Papa Noel y Cabo Norte (Nordkapp)

El río que atraviesa Rovaniemi en Finlandia.
De Oslo (Noruega) a Rovaniemi (Finlandia) atravesando Suecia
El sol de medianoche en Jokkmokk en Suecia.
De Cabo Norte (Noruega) a Jokkmokk (Suecia)
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Papa Noel y Cabo Norte (Nordkapp)

En la casa de Papa Noel en Rovaniemi, Finlandia.

Hoy íbamos a disfrutar de una de las razones que nos habían traído hasta estos parajes tan lejanos, poder ver a Papa Noel junto con Iker y Noa. Después, el camino nos llevaría hasta otra de las cosas más bonitas que se pueden ver en la faz de la tierra, el sol de medianoche. Que aunque no lo vimos al completo, pudimos llegar a disfrutarlo. Y como no, en soledad, como nos gusta a nosotros.

Tras una noche de nervios y casi sin dormir, entre los enanos que no paraban y la claridad que hacía, nos levantamos tranquilos aunque sin pausa, ya que tenemos detrás dos micos que no paran de dar el coñazo para que nos vayamos de una vez.

La entrada al pueblo de Papa Noel, está unos 8 kilómetros al norte del centro de Rovaniemi. El horario en verano es de 9:00 a 18:00 y no hay que pagar por entrar, pero luego, todo tiene un precio, y la mayoría, muy elevado. Aunque hace sol y es de día, nada más llegar, uno ya se siente en un mundo de fantasía. Como no, lo primero que hacemos es buscar la casa en la que está Papa Noel. Entramos y está con una luz tenue que va creando ambiente. Se recorre un pasillo con una exposición de juguetes, animales de la zona y figuras de elfos, y al doblar una esquina, allí estaba…. Papa Noel en persona, sentado, mirándonos como entrábamos en sus aposentos. Noa, agarrada a mi pierna como un koala e Iker con una sonrisa, mezcla entre emoción y timidez, que no le dejaba articular palabra. Nos da un beso a cada uno, y hablamos un rato con él. Le decimos de donde venimos y a donde vamos, nos tacha un poco de locos por venir en coche desde tan lejos. Iker y Noa, no paran de mirarle embelesados sin saber que hacer ni que decir. Aunque el castellano no lo domina mucho, le hace algunas preguntas a Iker y Noa, y estos alucinando, le contestan lo que les viene en gana, sin saber lo que están diciendo. Le dan la carta que le habían escrito la noche anterior, y les dice que no se preocupen, que luego a la noche las lee todas y que cuando llegue navidad, allí estará con sus regalos si se portan bien. Usu y yo nos sentamos a su lado, e Iker y Noa, encima de sus piernas para sacarnos una foto. Noa, está casi llorando pero de contenta, y no para de atusarle la barba. Tras la despedida, pasamos a recoger la foto al módico precio de 25 €. Como no nos vimos que estábamos muy bien y por ese precio, le dijimos a Papa Noel a ver si podíamos sacarnos otra foto, para llevarnos el «económico» recuerdo lo más fotogénicos posible. Ya fuera, Iker y Noa, estaban alucinando, hablando entre ellos….» y me ha dado un beso…», «pues yo, le he tocado la barba…», «jooo, a ver si nos trae los regalos….». Era para estar horas escuchándoles viéndoles la emoción que tenían.

 

Los precios de las fotos, iban desde los 20 € por una foto mediana, pasando por los 25 € la foto grande, llegando hasta los 40 y 80 €, por unos kits, que en cuanto oí el precio me puse en off y la verdad es que no recuerdo lo que contenían.

Por allí mismo, pasa la línea imaginaria de Círculo Polar Ártico, la cuál aprovechamos para sacar innumerables fotos, haciendo a cada cual más tonterías. Seguido de la casa de Papa Noel, recorrimos el recinto. Había otra casa, en la que estaba la oficina de correos. Papa Noel, tiene su propio sello especial, con el que son franqueadas todas las cartas y tarjetas que se envían desde allí. La oficina, está gestionada por lo elfos que le ayudan a ordenar las más de 600.000 cartas que recibe anualmente desde más de 200 países.

 

Había más sitios para entrar, pero la mayoría ya eran para comprar recuerdos. Eso sí de los que no te ibas a olvidar en la vida por el agujero que habían hecho a tus pantalones. La foto, un par de buffs y unos imanes para la nevera nos esquilmaron más de 100 €. Aunque ver la cara de emoción de los críos, bien valía eso y más. Quisieron volver a decirle adiós a Papa Noel cuando nos íbamos, pero estaba descansando después de una dura mañana de trabajo. Así que hay que tenerlo en cuenta a la hora de la visita. Creo recordar que era la 1 del mediodía.

Como hoy tiramos ya para Cabo Norte en Noruega, aprovechamos a llenar el depósito en la gasolinera que está enfrente del parque, ya que es de la más baratas que hemos visto por el país, 1,20 €/L.

Atravesamos Finlandia casi hasta el norte, pasando por distintos pueblos, todos muy pequeñitos, salvo Ívalo e Inari, pero aún así no se veía prácticamente gente en ninguno de ellos. El camino es muy monótono. Si nos cruzamos con 10 coches creo que exagero. Y el paisaje tampoco es que sea espectacular, ya que la carretera atraviesa zonas boscosas y arboladas. de vez en cuando se divisa algún lago chulo, pero poco más.

Otra de la cosa que tenían muchas ganas de ver los enanos, eran renos. Usu y yo recordábamos que la vez que estuvimos, los veíamos sin parar en medio de la carretera, en las playas, en todos lados. Pero llevábamos ya muchos kilómetros y todavía no habíamos conseguido ver ninguno. Hasta que por fin, para beneficio de nuestra salud mental, empezamos a verlos. Algunos estaban sin collar, eran salvajes, pero otros sí que los tenían, y entre Iker y Noa, llegaron a la conclusión que esos debían ser los de Papa Noel, y que ahora estaban tranquilos esperando a que llegara la navidad para empezar a trabajar.

La frontera la cruzamos en el puesto fronterizo de Karigasniemi. No hay nada, ni nadie. Hay que reducir la velocidad, se ven un par de casetas vacías y al pasarlas uno ya está en Noruega. Cuando de verdad se ve que se ha cambiado de país, es unos cuantos kilómetros más adelante. El paisaje cambia por completo y lo que antes era monótono, ahora se convierte en un disfrute para los ojos. El maravilloso día que habíamos dejado en Rovaniemi, se quedó allí. Estaba todo el rato lloviendo sin parar, y había momentos, en los que ni el limpia-parabrisas a máxima potencia daba a basto para quitar el agua.

Para llegar hasta la isla de Mageroya, donde se sitúa el punto más septentrional de Europa, aunque en realidad no lo es, ya que más al norte está el cabo Knivskjellodden, aunque a ese no se puede acceder en coche, hay que atravesar un túnel de casi 7 kilómetros de largo. Parece mucho, pero unos cuantos días más tarde, superaremos el récord con holgura.

Aunque no sea un dato muy relevante para el viaje, a nosotros nos llamó mucho la atención este maravilloso pueblo que atravesamos, ya no por su belleza paisajística, sino por su peculiar nombre, así que se merece una mención especial en este blog, te queremos Sarnes…..!!!!

 

Cabo Norte (Nordkapp)

Según llegamos a Honningsvag, el tiempo cambia por completo, para de llover y al fondo se ve un poco de sol. Rezamos para que podamos ver el sol de medianoche, ya que hace 10 años, lo más que vimos fue una tormenta de dar miedo, con un frío espantoso, y que no nos permitió disfrutar nada de un sitio que teníamos tantas ganas de ver. Según estábamos llegando, yo me acordaba de Montesdeoca, Maldonado, Picazo, ….., como esta vez tampoco consiguiera verlo, la próxima vez, me los traía a todos conmigo y hasta que no me dijeran cuando era el día bueno, no ponía el pie en Noruega.

 

Aprovechamos un cajero que vimos para sacar 3.000 NOK. Totalmente prescindibles, ya que habíamos atravesado 2 países, Dinamarca y Suecia, sin poseer su moneda. Todo absolutamente todo lo habíamos pagado con tarjeta, hasta las consumiciones en los bares. Y nos imaginábamos que Noruega no iba a ser diferente, pero como íbamos a estar más días, preferimos asegurar.

El trayecto desde Honningsvag hasta la punta es increíble, las vistas son espectaculares, los acantilados, los fiordos, el mar,…. no hay palabras para describir tanta belleza. A las 22:30, llegamos a la entrada. Hay una cabina con una barrera, en la que hay que pagar la nada desdeñable cifra de 620 NOK por la entrada familiar, y eso que nos hacían descuento por familia. Como vemos que al fondo se ve el sol, dejamos el coche tirado en el primer hueco que vimos, y más rápidos que Usain Bolt, atravesamos todo el recinto para llegar hasta la bola del mundo que está enfrente del acantilado de más de 300 metros desde el que se aprecia lo que tantas ganas teníamos de ver, el sol de medianoche. Para ser sinceros, más que el sol, vimos el re-sol de medianoche, pero aún así flipamos con la imagen y los colores que se veían con las nubes al fondo. Después de la anterior experiencia, para nosotros esto ya era el no va más. Tras sacarnos 150.367 fotos, y dar un poco por saco toda la gente que había, decidimos volver al coche, situarnos en una esquina tranquila y cenar. La cena fue una de las mejores de mi vida, con mi familia y con esas vistas, en ese sitio tan privilegiado, ……, será uno de los recuerdos que se me queden grabados para siempre.

 

 

Íbamos a pasar la noche en el aparcamiento para el día siguiente dar una vuelta por la zona. Como bien he dicho, es un aparcamiento, así que para poner la tienda lo teníamos complicado. Decisión, sacar todo del coche, apilarlo delante y debajo de él, y dormir dentro.

Después de cenar y viendo que la gente ya iba retirándose, ya que los autobuses con los turistas, sobre las 00:30 se largan, volvimos a la zona del acantilado prácticamente sólos. Estuvimos paseando, sacando ahora 356.556 fotos más, Iker haciendo hitos allí por donde veía piedras, ….. Nos dieron las 2:30 de la mañana sin darnos cuenta. Lógicamente el que fuese de día tampoco ayudaba mucho. Casi obligados, nos fuimos al coche a dormir, con la esperanza de que Noa no nos clavase piernas, brazos, rodillas y demás dentro del coche. Como se suele decir, se mueve más que la compresa de una coja.

 

 

B.F.F.F.

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