Parque nacional Niokolo Koba, Senegal

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Parque nacional Niokolo Koba, Senegal

Parque nacional Niokolo Koba en Senegal.

Visitaremos el Parque Nacional Niokolo Koba, que con unas 913.000 hectáreas de extensión es el más grande Senegal. Además es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1981. Y seremos completamente estafados al ofrecernos servicios que no cumplirían con lo estipulado.

Después de otra dura noche de calor, bajamos a desayunar y nos pusieron una baguette con mermelada y leche en polvo. Esperamos a que trajeran lo consistente para meter dentro del pan, pero allí no llegaba nada, así que les pedimos que nos hicieran una tortilla francesa que lógicamente nos cobraron al hacer el check-out.

Salimos a la calle a buscar la manera de ir hasta el parque nacional, y casualidad, o no, nos encontramos con Touré, nuestro chef improvisado del día anterior. Nos llevó hasta una agencia de viajes, Senegal oriental voyage frente al Hotel Niji. Nos propusieron una excursión al parque en 4×4, guía, entradas y hotel en pensión completa por 250.000 CFA. Nos pareció una barbaridad, así que fuimos en busca de otros presupuestos.

Touré dijo que tenía un amigo que nos podía llevar. Fuimos a verle y nos pedía por el coche 60.000 CFA más 30.000 por la gasolina. A eso había que sumarle el precio del hotel, otras 50.000 CFA, la entrada al parque con el coche 9.000 CFA, guía obligatorio, 10.000 más. Y luego comer, cenar y desayunar, se nos iba a poner bastante parecido. Así que volvimos a la agencia para intentar negociar el precio. Conseguimos bajarlo hasta los 200.000 pero de ahí ya no se movían. Aunque seguía siendo un dineral decidimos tirar para adelante. Cosa de la que pocas horas más tarde estaríamos arrepintiéndonos.

Parque Nacional Niokolo Koba

La entrada al parque era por el pueblo de Dar Salam. La carretera desde Tambacounda estaba en muy buenas condiciones. Se seguían atravesando un montón de pequeños poblados de documental. Al llegar a la oficina de entrada, estaba todo completamente desierto, lo que nos daría una ida de como iba a ser luego el parque. Para poder entrar es obligatorio contratar un guía, costaba 10.000 CFA, pero a nosotros nos venía incluido en el precio. Tuvimos suerte de que justo ese día estaba Mohamed, el único que hablaba castellano.

Tras registrarnos y firmar los permisos pertinentes para poder entrar, montamos de nuevo en el todoterreno y fuimos en dirección al hotel que estaba dentro del parque. Eran 32 kilómetros por un camino ya no muy confortable. Tardamos una hora y media y por el camino divisamos algunos monos, jabalíes con cuernos y berrugas y algunos antílopes.

 

Al llegar, Hotel Simenti, fuimos testigos de una de las primeras estafas a las que fuimos sometidos en este safari en el que supuestamente era de lujo. El hotel que nos lo vendieron como «hotelazo con piscina», no tenía electricidad. Tenían un generador, pero que como consumía mucho, no lo encendían salvo que fuese por imperiosa necesidad. La ducha era con baldes y cazos para echarnos por encima, como en Joal – Fadiouth, pero pagando 43.000 CFA más. Las habitaciones eran muy cutres y además no tenían mosquitera. Y para mas inri, la piscina tan guapa que nos habían vendido, era un estercolero con el agua verde, en la que había unos monos alrededor mirándola y sin atreverse a tocarla.

Era la hora de la comida y nos sentamos en la terraza del restaurante, con unas vistas preciosas a un meandro que hacía el río Gambia a su paso por el parque, en el que había un montón de cocodrilos tomando el sol en sus orillas. Era lo único bonito de todo lo que habíamos visto hasta ahora. La comida se compuso de una cutre tortilla francesa, unas vainas con una carne correosa y un mango de postre, que fue lo único rico.

Tras esa «copiosa y deliciosa» comida, cogimos de nuevo el 4×4 para hacer nuestra excursión por el parque. Después de tres horas recorriendolo, sólo habíamos conseguido ver, monos, jabalíes, antílopes y unos cuantos bambis. Los en teoría grandes animales que se podían ver; elefantes, leones, leopardos y jirafas debían estar jugando al escondite con nosotros. Estuvimos en un mirador cerca del río en el que se apreciaban a lo lejos unas cuantas aves. Al intentar acercarnos al río nos dijeron que no se podía pasar de una zona concreta porque podíamos ser atacados por los leones y los leopardos. Casi nos morimos de la risa. Pero bueno, había que hacerles caso.

Había que reconocer que paisajísticamente era un lugar precioso, pero para lo que nosotros habíamos ido, que era para ver grandes animales dejaba mucho que desear. Teníamos muy claro desde el principio que no íbamos al Kruguer ni al Serengueti, pero tampoco nos esperábamos ver sólo jabalíes y monos.

 

De vuelta al hotel, nos sentamos en el mirador que había al lado del restaurante con nuestro guía y unas cuantas cervezas para sobrellevar el intenso calor de más de 40 grados que hacía. Mohamed nos estuvo contando un montón de cosas interesantes sobre su país. También nos dijo que hacía unos 4 años algunos países extranjeros habían donado dinero para repoblar el parque, pero que había desaparecido y nadie sabía donde estaba (o nadie quería saberlo).

Al de un rato aparecieron un grupo de 4 holandeses. Estuvimos cambiando impresiones sobre lo que nos había parecido la visita al parque, y coincidimos plenamente en que la forma en que lo presentaban era una auténtica estafa. Además para ellos había sido doble estafa, ya que lo habían contratado desde el país de origen y les había salido prácticamente el doble de precio que a nosotros.

Nos fuimos a pegar una refrescante ducha a mano antes de cenar. Y al llegar al restaurante, estaba la mesa puesta con un par de velas. Creíamos que se habían confundido, y que las velas eran para las parejas de holandeses que querían cenar en plan romántico. Pero resultó que no, eran para nosotros. No encendieron el generador ni tan siquiera para cenar. Lo que se tradujo en una lata de sardinas para cada uno y unos spaguettis fríos con algo de pescado, o mejor dicho, spaguettis con algo de espinas.

Cuando nos íbamos para la habitación a dormir, nos llama el chico y nos dice que se nos habían olvidado las velas. Ahhhhhh coño..!!!!! Que en la habitación sino también íbamos a estar a oscuras!!! Eso era una auténtica tomadura de pelo.

La noche fue la más dura desde que estábamos en Senegal. Llevábamos muchas malas, pero el calor de esa vez era insoportable. A las 21:00 hacía 39 grados y ni una mísera brisa de aire. Nos levantamos un par de veces para ducharnos, pero en cuanto nos secábamos volvíamos al infierno.

A la mañana siguiente, cansados pero con el ánimo en alto, pensando que ese era el día en el que veríamos a los grandes animales africanos, fuimos a desayunar. El desayuno buffet que nos habían vendido, se había convertido por arte de magia en un par de jarras con té o café. Volvimos a recorrer parte del parque y sin ver absolutamente nada, creímos conveniente poner fin a nuestro particular safari, aunque no sin antes caer en una tomadura de pelo más. Nos dijeron para hacer una excursión por el río, en la que aseguraban que veríamos cocodrilos e hipopótamos. De perdidos al río, y nunca mejor dicho. Así que por 10.000 CFA más cada uno, nos fuimos a surcar el río Gambia.

 

Las orillas del río estaban llenas de cocodrilos, algunos de ellos enormes que imponían bastante respeto, pero de los hipopótamos nada de nada. Fuimos a una zona en la que nos dijeron que solían estar bañándose y tras más de media hora de espera, intuimos ver las orejas y un poco la cabeza de uno. Pero era muy probable que hubiese sido nuestros subconsciente. Allí no había nada más que agua, y si estaban los hipopótamos, eran los campeones en apnea de todo África.

Pero para redondear nuestra pequeña aventura, al ir hacer el check-out, nos sacan una nota en la que ponía que debíamos 12.000 CFA por las cervezas que nos habíamos tomado. Totalmente anonadados, decimos que nosotros habíamos contratado la excursión con todo incluido y que no iba a salir ni una CFA más de nuestro bolsillo. Nos dice que la bebida iba a parte. Aún así le explicamos lo que habíamos pagado y en que habíamos quedado y que si tenía algún problema lo resolviese él con el de la agencia. Nos dijo que le pagásemos y que lo arreglásemos nosotros con él. Nos negamos en rotundo, ya que además teníamos que hacer ciento y pico kilómetros en dirección contraria.

Salimos del hotel con el todoterreno y el de recepción en el coche. Le iba a llamar por teléfono, pero dentro del parque no había cobertura. A unos 10 kilómetros dirección Tambacounda, donde había un puesto de policía, le dijimos que parara. El hombre llamó por teléfono al estafador de la agencia y nos dijo que vale, que ya estaba todo arreglado. Tal vez el sitio en el que estábamos había ayudado un poco.

Nos despedimos por fin de todo rastro de esta experiencia, que aunque en líneas generales había sido chula (y más a tiempo pasado), lo que nos había fastidiado era la mentira de como nos lo habían vendido y el pastizal que habíamos pagado para obtener tan pobres servicios.

B.F.F.F.

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