De Göreme a Ëgirdir, Turquía

Globos aerostáticos en la Capadocia, Turquía.
Capadocia, Turquía
Garganta de Saklikent en Turquía.
Pamukkale y la Garganta de Saklikent en la costa suroeste de Turquía
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De Göreme a Ëgirdir, Turquía

Montañas que rodean el lago Beysehir en Turquía.

Dejamos atrás el maravilloso y de otro mundo paisaje de la Capadocia, para seguir atravesando el interior del país. Desplazándonos hacia el oeste, llegaremos hasta Ëgirdir un precioso pueblo a orillas de un lago con el mismo nombre, haciendo una parada en la impresionante ciudad subterránea de Kaymakli.

A las 6:00 de la mañana ya estaba fuera de la tienda dando un paseo. La noche había sido muy fría, pero por lo menos había hecho mucho menos viento. En el cielo había poco más de un decena de globos, con lo que la bella estampa del día anterior no se parecía en nada. Media horita más tarde aparece Usu y sobre las 7:30 despertamos a los enanos, ya que teníamos un largo día por delante, otra vez, y no queríamos llegar muy tarde, para poder aprovechar las horas de luz.

Aunque nuestro destino final era Pamukkale, haríamos una parada intermedia en el pueblo de Egirdir, que tiene un lago con el mismo nombre y en el que es posible bañarse.

Nos despedimos de la encantadora pareja dueña del camping y como queríamos ver una de las tantas ciudades subterráneas que pueblan la zona, nos desviamos unos kilómetros para acercarnos hasta la de Kaymakli. Está situada a unos 25 kilómetros al sur de Göreme. Fue abierta al público en 1964 y se cree que fue excavada entre los siglos V y X. La función era la de servir de refugio a la población en caso de alguna invasión. Se cree que más de 3.000 personas se escondían en estas cuevas cuando los ejércitos persas y árabes atacaban a los cristianos bizantinos. Podían estar hasta 6 meses en su interior. Tiene 8 niveles en el subsuelo, pero sólo 4 de ellos están abiertos al público. Es increíble verlo por dentro y pensar que ahí se pudieran pasar los días enteros durante meses. Hay habitaciones con agujeros como si fuesen camas, cocina, iglesia, …… habían ideado hasta un respiradero o conducto de ventilación con más de 80 metros de profundidad que atraviesa todos los niveles. La entrada cuesta 20 LT.

 

Para variar y con la suerte que nos suele acompañar cada vez que viajamos, lo vimos completamente solos, no hubo nadie más. También puede influir que somos muy madrugadores para poder disfrutar de las cosas a nuestra bola, sin decenas de personas que muchas veces no saben comportarse y están dando por saco. Según salimos, vemos ya unos cuantos autobuses que estaban llegando con turistas japoneses. Estos también están en todas partes… 😉 Se nos acercó un chico y nos dice que tenemos que pagar 3 LT por el aparcamiento del coche. Nos suena a broma y le digo que cuando habíamos llegado nadie nos dijo que allí había que pagar y que sino la próxima vez madrugase más. Viendo que no iba a sacar nada se dió la vuelta y fue a buscar a otros coches a los que poder engañar.

Continuamos nuestro camino hacia el oeste atravesando unos paisajes preciosos. Llegamos a Konya e hicimos una pequeña desviación hasta el pueblo de Sille, que había leído que estaba muy bien. Es un pueblo bonito, pero tampoco nos dice nada, en nuestra opinión es bastante prescindible.

Seguimos alucinando con los pocos coches que hay por la carretera. Habíamos atravesado por el medio la ciudad de Konya, con una población de 800.000 habitantes, y si se veían una docena de coches era mucho. Tampoco se veía gente en las calles. Hacía mucho calor, pero en Écija a las 16:00 de la tarde con 50º a la sombra en pleno mes de agosto, se podía ver a más gente, que en ciudades de Turquía con decenas de miles de habitantes.

 

Llegamos al lago Beysehir, y lo rodeamos a través de unas montañas y unos paisajes preciosos. En algunos montes todavía quedaban restos de la nieve caída. Llega un momento en el que la maravillosa carretera que nos estaba acompañando durante todo el viaje desaparece y se convierte en un terreno de piedras sueltas. Asombrados seguimos con cuidado y unos pocos metros más adelante vemos un cartel de obras y un montón de camiones y apisonadoras trabajando para dar forma a la nueva carretera que atravesaría la zona. Cuando estábamos a punto de deshacer el camino andado, vemos que un coche nos pasa como un sputnik haciendo caso omiso al cartel de obras y nosotros que somos muy bien mandados y seguimos siempre el dicho de «Allí donde fueras haz lo que vieras», arrancamos de nuevo y seguimos su estela. Unos kilómetros más adelante el coche se desvía y seguimos sólos y con la cara de Usu un tanto de mala leche. Pero 15 kilómetros después por fin conseguimos enlazar de nuevo con una carretera asfaltada y el terso y juvenil rostro de mi amada esposa se empieza a relajar 😛

Ëgirdir

Sobre las 16:30 llegamos al pueblo de Egirdir, situado a orillas de un lago precioso con el mismo nombre. Empezamos a buscar alojamiento y siguiendo las indicaciones de la carretera, llegamos hasta un camping en la misma orilla del lago. Aunque hay bastante gente y las instalaciones tampoco es que sean una maravilla, el poner la tienda a escasos 20 metros del agua, le da el plus que le falta. El coche hay que dejarlo en un parking a la entrada y luego hay que ir con todos los bártulos hasta el sitio que elegimos. A Usu no le hace mucha gracia, pero Iker, Noa y yo estamos encantados de la situación privilegiada del camping y como vivimos en democracia, jejejejeje.

Colocamos la tienda y directos nos vamos a pegar el primer chapuzón de nuestras vidas en un lago, que yo recuerde. El agua está muy caliente y la sensación de estar bañándote en lo que parece un mar, pero que el agua no sea salada, nos resulta muy extraña. Después del remojón Usu empieza a ver el lugar con otros ojos. Entre la carretera y el camping le teníamos contenta……

 

Vamos a merienda – cenar y damos con un sitio al lado de una iglesia en el que nos ponen dos pedazo de pizzas más grandes que la mesa, unas patatas y unos refrescos por 27 LT. Damos un paseito por el pueblo, que es muy bonito y tranquilo y al lado del lago con unos helados nos sentamos a contemplar la puesta de sol. Mientras, los enanos se entretienen en una zona de juegos parecida a nuestra época de juventud, con el tobogán partido por la mitad, los columpios roñosos, el suelo con piedras grandes y gordas….. vamos, cuando nos hacíamos duros y no como ahora.

De vuelta al camping, Usu entra en una tienda y la veo salir con tres colchonetas de playa y con el dueño ayudándole a llevarlas. Las había comprado para dormir en la tienda. Como le habían gustado los colchones del camping de Göreme quería repetir experiencia. Los críos y yo nos morimos de la risa al verla aparecer con ellas. Las metemos como podemos en el coche, ya que se las habían dado hinchadas para no tener que tirar de pulmones nosotros.

Ya en la tienda, no nos queda más remedio que reconocer la gran idea que había tenido, ya que el suelo estaba excesivamente rígido y duro. Nos ponemos a dormir, pero hace tanto calor que no hacemos más que dar vueltas. Completamente sudado, salgo de la tienda y le digo a Iker a ver si se anima a darnos un baño, y allí que nos vamos los dos a las 12:00 de la noche, estando todo el mundo dormido, a pegarnos un refrescante baño completamente solos. Otra vez en la tienda, pero con el cuerpo fresquito, conseguimos conciliar el sueño.

 

B.F.F.F.

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