Acercándonos a los fiordos noruegos

El sol de medianoche en Jokkmokk en Suecia.
De Cabo Norte (Noruega) a Jokkmokk (Suecia)
El fiordo Geiranger desde el mirador de Ornesvingen en Noruega.
El fiordo Geiranger y sus alrededores
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Acercándonos a los fiordos noruegos

Fiordo Geiranger desde el mirador de Flydalsjuvet en Noruega.

Tras un largo camino, con más paradas intermedias, conseguimos llegar a los tan esperados fiordos noruegos. El clima no nos acompañará mucho, pero la espectacularidad de los paisajes, hará que la lluvia y el frío quede en un segundo plano. Cascadas, glaciares, lagos, fiordos, bosques, renos, ……., conseguirán que este viaje quede grabado en nuestra memoria para siempre.

Con las tecnologías de hoy en día, y sobre todo, con la limitación a la estafa que de vez en cuando ponen a las grandes multinacionales, como había comentado anteriormente, tenemos internet continuado en el móvil. Al mirar el tiempo que hace a donde nos dirigimos, vemos que Noé debía andar por allí ultimando los preparativos de su viaje. Así que viendo que se ha levantado un día muy chulo, decidimos quedarnos la mañana a disfrutar del camping y la piscina.

Desayunamos tranquilamente, mientras los enanos se van a la pisci a jugar. Usu y yo, recogemos todo para que luego no nos de pereza. Luego, nos vamos a aprovechar el que será último día de baño en estas vacaciones. A las 12:00, cuando en teoría nos echarían de una patada en el culo del camping, ponemos rumbo hacia los fiordos.

 

Con pocos kilómetros andados, la piscina hace efecto, y nos entra un hambre de la leche a todos, así que aprovechando las magníficas paradas que hay, pegadas a miradores excepcionales, nos detenemos junto a un lago a comer. Sacamos todos los bártulos y nos preparamos unas suculentas albóndigas suecas, estilo las de ikea, que habíamos comprado en un supermercado de por aquí, y que a los críos les encantaban. Cómo no, con un lago tan maravilloso y todavía luciendo el sol, aprovechamos a refrescarnos un poco en el lago, salvo Iker que se tira como un titán de cabeza y se pone a nadar.

 

Recogemos todo y seguimos el camino, que prácticamente no ha hecho más que comenzar. Al de pocos kilómetros se pone a llover y esa lluvia no nos abandonará en todo el camino, habiendo momentos en los que había que ir sumamente despacio, porque con la cantidad de agua que caía, los limpiaparabrisas no daban a basto. Teníamos pensado haber parado en Ostersund a dormir, pero como no paraba de llover, y viendo que todavía seguía sin hacerse de noche, decidimos seguir hasta Noruega.

Roros

Atravesamos la frontera por enésima vez, y sobre las 23:30, cansados y aburridos, decidimos parar en el primer pueblo que vemos, Roros. Buscamos un camping, y a las afueras hay un par de ellos. Nos metemos en el primero que vemos, Haneset camping. Vamos a buscar la recepción, pero a esas horas está cerrada, así que lo dejamos para mañana. Aunque ahora sólo chispeaba, el suelo estaba empapado, con un montón de charcos, por lo que decidimos que montar la tienda era imposible, así que deberíamos sufrir otra vez dentro del coche. Pero esta vez hubo cambios, como no podíamos sacar las cosas fuera porque estaba todo mojado, optamos por, Iker tumbado en el maletero encima de todo, Noa y Usu en los tres asientos de atrás tumbadas, y yo de costado en los de delante. Mirar para atrás y verle a Iker, casi pegando las narices contra el techo, era para morirse de la risa.

Aunque el dormir fue mucho mejor que en Cabo Norte, cosa no muy difícil, no conseguí coger postura en toda la noche, por decir algo, ya que allí seguía sin anochecer. Estaba más oscuro, pero no totalmente. Noa y Usu, ni tan mal, pero el desgraciado de Iker, del que no paramos de reirnos en toda la noche, resulta que fue el que mejor durmió. Hasta el punto de querer repetir la experiencia en los días venideros. Lógicamente, con esas posturas, nos despertamos pronto. Eran las 7:00 y ya estábamos preparando todo para seguir camino. Fuimos de nuevo a recepción a pagar la estancia, pero había un cartel, en el que ponía que no habrían hasta las 9:00. Así que con mucho dolor en nuestro corazón, nos despedimos de ese camping sin pagar. Tampoco es que hubiéramos hecho mucho uso de sus instalaciones, salvo un cachito de terreno para aparcar el coche.

 

Durante la noche, leyendo un poco para quedarme dormido, había visto que el pueblo en el que habíamos parado, Roros, había sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Así que aprovechando que no llovía, y después de meternos un cola-cao calentito con galletas, nos fuimos con el coche a visitar el pueblo. Hay OTA en todo el pueblo, pero si se aparca justo en la parte de abajo, al lado del río, hay unas zonas que no tienen. El pueblo es precioso, no es muy grande y se puede recorrer andando en un par de horas. La ciudad fue fundada en 1644, cuando se descubrió la existencia de mineral de cobre, y a lo largo de los años, Røros se ha convertido en unas de las ciudades mineras más importantes de Noruega. El diseño de sus calles, las casas de madera, los graneros, sus estrechas callejuelas, ……, todo sigue siendo tal y como cuando se formó la ciudad. Røros también es conocida, como una de las regiones más importantes en la producción de alimentos propios de la región.

Tras disfrutar de este pequeño pueblo que nos habíamos encontrado por casualidad, paramos en uno de los supermercados típicos de Noruega, un Rema 1000. Se nos desencaja la cara al ver los precios que se gastan. Compramos una caja de leche a 2 €, un paquete de patatas para picar a 6 € y 4 tajadas de salmón a 20 €. Menos mal que el salmón es típico Noruego, porque si llega a ser de importación, al banco a por un crédito. Llenamos también el depósito, a la económica cantidad de 1,40 €/l.

Valle de Romsdal y la carretera del Troll (Trollstigen)

Continuamos con ganas de llegar a la zona de los fiordos. Aunque el día no está muy despejado, por lo menos no llueve. Nuestra entrada será por el pueblo de Andalnes, y para llegar, atravesamos la carretera E136 desde Dombas. Esta carretera es un espectáculo visual, paralela al río Rauma, atraviesa el valle de Romsdal. El río está lleno de salmones, y se puede ver a los pescadores metidos hasta la cintura, con sus trajes y sus cañas. En una de las laderas, se encuentra la cascada Slettafossen, insertada en una profunda garganta de entre 30-40 metros. La cascada está asegurada por vallas a ambos lados y puede ser atravesada por un puente. También está la pared vertical de roca más alta de Europa, la Trollveggen. Aunque debido a su altura, más de 1.000 metros, a no ser que sea un día despejado, suele estar cubierta por niebla. Con estas maravillosas vistas, decidimos hacer un alto en el camino, para degustar otra fabada asturiana de lata, (qué ganas de llegar a casa para no comer precocinado casi todos los días). El sitio, espectacular, al lado de una iglesia, con los acantilados y las caídas de agua al fondo.

 

Con el buche lleno, llegamos a Andalnes. Cogemos dirección sur, para atravesar la carretera del troll. Tiene una pendiente del 9% y 11 curvas muy cerradas. En medio de la carretera, está la cascada Stigfossen, con 180 metros de altura y un ruido estruendoso del agua al caer sobre las rocas. Hay bastantes coches y el día está más o menos aceptable, pero al llegar arriba, cambia radicalmente, y en unos minutos se pone a llover otra vez sin parar. Desde aquí hay un mirador con unas vistas preciosas. Se aparca el coche, y pegado a la cafetería va el sendero hasta el mirador. Con todo lo que llovía y la niebla que había, no conseguimos ver gran cosa.

 

Al dejar la carretera del troll, se empieza a bajar lo antes subido, y se llega a Gudbrandsjuvet, un estrecho barranco de 5 metros y entre 20 y 25 metros de profundidad, por el que discurre el río Valldola. Hay unas cuantas pasarelas para admirarlo y al lado hay una cafetería y un restaurante, dirigido por un famoso chef noruego. Me imagino que a unos precios muy pero que muy económicos ;-). Siguiendo hacia el sur, y atravesando un montón de campos de cultivo de fresas, se llega a la población de Linge, en donde hay que coger un ferry para cruzar hasta Eidsdal, la puerta de entrada a uno de los fiordos más impresionantes del mundo, el Geirangerfjord. El precio son 73 NOK por coche y conductor y 30 NOK más por cada pasajero adicional. Salen cada poco tiempo, y en menos de media hora se está al otro lado.

 

Geiranger

Una vez fuera del ferry, cogemos la carretera conocida como Orneveggen o carretera del águila, desde donde se obtienen unas maravillosas vistas del fiordo Geiranger, y que comunica el pueblo del mismo nombre, con el de Eidsdal. El punto más alto, está en Korsmyra y se encuentra a 620 metros sobre el nivel del mar. El camino se abrió oficialmente el 15 de septiembre de 1955 y dio acceso por carretera durante todo el año. Llegando casi a Geiranger, está el mirador de Ornesvingen, desde el que se ve todo el fiordo, los barcos entrando, la cascada de las siete hermanas y la granja alpina Knivsfla. Aprovechando que llegamos un poco tarde y no había prácticamente nadie, sacamos unas cuantas fotos completamente solos.

 

Ahora tocaba buscar alojamiento entre tanta belleza. Y según bajábamos por la carretera que daba directa al pueblo, un par de kilómetros antes vemos una señal de camping, Gerfjorden Feriesenter Camping. Está en la mismísima orilla del fiordo. Sólo por eso, ya merece la pena el alojarse aquí. Vamos a preguntar y le quedaban pocas parcelas, cogemos una un poco alejada del mar, para ver si por la noche no pasamos mucho frío. El camping es muy básico. Zona para los baños, otra para fregar con un par de microondas y poco más. Pero es que con el sitio privilegiado que tienen, no necesitan más. El precio 250 NOK la noche. Bastante moderado para lo que es esto.

Ponemos la tienda, y al ir a preguntar a recepción sobre una ruta, vemos un cartel que ponía completo. Nos hemos salvado por los pelos. Estaremos un par de noches, ya que al día siguiente queremos hacer unas excursiones por la zona.

Cenamos en unas mesas que hay al lado del mar, y embobados mirando las altas paredes del fiordo, las cascadas caer sobre él y los barcos navegando, nos dan casi medianoche sin enterarnos. Tras un largo día y después de una noche no muy placentera, nos vamos a la cama con una sonrisilla en la comisura de los labios, sabiendo que el día siguiente nos depara cosas muy bonitas para disfrutar.

 

B.F.F.F.

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