La costa turca del Egeo, parte 1.

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La costa turca del Egeo, parte 1.

Didima en Turquía

La costa turca que baña las aguas del Mar Egeo, es una de las zonas costeras más bonitas del país. Desde la Península de Bodrum, donde se codean los grandes de la jet set, pasando por Didima con su maravilloso templo de Apolo o la ciudad antigua de Mileto con su impresionante teatro, hasta la turística y masificada Kusadasi, con uno de los puertos de cruceros con más actividad de la zona y el Parque Nacional de Dilek a escasos 25 kilómetros al sur. Aunque si algo sobresale en esta zona, son los restos grecorromanos mejor conservados de toda Europa en la ciudad clásica de Éfeso.

Aprovechando la maravillosa playa que teníamos al lado, desayunamos en el restaurante del camping en unas cómodas hamacas, mientras nos pegábamos unos refrescantes baños con el sol empezando a despuntar. Recogimos la tienda y pasamos buena parte de la mañana disfrutando de la playa.

Península de Bodrum

Nuestro siguiente destino era la Península de Bodrum, algo más de tres horas y media para unos 230 kilómetros. Los paisajes, al igual que las penínsulas anteriores que habíamos ido dejando atrás, no tienen nada que envidiar. Cada dos por tres bajábamos a sacar fotos y aprovechábamos para darnos unos chapuzones. En una de las paradas, cuando íbamos al agua, se nos acercó un lugareño que estaba sentado en una silla, diciéndonos que aquello era privado y que si queríamos dejar allí el coche le teníamos que pagar 20 LT. Sin decir ni mú, nos metimos de nuevo en el coche y lo dejamos 20 metros más arriba al lado de la carretera. Bajamos de nuevo a la playa y le saludamos al hombre muy cordialmente, aunque por su cara no parecía muy contento.

Pasamos Bodrum, un pueblo super turístico que a nosotros nos recordó un poco a Ibiza, y seguimos hasta la esquina de la península, a Gümüslük. Aquí se veía que la gente también manejaba bien de dinero por las casitas y los «pequeños» yates que se veían, pero a diferencia de Bodrum, había una sensación de paz y de relax muy agradable. Fuimos hasta el fondo del pueblo, atravesando un montón de restaurantes cuyas especialidades eran el pescado y el marisco (a unos precios un tanto elevados), y llegamos a una pequeña cala de piedras en donde pasamos el resto de la tarde.

 

Cuando salimos de la cala, preguntamos en unos cuantos sitios para dormir, pero los precios eran prohibitivos. Lo más barato que encontramos no bajaba de las 160 LT y era un auténtico cuchitril. Así que no nos quedó más remedio que volver hacia Bodrum y buscar un camping. Pero eso no iba a ser tan fácil. El gps, nos llevaba a una zona en la que no había nada más que una carretera, y la gente a la que preguntábamos no tenía ni idea. También nosotros, preguntar por un camping en el centro del lujo y el glamour……aaaayyyyyy…..

Como veíamos complicado el pasar la noche por esa zona sin tener que poner punto y final a nuestras vacaciones, decidimos coger la carretera general y tirar hacia el norte, en donde confiábamos encontrar algún sitio. Pero ya estaba anocheciendo y seguíamos sin ver nada, hasta que casi a la desesperada y en lo que parecía un «hotel» de carretera, me bajé a preguntar a ver si tenían habitaciones libres. Sitio tenían porque allí no había ni Dios, salvo 4 personas sentadas en una mesa con unas cartas y decenas de botellas vacías de cerveza. Las pintas no eran muy halagüeñas y el sitio estaba en penumbra salvo una pequeña luz, lo que hacía que me vinieran a la cabeza los hoteles de El Resplandor y el de Norman Bates. La primera reacción que tuve fue la de darme la vuelta y salir corriendo antes de que nos cogieran y nos encerraran en una habitación para torturarnos, aunque pasada la paranoia, me acerqué hasta ellos y les pregunté a ver si era posible ver alguna habitación. No hablaba ninguno inglés, sólo turco, pero conseguimos hacernos entender. Cómo no, la primera impresión fue como suele pasar generalmente, la equivocada. No pudimos dar con gente más amable. Nos enseñaron la habitación, la cuál estaba muy limpia y era grande. En cuanto vieron a los niños estuvieron pendientes en todo momento por si necesitábamos algo. Nos sacaron hasta unas cervezas gratis para tomar con ellos mientras seguían jugando a cartas. Y aunque no tenían restaurante para cenar, también nos ofrecieron embutido que tenían y con algo que llevábamos nosotros en el coche, hicimos un apaño. Les metimos a los enanos a la cama, y mientras Usu y yo nos quedamos fuera a la luz de la luna llena, degustando una rica Pilsen que nos la habíamos merecido.

Como las camas no eran muy grandes, tuvimos la mala ocurrencia de juntarlas y así poder descansar mejor. Pero eso era la teoría, la práctica fue que me pareció haber pasado la noche como sparring de Mike Tyson en sus mejores tiempos. Patadas, codazos, puñetazos, ….. hasta un cacho de oreja llegué a creer que me faltaba. No hubo parte del cuerpo que no me la hubieran machacado entre Noa e Iker. Y la matriarca durmiendo como un tronco en la esquina contraria de la cama 👿

Didima y Mileto

Desayunamos dirección Didima, en donde pudimos ser testigos del excepcional y bien conservado Templo de Apolo. Fue el segundo más grande del mundo por detrás del de Artemisa en Éfeso. Tenía 122 columnas, y para las condiciones en las que suelen estar, la verdad es que estaba bastante bien conservado. La entrada cuesta 15 LT.

 

A 5 kilómetros escasos de las ruinas, se encuentra la playa de Altinkum. Es muy normalita y está atestada de gente. Debe ser un sitio muy frecuentado por turistas ingleses. Y eso se deja notar en el estilo de las tiendas y los bares. A nosotros no nos gustó mucho. Nos dimos un baño y poco más. Y aprovechando que estábamos en guirilandia, y que a los enanos se les hicieron los ojos txiribitas al verlo, paramos a comer en un Burguer King. 2 menús de niño, 2 normales y unas alitas de pollo por 60 LT.

Nuestra siguiente parada era la ciudad antigua de Mileto. Como Noa se había quedado dormida después de la «suculenta» comida, Usu se quedó en el coche con ella, mientras Iker y yo nos fuimos a explorar las ruinas. Entramos al Gran Teatro por unas escaleras medio derruidas en un lateral y llegamos hasta la parte de arriba, desde donde hay unas preciosas vistas. Aunque en la antigüedad fue una gran ciudad, ahora se encontraba tranquila y solitaria entre campos de cultivo. El teatro estaba muy bien conservado y no había prácticamente nadie, lo que hace que merezca la pena la visita. Cuando ya nos íbamos, fuimos hasta una zona donde estaban los baños y resulta que allí se cogían los tickets para poder acceder a las ruinas. Pero ya que le íbamos a hacer….. La entrada eran 10 LT así que tampoco fue para tanto 😉

 

Kusadasi

Sobre las 16:00 pasamos por el Parque Nacional de Dilek, pero como cerraban a las 19:00, decidimos dejarlo para el día siguiente, así que seguimos hasta el pueblo de kusadasi, que sería nuestro enclave durante los dos días siguientes. Encontramos el Onder Camping, en el medio de la ciudad y con muy buenas instalaciones, además tenía un par de piscinas perfectas para los enanos. Estaba cerca de la avenida principal y a pocos metros de la playa. Cuando nos estaba llevando el gps ya creíamos que se había vuelto a confundir. 60 LT por dos noches. El pueblo era muy turístico, como todos por los que ya estábamos pasando. Tenía uno de los puertos de cruceros más importantes del mediterráneo y eso se notaba en la cantidad de turistas que había por la ciudad. Pero aún así, tenía su encanto.

Estuvimos lo que restaba de tarde disfrutando de la piscina, y al atardecer nos preparamos y salimos a dar un paseo. Cenamos en un restaurante al lado de la playa desde la que había una preciosa puesta de sol. Cogimos un par de platos de spaguettis enormes, una ensalada más grande todavía y un par de bocatas raros especialidad de la casa, con agua, por sólo 57 LT. Era muy barato para ser tan turístico.

 

De vuelta al camping, por fin conseguimos hinchar el colchón que habíamos llevado para dormir. Unos chicos de la tienda de al lado nos dejaron un inflador de coche que tenían. No estaba mal 15 días después. Esta vez como majarajás y cada uno en su sitio, disfrutamos de meternos en la tienda en vez de en la cama….. por lo menos yo.

 

B.F.F.F.

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