentita empecé a sacar un poco de energías. Hicimos el check-out y allí mismo, que había un cajero, aprovecho a sacar dinero ya que en las islas salvo en la capital Port Blair no es posible. Me equivoco y saco 150 R. unos 2 € y medio. Eso iba a ser un despiporre de gastar y de gastar….. Saco otra vez, pero ahora ya fijándome bien, con el sentido y medio que me queda activo. 10.000 R. y dos comisiones. Salimos a coger un taxi, pero al estar tan cerca del aeropuerto ninguno nos quiere llevar poniendo el taxímetro. Así que tenemos que pagar más o ir dando un paseo de 3 kilómetros con mochilas y un estado lamentable. Estaba clara la opción. Conseguimos uno por 150 R.

Al ir a hacer el check-in, empecé a pensar que alguien nos estaba intentando fastidiar nuestra estancia en Calcuta y así querían que siguiese hasta que nos fuéramos. Le doy los pasaportes y me pide también la tarjeta de crédito con la que los había pagado. Casualidades de la vida, había caducado en el espacio de tiempo que había pasado desde la reserva de los billetes hasta ese día, y la tarjeta ya no era la misma, tenía diferente numeración. Pues bien ni cortos ni perezosos, aparecen dos trabajadores de la aerolínea y nos dicen que no podemos volar. Empiezo a buscar las cámaras ocultas, ya que la broma se estaba pasando de castaño oscuro. Tal y como estaba era el día perfecto para tener que discutir algo así. Les intenté explicar lo que pasaba, pero no daban su brazo a torcer. Pedí hablar con el responsable, el cual debía venir desde Nueva Delhi por lo que tardó. El tiempo para que saliera el vuelo se iba agotando y nosotros seguíamos esperando una solución. Cuando llegó el encargado, le conté lo sucedido y se me ocurrió que mirasen a ver si tenían el resguardo del pago, así podrían comprobar que la tarjeta había caducado y que por eso ya no estaba en mi poder. El hombre me entendía perfectamente pero decía que el no podía saltarse las normas de la compañía, aunque accedió a intentar mirar lo que le había dicho. Media hora más tarde y con escasos 40 minutos para que saliera el vuelo, apareció el hombre sonriente y nos dice que ya habían conseguido encontrarlo y que ahora mismo nos daban las tarjetas de embarque. Que estréssssss!!!!!!!

* Debido al estado en el que estuvimos toda la familia, hay muy pocas fotos que mostrar de nuestra experiencia en Calcuta.

Islas Andamán

El vuelo fue con la compañía Spicejet. No iba lleno así que pude aprovechar para tumbarme en los asientos, aunque me pasé más tiempo en el baño que tumbado. A las 12:00, 2 horas y 15 minutos después llegábamos a Port Blair.

Para acceder a las Isla Andamán hace falta un permiso si eres extranjero. Aunque parezca algo dificultoso, sólo consiste en rellenar unos papeles en un mostrador que hay según se sale de recoger las maletas a mano izquierda. Allí el funcionario de turno te los sella y tienes la obligación de llevarlos encima todo el viaje, ya que para moverte por las islas o para alojarte, te los van a pedir en todo momento.

En el mismo aeropuerto vamos a coger un taxi prepago para que nos acercase hasta el embarcadero, ya que de allí nos íbamos directos a la isla de Havelock, pero el chico nos dice que no nos merece la pena. Allí cuesta 120 R. y si salimos fuera lo conseguimos por 80 R. Nos sorprende tanta sinceridad viniendo de alguien que trabaja en el turismo.

La matriarca de la familia que tan bien había aguantado, empezó a flaquear, le estaba llegando su turno. Se empezó a sentir muy mal, mareada y con ganas de vomitar. Así que en vez de coger el ferry púbico que era el que teníamos pensado coger, fuimos hasta donde salía el privado. La diferencia de precio era de 1.100 R. a 3.900 R., pero el trayecto se acortaba en hora y media y además tenía aire acondicionado. Con lo cuál no lo dudamos ni un segundo.

Tumbados en el suelo dentro de la zona de embarque y con el ánimo en el mismo sitio, esperamos a que zarpara nuestro ferry a las 14:00.

 

B.F.F.F.

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