Llegada a Kristiansand (Noruega) y vuelta a casa

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Llegada a Kristiansand (Noruega) y vuelta a casa

Luna llena en la playa de Kristiansand en Noruega.

Poco a poco, toca despedirnos de este maravilloso país llamado Noruega. Atravesamos la parte sur, para llegar hasta Kristiansand, en donde cogeremos el ferry de vuelta a Hirtshals en Dinamarca. Hastiados un poco del tiempo y sabedores de que después nos quedaban unos días más de asueto en Chiclana, decidimos pegarnos el palizón y atravesar todo Europa del tirón. Un día de playa con SOL y unos montaítos con una cañita fresca, al lado de la familia (paterna), que hacía más de 4 meses que no la veíamos, bien merecía el esfuerzo.

Salimos de Bergen por la E16 hasta Bruvarik, donde hace 10 años había un ferry para atravesar el fiordo, pero esta vez, llegando, nos encontramos con un túnel larguísimo, en cuyo interior había una rotonda para seguir diferentes direcciones, y cuando cogimos la nuestra, hacia Oddam, salimos a un puente enorme que atravesaba todo el fiordo con unas vistas espectaculares. Se llamaba Hardanger bridge y resulta que era el puente colgante más largo de Noruega. El cruzarlo costaba 150 NOK.

 

Seguimos por la carretera 13, pegada al fiordo Sorfjorden uno de los brazos del Hardanger. Al igual que los demás fiordos, deja unos paisajes a cada cuál más bonito. Paramos a comer, aprovechando que el cielo está soleado, en unas mesas que hay el lado del fiordo. Casualidad había otra pareja allí comiendo y resulta que eran de Barcelona. Estuvimos un rato hablando con ellos, y la chica nos comentó que el mes de julio debe de ser muy lluvioso. Algo que nosotros ignorábamos, pero que puede ser cierto, porque la anterior vez que estuvimos, fue en agosto y no nos hizo tan malo.

Atravesamos un par de peajes de 43 NOK cada uno en Bolstad y Skare. En Tyssedal, está el desvío para el Trolltunga, la tan conocida lengua de piedra que se asoma al fiordo. Pero son 23 kilómetros entre ida y vuelta, unas 12 horas, y aunque Iker y Noa son unos titanes, queremos que puedan seguir viendo mundo que todavía son muy jóvenes 😉 , por lo que esto quedará para el próximo viaje a Noruega, dentro de otros 10 años.

Pasado Odda, población en la que termina el fiordo Sorfjorden, unos 15 kilómetros más al sur, nos damos de lleno, en la misma carretera, con las cascadas Latefossen. De lo alto de la montaña, la caída del agua, se bifurca en 2 y con un estruendo enorme, pasan por debajo de un puente hasta desembocar en el río adyacente. Son preciosas, y como ahora estaba el sol, hay momentos en los que se puede apreciar el arco iris. Nos sacamos unas cuantas fotos haciendo el tonto y decidimos que ya es hora de buscar alojamiento. Son las 20:00 y ya va siendo hora.

 

En el pueblo de Roldal, encontramos el Seim Camping. Es muy básico, pero la situación es excepcional. Está en el fondo de un valle, rodeado de montañas nevadas, con un lago al fondo y los típicos fardos de paja. Aunque parezca increíble el cielo está completamente despejado. Ponemos de cenar cosas de picoteo que nos habían ido sobrando y nos tomamos unos cafés calentitos, con unos sobres que habíamos traído de Indonesia.

Damos una vueltilla, para disfrutar del maravilloso paraje y vemos que hay una cuerda de las de equilibrio. Pues allí que nos pasamos casi una hora como si estuviéramos en el circo. Sin darnos cuenta, nos habían dado las 00:00 de la noche. Como no teníamos ninguna prisa por levantarnos tampoco nos importaba.

Tras una preciosa «noche» estrellada de luna llena, reflejándose sobre el lago y la nieve, nos despertamos casi a las 11:00 de la mañana. El espejismo del tiempo que hizo el día anterior, desaparece, y volvemos a la realidad de la última semana. Está todo cubierto y lloviendo sin parar.

Después de desayunar, recogemos la tienda como podemos, ya que está empapada y montados en el coche nos dirigimos hacia Kristiansand, donde dormiremos la última noche, para a primera hora del día siguiente coger el ferry.

El trayecto, a través de la carretera 9, pasa por un montón de pistas de esquí y lagos en altura. Se ve a un montón de familias disfrutando de actividades al aire libre. El mal tiempo parece que no les condiciona, pero es lógico, porque sino se pasarían más del 90% de los días metidos en casa. Los altos montes escarpados y nevados, dejan paso a unas llanuras verdes, con lagos y ríos a ambos lados de la carretera. Paramos a comer aprovechando el buen tiempo que hace una vez pasadas las montañas. Sacamos la tienda de campaña, y la extendemos al sol para que se seque.

 

En este punto, teníamos que decidir si nos acercábamos hasta el Preikestolen, la formación rocosa que se eleva más de 600 metros sobre el fiordo Lisefjord y que en tantas fotos hemos visto. Hacía 10 años, habíamos hecho la subida de más de 2 horas con un día malísimo, con la esperanza de que una vez arriba despejara y puediésemos ver algo, pero lo único que conseguimos fue una calada inmensa. Esta vez, llevábamos unos cuantos días mirando el tiempo que iba a hacer en esa zona, y no era nada halagüeño. Así que con la experiencia anterior, y con Iker y Noa todavía pequeños, decidimos dejarlo junto con el Trollstigen, para dentro de 10 años.

 

Kristiansand

Sobre las 17:00, llegamos al pueblo de Kristiansand. Es bastante grande, comparado con los pueblillos que llevamos atravesados. Es uno de los destinos de playa para los noruegos, por lo que hay bastante turismo interno. Nos acercamos hasta uno de los campings que hay cerca de la playa y aprovechar lo que queda de día en ella, Feriesenter Camping, pero cuando estoy haciendo el check-in, la chica me dice que la barrera para los coches no se levanta antes de las 7:00, y  eso era un problema para nosotros, ya que a las 6:45 cogíamos el ferry. Nos vamos en busca de otro, que habíamos visto a las afueras del pueblo al lado de una playa preciosa, el Hamre Family Camping. Entro a preguntar, y otro tanto de lo mismo. Así que viendo que no lo íbamos a tener fácil, optamos por acampar cerca de la playa. Había un par de tiendas más, así que se supone que estaría permitido.

 

Nos pasamos lo poco que queda de sol en la playa, paseando, jugando a voley-playa y los enanos en unos columpios chulos que había al lado. También había duchas y baños para después del día de playa. Todo muy limpio y bien cuidado, además de gratis, algo un tanto sorprendente para este país.

Cuando ya estábamos prácticamente sólos, empezamos a preparar la cena y seguido nos fuimos a dormir.

A las 5:30 nos levantamos, recogemos todo y mientras vamos hacia el ferry, vemos una preciosa luna llena muy baja, al lado de los montes, mientras por el lado contrario, el sol comenzaba a despuntar. Embarcamos y a la hora en punto se pone en marcha. 2 horas después llegamos a Hirtshals. Llenamos el depósito a 1.09 €/L. Otra vez precios más o menos normales. En unos campos de trigo, paramos a desayunar, ya que al habernos levantado tan pronto no nos había dado tiempo, y de nuevo en el buga, atravesamos media Europa.

 

Paramos unas horas a dormir en una gasolinera, porque el cuerpo ya no daba más de sí, y 28 horas después estábamos abriendo la puerta de casa para coger la ropa de verano. Por el camino, habíamos decidido entre los cuatro, tirar de seguido para Chiclana. Así que, con una hora para el avituallamiento, volvemos al coche para hacer otros 1.000 kilómetros. Sabíamos que nos acercábamos al sol y al relax. Y como se suele decir, «sarna con gusto no pica».

 

B.F.F.F.

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