Varanasi, India

Agra, India
La tumba de la Madre Teresa de Calcuta en Calcuta, India
Calcuta y las Islas Andamán, India

La ciudad de Varanasi como se le conoce oficialmente o Benarés como se le llama en hindi, es una ciudad sagrada para tres religiones de la India, el hinduismo, el budismo y el jainismo. Según el hinduismo, quien muera en Benarés o a menos de 60 km evita el ciclo de las reencarnaciones, accediendo directamente al paraíso. Lo que hace que sea un lugar en el que se prodigan las cremaciones. Disfrutaremos de un sitio especial, con una belleza relativa y un encanto sin igual.

Tras montarnos en el tren dirección a Varanasi y con las tripas rugiendo, decidimos hacer uso de uno de los sobres de supervivencia que nos habíamos traído envasado al vacío. Unas buenas lonchas de jamón ibérico. Los críos no sabían nada y en cuanto vieron el jamón casi se les saltan las lágrimas 😉 Con pan de molde, lo único parecido a pan que encontramos en un super cercano a la estación, nos hicimos unos bocatas que en el caso de Iker no duró más de 10 segundos en su mano.

Varanasi

A las 8:30 llegamos a la estación de Varanasi tras casi 12 horas en el tren. La noche ha sido muy llevadera, salvo por los típicos vendedores que entran a horas intempestivas y no paran de chillar, pero por lo demás bastante bien. Usu abajo, los críos encima y yo enfrente. Aunque la sensación que da, es de no ser muy cómodas las literas, los 4 dormimos como troncos, pero es probable que el cansancio también ayudara lo suyo.

Dejamos las mochilas en una consigna de la estación por 40 R. y salimos a por un tuk-tuk que nos acercara hasta los Ghats. Se llama así a las escaleras que dan acceso al río Ganges en las ciudades sagradas. Varanasi, es una de esas ciudades sagradas, fundada por el Dios Shiva. Es uno de los lugares a los que acuden miles de peregrinos del país para lavar sus pecados en el río Ganges y para quemar a sus seres queridos. Ya que según la creencia hindú, el que muere aquí obtiene la moksha, considerada como la liberación del alma del cuerpo material y con ello la finalización del ciclo de nacimientos y muertes.

 

Tras un buen regateo conseguimos que nos lleven por 100 R. hasta lo más cercano que se puede, ya que a partir de una zona, en teoría no es posible pasar con vehículos a motor salvo las motos. Allí la idea era ir andando, pero unos chicos muy majos con unos rickshaws a pedales nos convencieron para llevarnos hasta la misma orilla del Ganges. Como además a Iker y Noa les hacía ilusión les dijimos que sí. Cogimos los dos por 20 R. cada uno. Aunque al final les dimos algo más, porque para poder con nuestro peso hay que sudar la gota gorda.

Nada más llegar impresiona lo que vemos. Era un día claro y despejado y había decenas de personas bañándose en un agua de color chocolate. Muchos niños jugando y tirándose al agua. Mucha gente mayor bastante cascada por las escaleras. Otros muchos haciendo la colada a los pies del río. Muchos puestos vendiendo flores, pulseras y recuerdos varios. Y muchos fulares, sábanas o como se les quiera llamar, de colores llamativos colgados de las paredes. Es una experiencia visual increíble. Nos sentamos un poco para descansar y poder apreciar todo con mucho más detalle y tranquilidad.

 

Como no habíamos desayunado y el día se preveía largo y con el sol cascando de lo lindo, nos acercamos hasta un restaurante que había cerca de los Ghats y repusimos fuerzas con unos sandwiches, tostadas, tortillas y zumos. Al salir de allí, nos encaminamos hacia la parte izquierda del Ganges según se mira. Nos cruzamos con gente muy variopinta con la que los críos se quedaban un tanto sorprendidos. Al llegar a la esquina había un montón de troncos apilados y un poco más adelante había un crematorio. En ese momento estaban incinerando a unas cuantas personas. Aunque no se veía mucho, sí que se apreciaba al muerto envuelto en sábanas blancas. Les explicamos a Iker y Noa, que era gente que había muerto porque ya era mayor y que los quemaban porque era la forma en la que la gente de ese país despedía a sus seres queridos. Aunque no sé si nos hicieron mucho caso, porque estaban flipando viendo como salía el humo y caía agua y cenizas por las escaleras hasta el río. Tras un breve periodo de tiempo, creímos que ya era más que suficiente y volvimos sobre nuestros pasos con la intención de coger un bote que nos diese un paseo por el río.

La mayoría de lo que nos ofrecían era en barcos para turistas y a unos precios totalmente fuera de la realidad. Pero cuando nos sentamos un rato a descansar, se nos acercaron dos chicos jóvenes y se pusieron a hablar con nosotros. La finalidad de la charla era el paseo por el Ganges con un barco de madera de remos que tenían ellos. Después de negociar un rato y reírnos otro poco, llegamos a un acuerdo de 1 hora por 150 R. con un extra si se lo curraban bien.

 

Atravesamos todos los Ghats hasta la parte contraria de donde estábamos. La visión desde el río nada tiene que ver con la de tierra. Es una pasada ver todos los Ghats y los edificios de frente, con sus coloridos y la gente bañándose y lavando la ropa y sus cuerpos. Aunque por el color no parecía muy recomendable tocar ese agua, no podíamos irnos de allí sin que fluyera por alguna parte de nuestros cuerpos el agua sagrada del río Ganges, así que nos hicimos el trayecto con los quesos metidos en él y de vez en cuando alguna que otra remojada de bolo para paliar el sofocante calor que hacía. En el lado contrario, vimos otro crematorio, en este parecía que había habido mucha actividad a primera hora de la mañana, ya que seguía saliendo humo y por el otro lado, donde lo estaban limpiando con agua, no paraba de caer porquería al río.

Cuando vimos que el pobre muchacho tenía los brazos como si hubiera estado en una sesión intensiva de gimnasio, le dijimos que ya era suficiente y que nos dejara en ese mismo sitio, le dimos 200 R. y nos despedimos de él. El resto del día lo pasamos entre los diferentes Ghats, sacando miles de fotos y viendo la vida pasar en este insólito rincón del mundo. Aprovechamos para degustar otro rico sobre que llevábamos en la mochila y hacernos un buen piscolabis.

 

Como teníamos que coger otro tren que nos llevaría hasta Calcuta, sobre las 16:00 comenzamos un pausado retorno hasta la estación. Estábamos todos a parte de cansados, con una sensación de paz increíble, la cual se borró rápidamente al llegar a la zona de los coches. Volvimos andando ya que teníamos mucho tiempo todavía por delante y al pasar por un restaurante local entramos a beber algo refrescante. Como los platos tenían buena pinta, decidimos también picar algo, en el sentido estricto de la palabra, porque lo que comimos picaba …… Yo fui el único valiente que dejó los platos para meter directamente en el armario de nuevo. Lo que al día siguiente puede que fuera mi perdición.

Ya en la estación tenemos que esperar un par de horas a que llegue nuestro tren. Nos sorprende el retraso, ya que no es algo habitual desde que hemos llegado 👿 Contentos y felices por el día tan chulo que habíamos pasado, nos acostamos en nuestras literas de la misma forma que la vez anterior. Aunque esa felicidad iba a durar muy poco.

 

B.F.F.F.

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