Goa, India

Port Blair en las Islas Andamán, India.
De Port Blair a Goa, India
Cuevas en la isla Elefanta en Bombay, India.
Bombay, India

En Goa, el estado más pequeño de la India y colonia portuguesa hasta 1961, hay mucho que hacer. Desde disfrutar de sus maravillosas playas hasta contemplar los preciosos edificios e iglesias coloniales, pasando por el misticismo que se sigue respirando en muchas localidades. Aunque en los últimos años, se ha experimentado un incremento del turismo interno como destino de juerga y desfase, lo que ha hecho que pierda gran parte del encanto que poseía.

Goa

Tras la odisea sufrida para poder coger nuestro avión con destino a Goa, unas dos horas después poníamos pie en esa maravillosa zona del oeste de la India, con la silla de Noa incluida 😉 Aunque la idea era ir en transporte público hasta Anjuna, después de preguntar y repreguntar, vimos que eso iba a ser complicado de narices, posible pero complicado, así que después de lo que habíamos pasado decidimos tomárnoslo con calma y coger un taxi pre-pago desde la misma terminal. Nos cobró 1.050 R. por un trayecto de una hora pasada.

La idea era buscar el alojamiento en donde habíamos estado 5 años atrás Edu y yo, y en el que tan bien lo habíamos pasado. Como nos había dejado en la esquina contraria de la playa, mientras Usu y los críos tomaban algo, yo fui de excursión para ver si había sitio. Pasé por un montón de bares situados al lado de la playa en los que la música estaba a un volumen altísimo y lo que se oía era chumba chumba de la mala. El mar estaba lleno de motos de agua, atracciones para los turistas, barcos, ….. la playa repleta de indios completamente borrachos….. Según iba recorriendola, cada vez me arrepentía más de haber elegido Goa para pasar los últimos días del viaje. La otra vez, esto era un sitio tranquilo, para pasear por la playa y en los bares la música más alta que se oía era a Bob Marley de fondo y algún que otro concierto en vivo de música rock.

 

Ya en el Guest House, cogí una buena habitación por 600 R. la noche. Sunset Guest House. Les pregunté a ver cómo había crecido tanto el turismo en tan pocos años, y la dueña me dijo que ahora se estaba publicitando Goa como un destino de fiesta para los Indios. Así que estaba todo tan desmejorado. Sin contar la cantidad de botellas de cerveza que se veían por la playa. Fui a buscar a Usu y los críos, y según pasábamos por delante de la gente, Iker y Noa alucinaban de como estaban. Así que sólo hay que imaginárselo para que dos niños de 7 y 4 años se dieran cuenta.

Con un bajón bastante grande, les enseñé el sitio y se quedaron encantados, ya que estaba en la misma playa, la habitación era grande y espaciosa al lado de un jardín, y al estar en el medio, un poco alejado de la playa, se respiraba mucha tranquilidad.

Merienda – cenamos en el Guest house por 870 R. Nos pusimos ciegos, ya que la comida allí seguía estando igual de rica que la primera vez que estuvimos. Habían subido bastante los precios, pero por lo menos la calidad no había bajado. La cerveza grande de Kingfisher costaba 100 R.

Nos pegamos un rico baño a ver si nos relajábamos y empezábamos a ver las cosas de otra manera. Casualidad era el día de nuestro décimo aniversario. Pero bueno, una vez en remojo empezamos a verlo un poco más positivamente. Dimos un paseo y prontito nos acostamos después de un largo día.

Después de una noche a gusto y descansada. Nos levantamos con las pilas cargadas. Vamos a desayunar un rico spanish breakfast. Tortilla francesa con tostadas, mermelada y chocolate caliente por 110 R. cada uno. Que me pregunto yo, de donde coño se han sacado que eso sea un desayuno español…… Mientras Iker terminaba los deberes del cole, los demás nos fuimos a dar un rico bañito mañanero. ¡¡¡Qué malos padres!!! 😉 La playa estaba tranquila y preciosa, tal como la recordaba. Así que decidimos darle una oportunidad. Nos pasamos el día vegetando entre las hamacas de la playa y la terracita del Guest House. Los críos bañándose y comiendo eran felices, no necesitan mucho más. En vez de comer, lo que hacemos es estar sacando cosas para picar que entran de maravilla después de los baños. Descubrimos los Naan rellenos de queso y casi dejamos sin existencias al restaurante. Todo esto acompañado de unas fresquitas Kingfisher.

 

Según iba avanzando la tarde, se iba llenando otra vez de una fauna bastante indeseable. Y al final nos la liaron de mala manera. Estábamos en la terraza tomando algo, mientras los críos jugaban en la arena y se bañaban. Cuando un grupo de energúmenos completamente borrachos se avalanzaron sin ningún tipo de cuidado sobre Iker que estaba en la arena tan tranquilo haciendo un castillo. Uno de ellos se cayó encima de él y le dió un golpe en toda la cabeza. Bajamos Usu y yo las escaleras como un resorte y corrimos hasta donde estaba el sujeto, agarrándolo del cuello lo llevé hasta el agua y porque vinieron los amigos rápidamente a tranquilizarme y pedir perdón, que lo sentían mucho y demás, porque sino…. Cuando volvimos a la terraza a ver si nos tranquilizábamos ya que estábamos cardíacos, la gente que estaba allí que lo había visto todo, nos miraron asintiendo y algunos me dijeron que poco había hecho para el golpe que le habían dado a nuestro hijo.

Como esto no tenía mucha pinta de que fuera a mejorar, decidimos seguir el ejemplo de las Islas Andamán y alquilar para el día siguiente una moto, para alejarnos los máximo posible de esa playa y comprobar si el resto de la zona de Goa también se había echado a perder.

Aunque para rematar el día, al ir a cenar, como los críos sabían que había tortilla y estaban un poco cansados de la comida de allí, les pedimos que nos pusieran un par de ellas. Pero nos dicen que no, que eso es sólo para el desayuno. Lo que nos faltaba. Les mandamos a tomar viento, y al ver que nos levantábamos nos dicen que bueno, que sí que nos las hacen. Sin darnos ni siquiera la vuelta, nos vamos y buscamos otro sitio donde poder tomar lo que queramos y no lo que nos obliguen. Finalmente y para alegría de los enanos, encontramos un Domino´s Pizza. Nos clavaron casi 1.000 R. por dos pizzas enanas, pero como Iker y Noa estaban encantados, eso era lo importante.

Esperando que la cosa fuera a mejor el día siguiente, nos fuimos a dormir. Aunque también con el pensamiento de que no hay dos sin tres.

A pesar de que el día anterior nos habían hecho la faena de la cena, dimos nuestro brazo a torcer y degustamos de nuevo el magnífico desayuno del Guest House. Era temprano y al igual que el día anterior, la playa estaba tranquila y preciosa, así que Iker y yo nos fuimos a dar un chombo antes de desayunar. Aunque fuese pronto, el sol ya cascaba de lo lindo. Nada más terminar y sin esperar a ver como se ponía la playa, fuimos en busca de nuestra moto salvadora.

Justo al lado del Guest House, había un hombre con un par de motos, le preguntamos a ver si nos alquilaba una, y no puso reparos. Por 200 R. al día sin contrato de alquiler ni nada, todo muy local. Llenamos el depósito en una gasolinera que hay a las afueras del pueblo, 6 litros por 340 R., y nos pusimos en marcha a buscar las otras playas de Goa. Con una sensación de libertad enorme, comenzamos a disfrutar de nuestra estancia en esta zona de la India.

Durante los siguiente días, recorrimos un montón de playas. La de Baga, situada al sur de Anjuna, que al igual que hace 5 años, era una playa para los turistas indios, llena de atracciones acuáticas e individuos por doquier. Tuvimos la suerte de coincidir con una misa que se estaba celebrando en una iglesia cercana. La gente iba toda vestida de punta en blanco, los hombres con trajes y las mujeres con unos vestidos coloridos preciosos. El sermón era al aire libre y lo estaban dando en portugués.

 

En la playa de Bagator, esta vez al norte de Anjuna, conocimos a una pareja española que llevaba viviendo unos años entre Bangladesh y la India, tenían dos niños pequeños y nos invitaron a su casa a tomar algo. La casa era muy chula por dentro y nos dijeron que era posible alquilar casas por precios muy parecidos a los que se paga en un hotel. Conseguimos dar con los dueños, pero nos dijeron que tenían todo alquilado, así que deberíamos volver a nuestro Guest House. Estuvimos ese día en la playa con ellos y fue un día muy entretenido. La playa de Vagator, tiene como dos calas, una que está atestada de motos de agua y demás parafernalia, y la otra con unos cuantos restaurantes a pie de playa y mucho más tranquila, que es donde disfrutamos a lo grande.

Durante esos días conocimos un sitio de hamburguesas, perritos y comida india, con unos zumos de fresa naturales, que sería nuestro punto clave tanto para comer como para cenar, a no ser que el hambre nos entrase estando lejos. Aunque muchas veces la llevábamos al alojamiento y las comíamos tranquilamente en la terracita. Estaba todo espectacular y a unos precios increíbles. Las hamburguesas 50 R., los sandwiches 30, los zumos otros 30……. También paramos en algunos restaurantes de carretera a comer, algo que recomendamos totalmente, ya que fue la comida más rica que probamos. Estaban sólo regentados por indios y eso se notaba. Por 500 R. con cerveza incluída nos poníamos las botas.

 

Otro día nos acercamos hasta las playas de Morjim y Ashvem, situadas al norte. Hacía mucho viento y se estaba muy desagradable. Además tampoco tenían mucho encanto. Lo contrario que las de Mandrem y Arambol que si que nos parecieron más chulas. Por el camino había iglesias y edificios preciosos de la época colonial.

El último día, después de una semana en Goa, fuimos a devolver la moto y negociar el transporte hasta la estación de Thivim que era desde donde salía nuestro último tren en la India dirección a Bombay. El mismo hombre se ofreció a llevarnos al día siguiente, pero hubo que hacer un buen regateo. A final por 500 R. cerramos el trato.

Tuvimos la suerte de que ese mismo último día de estancia, se celebraba el mercado de Anjuna. Es un mercado hippie, con un montón de recuerdos y cosas bonitas para comprar. Nosotros aprovechando que ya nos íbamos, nos surtimos bien de diferentes cosas. Los precios un poco más caros que en otras zonas menos turísticas de la India, pero tampoco muy elevados.

 

Como el tren no salía hasta las 19:00, y habíamos quedado con el hombre a las 17:30, le dijimos a la dueña del Guest House a ver si nos dejaba quedarnos hasta las 17:00. Pero nos dijo que no, que lo tenía todo ocupado y que era imposible. Así que nos pasamos las últimas horas en Goa tirados en las hamacas de la playa y bañándonos, esperando que llegara la hora de irnos a la estación. Nos cambiamos de ropa, cerca de un descampado escondidos para que no nos vieran el culetillo 😉 y a la hora convenida estaba esperando el hombre en la puerta del alojamiento.

Sobre las 18:30 llegamos a la estación. Se estaba haciendo de noche y empezaron a salir una cantidad ingente de mosquitos. Desde que estábamos en la India no habíamos visto tantos mosquitos juntos. Encima para dar un poco más por saco, el tren llegó con hora y media de retraso.

Montados en nuestro último tren en la India, volveríamos a vivir una situación un tanto desagradable.

 

B.F.F.F.

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