De Dakar a Saly Niakh Niakhal, Senegal

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De Dakar a Saly Niakh Niakhal, Senegal

Puesta de sol en Saly Niakh Niakhal en Senegal

Dejamos la visita a Dakar para la vuelta y montados en un «sept place» llegaremos hasta Saly Niakh Niakhal, una zona residencial de vacaciones, en la que la playa y la tranquilidad del lugar es lo que más sobresale.

Nuestra primera noche en Senegal, no pudo ser más placentera. Gracias al juego conocido como los chinos, me tocó la nada despreciable cama de 2×2 y aunque el colchón no es que fuera viscolástico precisamente, no impidió que durmiera a pierna suelta durante toda la noche. Eso sí, a las 6:30 estábamos los dos como búhos. Como hasta una hora después todavía no amanecía, aprovechamos a pegarnos una ducha y bajar a desayunar.

El desayuno fue un auténtico manjar. Estaba incluido en el precio de la habitación. No era nada espectacular, pero el pan y los croissants que nos pusieron, tenían un sabor increíble y estaban recién hechos. Aquí se notaba para lo bueno, que Senegal había sido una colonia francesa.

 

Salimos a buscar los billetes de ferry, para a la vuelta de nuestro recorrido por la costa, viajar directos hasta Ziguinchor. Al comenzar a andar nos dimos cuenta de lo céntrico que estaba el hotel. Aún así, la zona mezclaba edificios prácticamente nuevos con chabolas sin ningún tipo de comodidad, ya que vimos a personas lavándose con cubos en el exterior.

En 10 minutos andando llegamos al puerto y al ir a comprar los billetes nos dijeron que hasta el mismo día de la salida no se podían coger o por lo menos eso creímos entenderle, ya que nuestro francés es bastante escaso. Como no teníamos nada programado, no nos importó y decidimos seguir con nuestra ruta hacia el sur y sobre la marcha decidir lo que más nos apeteciera. El precio por un billete normal de silla era de 15.000 CFA y 30.000 por uno de primera clase.

De vuelta al hotel a recoger nuestras mochilas, paramos un taxi para que nos llevara hasta la gare routiere (estación de autobuses), desde donde salían los transportes hacia Mbour. Nos cobró 1.000 CFA. Al llegar, nos quedamos completamente alucinados de lo que vieron nuestros ojos. Se trataba de una explanada enorme en medio de la ciudad, en la que se apilaban decenas de coches y autobuses, rodeados por cientos de personas. Los autobuses eran bastante viejos, pero los coches ya eran el no va más. Los típicos peugeot familiares de cuando nuestros abuelos eran jóvenes, con 3 filas de asientos. Tenían lo imprescindible, que era volante, ruedas y motor, el resto de piezas eran secundarias. A algunos les faltaban asientos, a otros ventanillas, a otros todo!!!! Lo sorprendente es que nos habían recomendado viajar en esos coches 😯 . Se llamaban «sept-place» (siete plazas), por la capacidad de pasajeros que tenían, aunque a la hora de la verdad eso era muy subjetivo.

Empezamos a deambular por la zona buscando la «parada» de los que iban hacia Mbour. Había un cartel, estilo señal de tráfico, en el que ponía las direcciones a las que se dirigían los vehículos aparcados en cada zona. Viéndonos un tanto despitados se nos acercó un hombre y nos acompañó hasta el sitio correcto. Allí el que se encargaba de gestionar los coches, nos pidió 15.000 CFA, pero había leído que rondaban las 2.000, así que aprovechando que el coche estaba casi lleno y éramos nosotros los últimos que quedábamos para llenarlo y salir (ya que hasta que no están completos no salen), metí la cabeza dentro del coche y le pregunté al chico que estaba en el asiento de delante a ver cuanto había pagado. Me dijo que 1.600 CFA. Así que en cuanto vino a cobrarnos el tipo, fue lo que le dí. No pareció que le hiciese mucha gracia por la cara que puso, pero no dijo nada.

 

Montados en la última fila de asientos, nos pusimos en marcha hacia Mbour. Lo primero que hizo fue parar a echar gasolina, pero al quitar la llave del contacto el coche seguía arrancado. Para lo único que valía la llave era para abrir la tapa del depósito de gasolina. Intentando descifrar como haría para apagarlo antes de respostar, comprobamos que nunca lo íbamos a saber. Echó gasolina con el coche en marcha!!!! Y luego aquí nos ponen pegas por cualquier minucia. Esta experiencia estaba siendo sin duda bastante más increíble que las vividas por el sudeste asiático.

El coche estaba tan escacharrado, que para adelantar a los camiones, hacía como ellos, cada 30 segundos adelantaba una rueda, y el problema es que las carreteras eran de dos carriles, uno para cada sentido, con lo que cuando se acercaba algún vehículo por el lado contrario, tirábamos de todos los rezos conocidos para ver si le ayudaban a adelantar el camión y no chocarnos de frente. El motor no era el único problema que tenía, los frenos también dejaban bastante que desear. Necesitaba como 500 metros de distancia para frenar. Y como no podía ser de otra manera, en una no le dió tiempo y se empotró contra el coche de delante. Se bajaron los dos, el del otro coche le hizo unas cuantas carantoñas a la parte del vehículo que había sido golpeada, y con nuestro conductor y en medio de la carretera tuvieron una conversación de lo más amena y divertida. Aunque tenía una buena abolladura, era difícil saber si venía de serie o había sido por el golpe. No hicieron ni papeles ni nada. Eso era buen rollo y lo demás tonterías.

Tardamos 2 horas en hacer 80 kilómetros. Probablemente las 2 horas más largas de mi vida. Sentados en la última fila, en unos asientos (por llamarlos de alguna manera) con muelles saliendo por todas partes, un tercer pasajero a nuestro lado en un espacio reducido, con el codo de Edu en mis costillas, la cabeza inclinada porque me golpeaba con el techo, las rodillas por encima del asiento, porque tampoco dábamos de largo, ……. Sin contar los cerca de 40 grados que podía hacer en el exterior (ni os cuento en el interior) y con el pasajero de delante con la ventanilla subida. Debía vivir en medio del desierto y para él ese día no era lo suficientemente caluroso y si la bajaba tal vez se resfriase.

Durante el trayecto y al calor del contacto humano, entablamos una pequeña conversación con el pobre hombre que nos sufría a nuestro lado, ya que él era más tamaño estándar y le teníamos completamente aplastado contra el cristal. Nos dijo que él también iba al mismo sitio que nosotros y que podíamos ir juntos. Así que en cuanto el coche nos apeó en medio de la carretera, ya que su destino era Mbour, enseguida paró otro coche que nos acercó hasta Saly Niakh Niakhal en la costa. Pagamos 1.700 CFA.

Saly Niakh Niakhal

Nos despedimos del hombre y empezamos a buscar alojamiento, aunque enseguida dimos con el sitio adecuado. Nada más pasar la puerta vimos una enorme piscina y supimos que de allí no nos iba a mover nadie. Se llamaba Auberge Khady y por 26.300 CFA, disfrutamos de una enorme y refrescante piscina, una habitación doble con mosquiteras, algo muy importante fuera de la capital, ya que la malaria es endémica por esa zona, y una limpieza absoluta. Además el desayuno estaba incluido en el precio.

 

Casi a la carrera dejamos todo en la habitación y nos fuimos a la playa que está justo enfrente. El entorno era paradisíaco, las palmeras cerca de la orilla, la arena llena de conchas, los coloridos barcos de los pescadores a ambos lados de la playa, ……. Lo único que le fallaba era el color del agua, que no era azul turquesa, sino más bien marroncilla. La temperatura era perfecta, tirando a caliente, por lo que nos estuvimos bastante tiempo a remojo.

Con las tripas rugiendo, en la misma playa, comimos en un restaurante muy chulo, con todo muy rico y a muy buenos precios. Una ensalada mixta, dos platos enorme de spaguettis, dos cervezas de 66 cl, y un par de helados de postre por 13.500 CFA.

Para bajar la comida dimos un paseo por el pueblo. Los únicos extranjeros eramos nosotros. Lo que tenía su lado bueno y su lado malo. El bueno, que era todo más genuino y tranquilo, el malo, que éramos a los únicos a los que se les podía vender algo. Así que tuvimos que lidiar con unos cuantos vendedores ambulantes, pero en todo momento con muy buen rollo y nada pesados.

El pueblo en sí no tenía nada, así que nos fuimos al hotel a darnos un chapuzón en aquella maravillosa piscina. Pasamos la tarde holgazaneando entre las hamacas, el agua y un poco de lectura.

Volvimos a la playa a ver la preciosa puesta de sol que se desarrollaba justo enfrente de nosotros, y sentados en las barcas de los pescadores, se nos unieron unos cuantos lugareños a charlar. Una verdadera pena el idioma, ya que poco o nada nos enteramos de lo que hablábamos, pero desde luego no se daban por vencidos, ya que estuvimos más de una hora descifrándonos entre gestos y las pocas palabras que entendíamos entre unos y otros.

Nos acercamos al mismo sitio de la comida a cenar. Pero esta vez no íbamos solos, ya que por el camino se nos juntaron dos muchachos que esta vez si que sabían inglés y les invitamos a unos refrescos, ya que cerveza no querían. Esta vez tomamos dos platos de calamares con patatas, 2 ensaladas de fruta, 2 cervezas y 2 refrescos por 8.500 CFA. Aunque la charla fue entretenida, en este caso había algo más que el simple hablar por hablar. Nos ofrecieron sus servicios de guía, pero amablemente los declinamos. También nos dijeron que nos podían llevar al día siguiente hasta Mbour, y como eso sí que lo necesitábamos, llegamos a un acuerdo por 2.500 CFA. La duda sería ver si ese precio se mantendría o habría subido por la inflación nocturna.

A las 9:00 de la mañana habíamos quedado con nuestros conductores y como ya era muy tarde y tampoco había más que hacer por el pueblo, nos fuimos a dormir, ya que este viaje se preveía muy duro en el tema de los transportes.

 

B.F.F.F.

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