Kampong Cham y Kampong Thom, Camboya

El Palacio Real en Phnom Penh en Camboya.
Llegada a Phnom Penh, Camboya
Un hombre barriendo el templo de Angkor Wat en Siem Reap, Camboya.
Siem Reap Parte 1, Camboya
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Kampong Cham y Kampong Thom, Camboya

Las ciudades de Kampong Cham y Kampong Thom, situadas hacia el nordeste de Camboya. Están separadas de la capital por tan sólo 120 y 200 kilómetros, aunque salvar esta distancia lleva más de 4 horas. Son dos ciudades apartadas de lo turístico, pero que poseen unos templos que bien valen una buena visita. Además la carretera es una de las que se encuentra en mejores condiciones en este país.

A la mañana siguiente, el maldito despertador suena a las 5:15 de la MADRUGADA!!! Recojo lo poco que había sacado de la mochila y bajo a recepción para hacer el check-out y que me acercasen hasta la estación de autobuses, que estaba apalabrado anteriormente. Pero cuál es mi sorpresa, que me dicen que no me llevan, que si quiero tengo que pagarlo y encima me cobran 2 $ de más por la habitación. Menos mal, que tenía el mail impreso de la reserva que hice para la primera noche, en la que ponía todo muy bien detallado. Así que no les quedó más remedio que dar su brazo a torcer.

Al llegar a la terminal, como todavía quedaba tiempo para que saliera el autobús, fui por curiosidad a mirar los precios de los billetes, y cómo no, me habían estafado en el hotel. El billete que costaba 4 $, me lo habían hecho pagar a 8 $. Yo creo que esa era la razón por la que al hacer el check-out, me querían cobrar de más. A este pardillo que se la hemos metido con el billete del bus, se la metemos con todo. Pero como ya había descansado después del largo viaje, mis sentidos estaban alerta y no iba a pasar ni una más.

 

La compañía que hace el recorrido es Sorya Transport Company y la parada está al lado de la esquina suroeste del mercado central. Para la hora que era, estaba atestado de gente. El autobús es un poco antiguo, pero los asientos son bastante cómodos, y aunque tengo un pasajero a mi lado, la ventaja es que como no son gente muy grande, sino más bien todo lo contrario, el sitio era confortable para los dos.

La carretera número 6, está bastante bien. El trayecto no se hace nada pesado. A mitad de camino, hace una parada en el pueblo de Skuon. Bajo para estirar un poco las piernas y comprar algo para picar. La parada está en medio de un mercado, voy a ver que puedo coger, y no doy crédito a lo que ven mis ojos. Había cestas de mimbre bastante grandes, llenas de cucarachas, gusanos, saltamontes, arañas, ….., todos fritos y con algo aliñado. Aunque los saltamontes son el manjar preferido por el resto del pasaje, yo prefiero ir a lo seguro y me cojo unos plátanos y una botella de agua, 2.000 R.

 

Kampong Cham

Todavía un poco anonadado por lo que acababa de ver, continuamos el viaje hasta Kampong Cham, pero desviándonos por la carretera 7, que sigue estando en muy buen estado. Dos horas y media después de la salida, llegamos a destino. Como no, a la salida del autobús hay decenas de personas ofreciéndote sus servicios, alojamientos, restaurantes, ….. Empiezo a hablar con un chico joven y enseguida llegamos a un acuerdo. 2.000 R. por llevarme a un hotel y luego 3 $ por ir a los sitios que quería ver. El hotel al que me lleva es el Mekong Hotel, aunque no es ninguna maravilla, las habitaciones son grandes, más o menos limpias y con una buena cama, así que no doy más vueltas y por 10 $ decido quedarme allí mismo.

Tras asearme un poco, bajo a la recepción y allí estaba el chico esperándome. El primer templo que voy a ver es el de Nokor Bachey. Está situado a sólo 2 kilómetros del centro del pueblo. Son un grupo de templos budistas, la mayoría derruidos, de mediados del siglo XI, construidos durante el reinado de Suryavarman II. La entrada cuesta 2 $, aunque el policía que estaba en la entrada me dice que son 3 $, pero como esta vez ya me había enterado antes de ir, no cuela. Se lo digo, y el hombre se hecha a reir, como que era una broma. Podría haber colado si hubiese sido el primero, pero llegaba tarde.

 

Con la entrada de Nokor Bachey, también está incluida la visita al Phnom Pros y Phnom Srei, mi siguiente parada. Son dos templos construidos en lo más alto de ambas colinas. También se les conoce como la colina del hombre y de la mujer. Hay unas vistas excepcionales desde lo alto. En Phnom Pros, hay un montón de monos dando vueltas por los alrededores a la espera de que se les de algo de comer. Para llegar a lo alto de Phnom Srei, hay que subir 270 escaleras con casi un 90 % de humedad y el sol cascando de lleno. Una vez arriba, sólo deseas dejarte caer en el suelo y que le den por saco a los templos. Aunque hay que reconocer que son muy bonitos y el esfuerzo merece la pena.

Hay una leyenda que dice, que la construcción se debió a una apuesta entre las mujeres y los hombres del pueblo. Ellos cansados de tener que pedir la mano de su futura mujer a los respectivos padres, les propusieron a ver quien construía la montaña más alta en una noche. Las mujeres aceptaron, y en mitad de la noche como veían que ellas no iban a poder ganar, decidieron encender una hoguera para engañar a los hombres. Estos se creyeron que era el sol amaneciendo y se fueron a dormir tranquilos sabedores de que habrían ganado por su mayor fuerza. Pero las mujeres siguieron hasta el alba y consiguieron hacer una montaña mucho más alta que la de ellos. Por eso Phnom Srei es más alta y los hombres siguen pidiendo la mano de la mujer antes de casarse.

 

 

Después del palizón que me había pegado, volví al pueblo, y me metí un poco en internet, en una tiendita que tenía un ordenador con la rapidez de un Spectrum. Dí una vuelta por el pueblo, que básicamente no tiene nada más que observar la vida cotidiana de los lugareños y de ahí al hotel a cenar y a dormir.

Había quedado con el chico  que me hizo de transporte por los templos, para que a la mañana siguiente me recogiera en el hotel y me llevara a la estación de autobuses para irme dirección a Kampong Thom.

Kampong Thom

A las 7:15 de la mañana, tenía al chico de la motodop, que es como se llaman aquí a los «taxi-moto», esperándome en la puerta del hotel. Le doy los 2.000 R. acordados el día anterior y una propina por lo bien que se lo ha currado durante mi estancia en Kampong Cham.

El autobús es uno que va a Siem Reap, pero que hace parada en Kampong Thom, donde yo me apeo. El billete sale por 26.000 R. Es de la misma compañía y de las mismas características que el otro. Hace también una parada intermedia para descansar, y otra obligada a 40 kilómetros del destino para arreglar algo del motor. A la llegada al pueblo, tres horas y media después, sucede otro tanto de lo mismo, un montón de gente ofreciendo sus servicios. Llego a un acuerdo con otro chico y su motodop, por 7 $. Llevarme hasta un hotel, recorrer la ciudad e ir hasta los templos de Sambor Prei Kuk.

 

El hotel elegido es el Arunras, está en el medio del pueblo, al lado de la carretera principal, lo que hace que sea un poco ruidoso durante el día. Aunque las habitaciones estaban correctas y por 9 $ la noche, tampoco se podía pedir mucho más. El hombre de recepción era un poco antipático, pero como no había ido a hacer amigos tampoco era algo que me importase mucho. Dejo la mochila en la habitación y de seguido bajo para irnos directos hacia los templos de Sambor Prei Kuk.

 

 

Las ruinas de estos templos, están situadas a 35 kilómetros de la ciudad. Y la carretera que me estaba asombrando por lo bien asfaltada que estaba, fue pensarlo y en 500 metros, convertirse en un terreno lunar. Había cráteres por todos lados. Aunque el paisaje lleno de arrozales, con los campesinos trabajando, los búfalos de agua y los niños jugando, hacían que la carretera quedase en un segundo plano. Tras 1 hora y con las almorranas anestesiadas, llegamos a los templos. La entrada cuesta 3 $. Me vienen unos cuantos guías oficiales, pero declino su ofrecimiento, ya que prefiero hacerlo tranquilo por mi cuenta, y con el libro que llevo, me vale para hacerme una idea sobre cada templo. Pero una vez dentro, había un chico que no dejaba de seguirme. Le digo que gracias, pero que no quiero guía, y él me dice que no me preocupe, que no me va a cobrar, que sólo quiere hablar con los turistas para aprender inglés, porque su ilusión es trabajar en un buen hotel de la capital cuando sea un poco más mayor. Le explico que no ha elegido a la persona más idónea para practicar la lengua de shakespeare, pero como ve que me entiende y yo le entiendo a él, no le importa y nos hacemos todo el recorrido los dos juntos hablando. De vez en cuando, él me explicaba alguna curiosidad de cada templo.

 

Los templos, son los más antiguos de Camboya que se mantienen en pie. Son de principios del siglo VII, anteriores al periodo Angkor. Están bien e impresiona verlos, ya que están en medio de la selva, y muchos están literalmente comidos por los árboles. Pero tengo que reconocer que me esperaba más por lo que había leído sobre ellos. Hay que seguir los caminos y no desviarse, ya que esta, es una de las zonas en las que más minas antipersona quedan (durante la época de la guerra civil, Camboya fue infestada de este tipo de minas, y hoy en día sigue habiendo miles de ellas sin explotar, pese a los esfuerzos por limpiar todas las zonas). Terminada la visita, me despido del chico y viendo que en ningún momento me pide nada de dinero, lo que me hace suponer que era verdad lo que me dijo, decido darle un par de dólares por la compañía y para compensarle los posibles desperfectos que le haya causado a su aprendizaje del inglés.

De vuelta por ese maravilloso paisaje, me coge la primera de las lluvias monzónicas desde que pisé el país. Es época para ello, aunque hasta ahora había tenido suerte. Pero la verdad es que se agradece por la humedad que hace, y además en 10 minutos está el cielo de nuevo completamente despejado. Un kilómetro al norte de la ciudad, me acerco hasta el Wat Kampong Thom, también conocido como Wat Indrisamavora, un templo y monasterio preciosos, en el que hay estatuas de Buda relatando su historia. En el recinto también viven unos cuantos monjes.

 

Ya en el hotel, me despido de mi motodop y sin tener muy claro que hacer al día siguiente, me quedo dormido casi nada más tocar la cama.

 

B.F.F.F.

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