De Port Blair a Goa, India

Embarcadero de la isla de Neil en las Islas Andamán, India.
La Isla de Neil, India
Iglesia en Goa, India.
Goa, India
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De Port Blair a Goa, India

Port Blair en las Islas Andamán, India.

Para salir de estas maravillosas islas tenemos que volver a Port Blair, la capital. Allí recorreremos la ciudad, despertándonos escaso interés y nos acercaremos hasta las playas cercanas para hacer tiempo hasta el día siguiente que cojamos el avión hacia Goa.

Port Blair

Unas 2 horas después de dejar la preciosa isla de Neil, estábamos bajándonos del ferry en el puerto de Port Blair. Allí mismo cogemos un tuk-tuk hasta el medio del pueblo por 50 R. Vemos unos cuantos alojamientos y finalmente nos decidimos por el Azad Lodge Hotel, situado en la zona del bazar Aberdeen. El hotel es bastante nuevo y las habitaciones son grandes y limpias, el baño esta bien y además tiene dos camas enormes. También tiene televisión, pero si en casa prácticamente no la vemos, cuando estamos de viaje ni nos acordamos de que existe. El precio, 600 R por noche.

Todavía no eran ni las 11:00 de la mañana, así que nos quedaba todo el día por delante. Fuimos a dar un paseo por el pueblo, el cuál no nos motivó mucho. Encontramos un sitio en el que vendían zumos naturales y por 40 R. nos pusimos ciegos a tomar uno tras otro. Además fuera hacía un calor infernal y en el local había aire acondicionado, así que nos pasamos un buen rato a la fresca degustando los ricos zumos.

Como la ciudad no daba para más, decidimos acercarnos hasta la zona de la playa. Por 120 R. y una tirada de media hora, llegamos a la playa. Era muy normalita, tirando a feucha. Aunque con el calor que pegaba se agradecía un baño fuese donde fuese. Estuvimos un buen rato y picamos algo en un restaurante que hay justo al lado. Cuando íbamos hacia él, vimos un cartel en el que alertaba sobre el peligro de cocodrilos, lo que nos hizo recordar la historia que nos habían contado en la isla de Havelock y pensar que tal vez podría ser cierta.

 

La playa estaba en una zona apartada por la que no pasaban muchos vehículos. Así que nos la vimos y deseamos para conseguir volver al centro de la ciudad. Finalmente nos aprovechamos del tuk-tuk de unos indios que iban a pasar la tarde a la playa. Esta vez nos cobraron 100 R.

Al día siguiente el vuelo lo teníamos a las 8:00 de la mañana, así que teníamos que madrugar, por lo que hicimos una merienda-cena en el Gaja Restaurant, en la parte alta de la ciudad, por 400 R. y volvimos hasta el hotel dando un paseo para bajar la comida. Cuando estábamos a punto de entrar, vimos que algo a toda leche se movía e Iker chilló que había visto una rata. Miramos hacia el lado a donde nos había parecido ver que se dirigía y vimos decenas de ellas entre la basura. Eran enormes y con unas colas larguísimas. Acojonaban un poco y eso que no me dan ningún miedo las ratas. A toda leche nos subimos a la habitación y ya no nos movimos de allí hasta la mañana siguiente.

Tras una noche de un calor infernal y agobio, a las 5:30 suena el despertador. Aunque estamos con las legañas pegadas, por lo menos fuera estaba de día, lo que ayuda a que nos vayamos levantando. El chico del tuk-tuk con el que había quedado la noche anterior, estaba esperándonos a la salida del hotel. Son escasos 3 kilómetros hasta el aeropuerto. Había quedado con él en pagarle 50 R. y como nos estuvo esperando un poco le dí 100, pero el tío como airado me pidió 150. Me dieron ganas de cogerle el billete de 100 y partirlo por la mitad y darle lo que habíamos quedado en un principio pero de otra manera.

 

Ahora teníamos un pequeño problema. Nuestro escala en Chennai era de sólo una hora y media para coger el siguiente vuelo hasta Goa. Nos habían cambiado el horario del segundo vuelo estando ya en la India. Pues bien, según miramos las pantallas vemos que viene con retraso, lo que ya empezaba a reducir el tiempo de escala. Acabamos embarcando una hora más tarde de lo previsto. Llegamos a Chennai y en el avión casi sin llegar a posarse en tierra, corremos hacia la puerta de salida para ser los primeros. Pero hay otro problema, y es la silla de Noa. Tenemos que esperar en la zona de maletas a por ella, ya que le digo a la chica a ver si nos la pueden subir porque perdemos el siguiente avión y me dice que eso no es posible. A la carrera nos dividimos, mientras Usu se queda a esperar la silla, yo me voy corriendo al mostrador a sacar las tarjetas de embarque con Iker y Noa. Cuando me ve la azafata se queda un tanto alucinada ya que queda menos de media hora para que salga el vuelo. Le explico lo que nos ha pasado y lo que pasa con la silla y me dice que no nos preocupemos. Llama por el talkie a un compañero que será el que se encargue de cogernos la silla. Mientras, bajo corriendo a donde Usu para que venga al mostrador de facturación ya que sino la ven no nos dan las tarjetas de embarque. El hombre se queda con los críos esperando. Corriendo de nuevo hasta el mostrador, nos tiene ya preparadas las tarjetas. Y para seguir en forma, corriendo de nuevo, vamos a pasar el control de pasaportes. La gente muy amable viendo como vamos nos dejan pasar los primeros. Como esto es la ley de Murphy, la puerta de embarque estaba la más lejana de todas, pero aún así escasos minutos antes de la hora prevista de la salida conseguimos llegar al avión. Nos estaban esperando ya que les habían dicho lo que nos pasaba. Al azafato que tanto nos ayudó y encima vino corriendo con nosotros hasta la puerta de embarque le di una generosa propina. Dudo mucho que esto en Europa hubiera pasado. Nos habrían dejado en tierra sin pensárselo ni un segundo. Ahora había que hacer un acto de fé y confiar en que la silla de Noa hubiese llegado a tiempo al avión.

Casi sin retraso poníamos rumbo a nuestro siguiente destino, Goa.

 

B.F.F.F.

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