Llegada a Phnom Penh, Camboya

Ruta del viaje a Camboya y Laos.
Viaje a Camboya y Laos
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Llegada a Phnom Penh, Camboya

El Palacio Real en Phnom Penh en Camboya.

Tras una escala en Qatar y otra en Bangkok, en la que aproveché para ir hasta el centro a recordar los buenos momentos vividos unos años atrás, llegué a Phnom Penh. Esta primera semana iba a ser un tanto cultural, acercándome hasta pueblos prácticamente sin viajeros, para conocer los templos más representativos y así ampliar mis escasos conocimientos sobre la cultura Jemer.

Comienza el viaje

Después de una semana de muchos nervios, se acercaba el día de la marcha. Era la primera vez que iba a viajar sólo y además a dos países de los que no conocía prácticamente nada. El dejar a la familia sola durante un mes, también era otra de las preocupaciones que rondaban por mi cabeza. Pero como se trataba de un nuevo proyecto en mi vida, no había más remedio que tirar hacia adelante. Por lo menos había tenido suerte, y lo que en un principio iba a ser un mes recorriendo Camboya y Laos solo, al final Edu, un buen amigo, que tenía vacaciones y le apetecía hacer un viaje de estos, se animó a venir las últimas tres semanas, con lo que solo estaría una semanita sin compañía.

A las 8:30 salía el primer vuelo dirección Madrid, así que para las 5:00 ya estaba levantado y preparado con los nervios a flor de piel. Lo que hace la experiencia. Ahora, para cualquier viaje que hagamos a cualquier lugar del mundo, la maleta la hacemos la noche anterior y muchas veces hasta por la mañana antes de irnos.

La noche anterior me había fijado que mi vuelo a Madrid, llegaba a la terminal 4 a las 9:35 y el siguiente con destino a Qatar, salía de la terminal 1 a las 10:55, con lo que tenía hora y veinte para llegar de una terminal a otra, contando con que el primer vuelo no se retrasara. Así que, si había pocos nervios, ahora estaban incrementándose con la posibilidad de que perdiera el vuelo inter-continental.

Tras las pertinentes y tristes despedidas, el vuelo sale a su hora. En el trayecto fui charlando con dos señoras que estaban a mi lado y la hora escasa de vuelo se hizo en un pis pas. Les conté a las señoras lo que me pasaba con la conexiones, y en cuanto aterrizamos y el avión se situó en el finger, no se les ocurrió otra cosa que empezar a gritar: «dejen paso al chico, que tiene prisa, que pierde otro avión,…» Yo, más rojo que un tomate, llegué a la salida el primero como si fuera la ambulancia y los coches se fueran apartando. Les dí las gracias a las señoras y al resto del pasaje por el gesto, y como alma que lleva el diablo, me lancé a la salida de la terminal para coger un taxi que me llevara hasta la T1. Como la ley de Murphy siempre actúa en los peores momentos, la puerta de salida a mi me pareció que estaba como a 15 kilómetros de distancia. Con la lengua fuera y sin parar de mirar el reloj, llegué a la parada de taxis. Pero ahora me encontraría con otro problema y es que el trayecto entre una terminal y otra es muy corto, por lo que a los taxistas que llevan esperando allí todo el día, no les merece la pena hacerlo. Así que uno tras otro, fueron pasando de mí como si no existiera. Hasta que llegó un momento en el que con los nervios que tenía exploté y un chico se acercó a mí y me dijo que me tranquilizase, que él me llevaba. La carrera fueron 16,30 €, por 10 minutos escasos, pero por lo majo que fue le dejé 20 € y tras agradecerle el gesto, volví a salir pitando. Me había dejado al lado de donde se facturaba con la aerolínea Qatar Airways, la mía. A las 10:20 estoy en el mostrador. Me dice la chica que he tenido suerte, porque estaba a punto de cerrar. Me da la tarjeta de embarque, paso el control de pasajeros, y llego al avión cuando ya no quedaba nadie fuera. Estaban ya todos montados. La azafata me corrobora la suerte que he tenido, porque les han llamado por el talkie para decirles que esperaran unos minutos que estaba llegando un pasajero. Voy a mi asiento y dejándome caer como un fardo, por fin puedo respirar tranquilo y relajarme.

El avión sale a la hora en punto. Mi tardanza no ha hecho demorar la salida del vuelo. Con el estrés de la llegada, no me había percatado de que estaba sólo en los dos asientos. Así que las 7 horas de viaje son un lujo, pudiendo estirar las piernas e incluso tumbarme un rato para echar una cabezadita. De los vuelos que llevaba cogidos para ir a Asia, con Lufthansa y Air France, este sin duda se llevaba la palma. Aunque en años posteriores Emirates cogería el primer puesto. La atención es una maravilla, la comida es rica y abundante y además en la parte trasera hay sandwiches y piscolabis de continuo por si se tiene hambre.

La escala en Doha es de 1 hora y media. El aeropuerto es muy normalito y simple, por lo menos la zona de tránsito. Hay bastantes tiendas de las que ni con los dos riñones te puedes comprar un simple pañuelo para los mocos, y coches de mega lujo en el medio de los pasillos, para sacarles unas fotos y poco más. La sensación, es que se trata de un aeropuerto de tránsito, ya que de todos los que salimos del avión, sólo dos personas fueron hacia el control de pasaportes, el resto, nos dirigimos hacia las distintas puertas de embarque para tomar la siguiente conexión.

 

 

El vuelo Doha – Bangkok, también sale a la hora y es igual de placentero que el anterior, con la única diferencia de que ahora estoy justo al lado del baño y puedo estirar completamente las piernas hacia delante. Tras otras siete horas de vuelo, aterrizamos en el aeropuerto internacional de Bangkok, Suvarnabhumi.

Como tenía 7 horas de escala hasta el próximo vuelo (jod… con el número 7), y no me apetecía estar parado sin hacer nada, opté por coger un autobús que me llevara hasta el centro. Costaba 150 THB cada trayecto. Lo bueno que tiene Tailandia es que no es necesario visado, así que con pasar el control, te ponen un sello para coleccionar en tu pasaporte y ya estás dentro del país, sin necesidad de pagar nada.

El llegar al centro en hora punta es un auténtico infierno, tardé más de 2 horas en hacer sólo 30 kilómetros. La A-8 con 7 accidentes de camiones va bastante más ligera. Como no podía arriesgar a que la vuelta fuese incluso aún peor, recorrí un poco el centro de Bangkok, la zona de Khao San Road y poco más. Comí algo, me metí un poco en internet para decir que ya había llegado y de vuelta a la parada del autobús para ir al aeropuerto.

Llegada a Phnom Penh

Esta vez, el vuelo era con la aerolínea de bajo coste Air Asia. Todo sin problemas salvo por el volumen de la música que ponen de fondo. En una hora y viente minutos estaba aterrizando en Phnom Penh. Me dirijo hacia el control de pasaportes, y esta vez si es necesario visado, pero se puede hacer allí mismo. Había leído que se debía llevar un par de fotografías de carnet, y yo muy aplicado así lo había hecho, pero sin darme cuenta, las había facturado con la mochila. Así que allí me encontraba yo, en la fila, esperando y acojonado por si me ponían alguna pega para entrar. Cuando es mi turno, les comento lo que me pasa y me dicen que no hay problema, que lo solucionan fácilmente con una webcam que tienen allí mismo. Eso sí, previo pago de 1 dólar más. En total 20 dólares del visado y 1 de la foto (ahora el visado a Camboya a subido hasta los 35 dólares).

Como en todos los viajes que hacemos, el primer hotel lo tenía cogido de antemano con recogida en el aeropuerto. Era el River Star Hotel, situado al lado del río Mekong y muy cerca del Royal Palace. La noche salía por 30 dólares. Aunque la moneda camboyana es el Riel, para el alojamiento y los transportes todo se paga en dólares. Hasta los cajeros dan el dinero en dólares. En la parte de fuera de la terminal hay un cajero en el que se puede sacar sin problemas.

El hotel no es que sea de una calidad exquisita, pero para lo que ofrece esta ciudad y a los precios que están los alojamientos, era bastante decente. Tras dejar todo y viendo que si me tumbaba ya no iba a haber quien me levantara, salí a la calle y negocié mi primer tuk tuk del viaje para dar una vuelta por la ciudad y hacerme un poco a ella, ya que la idea era dejar la visita para cuando viniera Edu y yo al día siguiente me iría hacia el norte a ver diferentes templos. Por 8 dólares, estoy un par de horas con él de un lado para otro. Con el paso de los días, vería que el precio que había pagado era excesivo, aunque de buenas a primeras me hubiese parecido baratísimo.

 

De vuelta en el hotel, me pedí para cenar, un plato de arroz con pollo y huevo frito por 2 $, y una cerveza Angkor de 600 ml. por 2,5 $.

Como al día siguiente me quería ir hacia Kampong Cham, les pregunté a los chicos de recepción, donde estaba la estación de autobuses para coger el billete. Ellos muy amables, me dijeron que no era necesario, que allí mismo lo vendían, y tras darles los 8 $ que en teoría costaba el billete, me fui a la cama a descansar, ya que llevaba 35 horas casi sin dormir y me tenía que levantar a las 5:30 para coger el autobús. Al día siguiente me enteraría que me habían engañado, pero es lo que tiene el cansancio y el llegar a un país nuevo. Eso sí, sería la última vez que caería en ninguno de sus engaños.

 

B.F.F.F.

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