De Cabo Norte (Noruega) a Jokkmokk (Suecia)

En la casa de Papa Noel en Rovaniemi, Finlandia.
Papa Noel y Cabo Norte (Nordkapp)
Fiordo Geiranger desde el mirador de Flydalsjuvet en Noruega.
Acercándonos a los fiordos noruegos
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De Cabo Norte (Noruega) a Jokkmokk (Suecia)

El sol de medianoche en Jokkmokk en Suecia.

Después de disfrutar de Papa Noel y el fín del mundo en Cabo Norte, nos toca dirigirnos a otra de las maravillas para la vista que íbamos a disfrutar en este viaje, los fiordos noruegos. Como tenemos muchos kilómetros de distancia hasta ellos, lo haremos con una parada en medio de Suecia, en Jokkmokk, para descansar y disfrutar de su maravilloso tiempo, lagos y paisajes.

Tal y como suponíamos cuando estábamos preparando todo para dormir en el coche, la noche ha sido un auténtico infierno. Cabezazos, rodillazos, un calor infernal, la claridad, ……, vamos otro buen recuerdo, para no olvidar….:-(

A las 5:30, viendo que el panorama no iba a mejorar, me voy a dar un paseo por los acantilados. Lo mejor que podía haber hecho. El fin del mundo para mí sólo. Recorriendo estos paisajes sin nadie más que yo y los pájaros madrugadores. Aprovecho a sentarme delante de la bola del mundo y mirar hacia el horizonte, pensando en que algún día, podamos atravesar el mar para llegar hasta las tierras inhóspitas que se encuentran unos kilómetros más al norte. Tal vez la primitiva nos ayude a ello…., no la vecina del cuarto, sino la lotería 😉

 

Sobre las 6:00, me «despierto» de mis sueños viajeros a lo imposible. La causa, una horda de personas que vienen corriendo hacia mí…..!!!y juro que no he hecho nada!!! En un segundo me doy cuenta que son turistas a la caza de la mejor foto. Lo que he vivido unas horas antes en el coche con Noa, son tonterías al lado de los codazos y empujones que se ven. Pero lo mejor de todo es que ninguno baja de los 60 años.

Decido retirarme, y dejarles la paz y la tranquilidad de la que había disfrutado a ellos, aunque ya ha desaparecido. Voy hacia la zona contraria de la bola del mundo, donde están los acantilados y donde se puede volver a respirar tranquilo. Miro a lo lejos, al parking, y ya había como 6 autobuses de turistas. Pero también veo, una pequeña persona andando. Es Iker, se ha despertado y al no verme ha venido a buscarme. Gozamos los dos solos, paseando por estos parajes de ensueño.

 

A las 7:00 volvemos hacia el coche para ver si hay vida. Y Usu y Noa, estaban preparando el desayuno. El sol, aunque era muy temprano, ya cascaba de lo lindo. Desayunamos a gusto, con el calorcito y las vistas grandiosas de las que disponíamos. Recogemos todo, para así a la hora de marchar, tener todo preparado.

Los tickets de la entrada, tienen una validez de 24 horas, pero si alguien quiere quedarse otro día, dudo mucho que nadie diga nada. Vamos hacia el interior del recinto, ya que ayer cuando llegamos era tarde y a las 00:00 cerraba. Hay unas escaleras, que bajandolas, te llevan hasta un pasillo, en el que hay un par de salas. En una, hay un museo Tailandés, que fue inaugurado en 1989 en conmemoración del Rey Chulalongkorn de Siam, actualmente Tailandia, por su visita a Cabo Norte en 1907. En la otra sala, hay una capilla ecuménica, inaugurada en 1990 con el nombre de, Capilla de San Juan. Siguiendo hacia abajo por un pasadizo con cuadros y figuras a los lados, se llega a una sala, en la que emiten un vídeo sobre la historia de la zona, muy bien ambientado con luces de colores y sonidos. Al fondo, hay unas puertas que dan al exterior. Es un mirador, pero lo único que se ve es agua, porque está demasiado encajado entre las paredes del acantilado.

Subimos a la sala principal y vimos un piano. Estaba allí para que cualquiera pudiera alegrar al resto con su virtuosísmo. Así que, como teníamos en la familia a la sobrina lejana de Chopin, nos deleitó con unas cuantas canciones, que los que había por allí aplaudieron al terminar. Como colofón a este miniconcierto, sonó el tan conocido «cumpleaños feliz», para felicitar a una gran amiga que era su cumple. En la sala principal, también hay tiendas de recuerdos, cafeterías y restaurantes. Aunque los precios más que del fin del mundo, son de otro mundo. Un café, escasos 4 € y una cervecita, casi 8 €.

 

Salimos al exterior, y vemos que ya está impracticable de gente, así que nos vamos a recorrer la zona por la que había estado antes con Iker, pero alejándonos un poco más. Los paisajes son alucinantes, los acantilados enormes con el mar azotando su fuerza sobre ellos, el sol al fondo entre algunas nubes, confiriendo unas tonalidades espectaculares, ….. Es muy difícil explicar con palabras estos paisajes, por eso lo bueno de este blog, que no es un libro para mayores, sino más bien como un libro infantil, en el que siempre deseábamos que hubiese un montón de dibujos para tener que leer menos.

Después de más de tres horas de caminata, volvemos hacia el coche, por una zona donde hay un montón de renos, lo que a Iker y a Noa les encanta. Intentan acercarse un poco, pero en cuanto nos ven, se van corriendo. El silencio que se respiraba, sólo era roto por los sonidos de algún pájaro, pero nosotros mirábamos para arriba y no veíamos nada. Hasta que nos fijamos que donde había que mirar era al suelo. Había camufladas entre las rocas un montón de aves, por decir algo, que no volaban, lo único que hacían era correr y chillar cuando nos veían.

 

 

Para las 12:00 cogemos el coche, con mucha pena por dejar este sitio tan fantástico. El destino es Trondheim, nuestra puerta de entrada a los fiordos noruegos, pero como hay más de 2.000 kilómetros habrá que hacer alguna parada intermedia según se vaya atrasando el reloj, ya que si nos fiamos por el día, lo llevamos jodío.

Cuando estábamos bajando, para cruzar de nuevo el túnel y salir de la isla de Mageroya, había unas playas preciosas que invitaban al baño, y como ya nos habíamos bañado en el Mar del Norte, se me ocurrió decirle a Iker a ver si se animaba a darnos un chapuzón en el Mar de Barents, por encima de la línea imaginaria del Círculo Polar Ártico. Como me dijo que sí, allá que nos fuimos. Usu, nos estaba diciendo a ver si estábamos locos, pero es que esta oportunidad con un día tan bonito en un sitio tan precioso, no había que perderla. Aparcamos el coche en una ladera al lado de la playa, donde habían parado también unos motoristas alemanes a picar algo. Cogemos un par de toallas y nos dirigimos hacia el agua. Al tocarla y estar unos segundos dentro, Iker se da de baja del reto y me deja a mi sólo. El agua está fría de narices, pero como el sol calienta mucho, no me lo pienso dos veces, ya que sino me doy la vuelta. Me quito la ropa, se la doy a Usu y corriendo me voy directo a darme el primer baño de mi vida tan al norte. Cubre tan poco, que tengo que ir bastante adentro corriendo, pero eso no quita para que en cuanto viene una olilla me lance a por ella, salgo, me tiro a por otra, y ya, habiendo superado el reto del baño en el Mar de Barents, vuelvo raudo y veloz a por la toalla que me estaba esperando. El agua estaba fría, muy fría, congelada más bien, pero como el sol calentaba tanto, en cuanto salí, enseguida estaba como Ortega Cano….!tan agustitoooooo!!! Al volver al coche, los alemanes que estaban con las motos, se tiraron al suelo y puestos de rodillas empezaron a revenciarme, jajajajaaja, unos cachondos los tíos……

 

Atravesamos Finlandia hasta la frontera con Suecia en Kaaresuvanto. Llenamos el depósito, pera al estar tan cerca de la frontera no hay mucha diferencia, 1,29 €/L. Según habíamos entrado en Finlandia, se puso a llover sin parar y no fue hasta pasado un buen tramos de Suecia, en el que volvimos a ver el sol. Por el camino nos cansamos de ver renos a todos lados y la mayoría de las veces en medio de la carretera, con lo que había que tener mucho cuidado con la velocidad.

Jokkmokk

Viendo que ya empezaba a ser tarde, las 21:00, y que estábamos pasando por un pueblo grande, Jokkmokk, decidimos buscar alojamiento. A las afueras, encontramos el Artic Camp Jokkmokk. Es un camping grande, al lado de un lago precioso, con mucha hierba en las parcelas, salas para cocinar y poder comer, zona de juegos con columpios para los enanos, y sobre todo, como siempre, una pedazo de piscina con tobogán y juegos en el agua. Así que damos el visto bueno y por 48 € disfrutaremos de este camping.

Mientras nos preparamos una buena fabada asturiana, en lata eso sí, traída de casa, vemos que en el horizonte se ve el sol. No nos habíamos dado cuenta que el sol de medianoche, se ve en más sitios que no sólo en Cabo Norte. Cenamos a toda leche, nos montamos en el coche, y como si fuese la estrella que guiaba a los Reyes Magos, seguimos su luz hasta encontrar un lago a unos 10 kilómetros del camping en el que se veía a la perfección. Había unas cuantas autocaravanas y coches que se sabían el truco del almendruco. !!!!!Por fin¡¡¡¡¡ Por fin, conseguimos ver el sol de medianoche. Vemos como va bajando poco a poco, pero llega un momento en el que se detiene y poco a poco comienza a subir. Un fenómeno de esta naturaleza, que nos estamos cargando, y que no deja de sorprendernos viaje tras viaje y día tras día. Con un gustoso sabor, pasada la medianoche volvemos al camping. Eso parece un after hours, los columpios están llenos de niños y la gente fuera de las tiendas comiendo y bebiendo alrededor de una mesa. Nosotros, cansados de un largo día de viaje y con grandes emociones vividas, decidimos irnos a dormir. Claro, como el sol ya está empezando a subir, al salir de los baños de lavarnos los dientes, está más de día que hace media hora. Esto es un flipe.

 

Tras una noche deliciosa de sueño, no era muy difícil después de la del día anterior, y viendo que hace un día maravilloso, decidimos quedarnos otro día más allí tranquilos, disfrutando del camping, la piscina y después una excursioncilla al pueblo.

Desayunamos tranquilamente y con los enanos ansiosos por ir a la piscina, les dejamos que vayan mientras nosotros nos quedamos recogiendo todo, ya que se les ve desde nuestro sitio. Dentro, no hay prácticamente nadie, con lo que disfrutamos a lo grande con el tobogán y las colchonetas que hay en el agua, estilo las «zamburguesas» de humor amarillo. Un poco más tarde, empezaría a ir llegando la gente. Pero aún así, en ningún momento estuvo saturado para toda la gente que había en el camping. Además el agua estaba climatizada, con lo que no daba pereza estar todo el rato dentro, y el sol pegaba de lo lindo.

Después de comer, fuimos al pueblo a dar una vuelta y hacer unas pequeñas compras. Es muy bonito, con una iglesia muy chula en el medio, pero está desierto. Iker y Noa que no tenían muchas ganas de turismo, con la pedazo piscina que había en el camping, nos convencieron fácilmente para volver a ella. Como también estaba el lago al lado, nos pegamos unos cuantos chapuzones. Comparándola con la de la piscina, el agua estaba helada, pero era una gozada bañarte en él.

 

Teníamos pensado como el día anterior ir al lago, un poco antes y sin prisas, pero esta vez no iba a ser posible porque se estaba empezando a nublar. Hubo un momento que cayeron unas pocas gotas y se formó un doble arco iris perfecto que atravesaba el lago de lado a lado. Ya que estábamos cerca, aprovechamos para ir a buscar la marmita con las monedas de oro, pero no tuvimos suerte.

Así por la tontería, nos habían dado las 23:30 sin darnos cuenta y mañana no íbamos a madrugar, pero sí que teníamos un largo camino por delante.

 

B.F.F.F.

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