Pulau Selayar al sur de Sulawesi (Parte 2)

Pulau Selayar al sur de Sulawesi (Parte 1)
5 febrero, 2019
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Pulau Selayar al sur de Sulawesi (Parte 2)

El tiempo en Selayar se terminaba, pero lo que descubriríamos los últimos días en esta isla haría que nos fuésemos con ganas de volver a disfrutarla en una próxima ocasión. Sin lugar a dudas volveríamos, pero con más días para explorar el P.N. Takabonarate.

Por fín, el cuerpo comenzaba a regularse. Dormimos casi 11 horas del tirón. Desayunamos por último día en la preciosa playa de nuestro alojamiento y saldamos nuestras deudas. 180.000 R. por 3 días de moto y 150.000 R. por el traslado. Bastante caro teniendo en cuenta que estaba a sólo 8 kilómetros de distancia. La moto decidimos quedárnosla 3 días más.

Esperamos a que nos vinieran a buscar los del nuevo hotel haciendo deberes, leyendo, escribiendo y bañándonos. Cuando dieron las 10:00, las 10:15 y las 10:30 y por allí no aparecía nadie, nos cercioramos de lo que teníamos muy claro desde el principio. Nos habían sonreído, dicho que sí a todo (hasta se lo apunté en un papel) pero no habían entendido ni papa. Así que cargado con 3 mochilas, una en la espalda y dos entre las piernas comencé el primero de mis trayectos. Al llegar al hotel e intentar explicarles en lo que habíamos quedado, sus sonrisas y continuos movimientos afirmativos de cabeza, me hicieron desistir. No entendían nada, pero que más daba, esa sonrisa perpetua y la amabilidad que desprendían, hacían que a uno no le diesen ganas de enfadarse ni de decir nada, más que de asentir como ellos, sonreírles y encima darles las gracias. Volví a por el resto de la familia y conseguimos acercarnos al record mundial de movilidad en una moto en el sudeste asiático, 4 personas (1,90 y 1,80 de altura) en una scooter con 2 mochilas grandes y 2 bolsas con comida y ropa.

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Una vez situados, cogimos la moto y tiramos hacia el norte de la isla en busca de algún sitio para comer y bañarnos. Era domingo y estaba casi todo  cerrado. Tantos años yendo por esos lares y seguíamos sin entenderlo. Si eran musulmanes y su día de fiesta era el viernes porqué kontxo los domingos también estaban las cosas cerradas…….. 😯

Encontramos una tienda de ultramarinos en medio de la carretera y compramos unos piskolabis. Tras las fotos de rigor, continuamos en busca de una playa, pero la cosa estaba complicada ya que casi no había a no ser que se entrase por terrenos privados y las pocas que estaban visibles estaban llenas de basura y plásticos. Una isla increíblemente bonita pero con una gran cantidad de basura por todos lados, una auténtica pena.

Cerca casi de la punta norte, encontramos un pequeño trozo de arena sin mucha suciedad y mientras nos refrescábamos en un agua transparente, degustamos las patatas, zumos y galletas que habíamos comprado. Tras un buen rato de playa, decidimos volver al hotel, ya que aunque no habíamos hecho prácticamente nada durante el día, con el traslado y subir hacia el norte, el sol estaba empezando a caer. De vuelta pasamos por una zona de palmeras en las que se apreciaba unas telarañas enormes, 10 veces más grandes que la del día anterior, con sus respectivos arácnidos enormes

En un pequeño pueblo, vimos un montón de motos y coches en el arcén. Enfrente había un campo de fútbol y en él un partido. Paramos y estuvimos un rato viéndolo. Para las decenas de personas que había a nuestro lado, el partido dejó de tener interés y pasamos a ser nosotros el centro de atención. Cientos de fotos, abrazos, conversaciones sin entender nada…..se levantaron de un banco para que nos sentáramos nosotros, lo cuál declinamos con una sonrisa…. increíble gente. Nos dió poco tiempo a disfrutar del partido, ya que teníamos que estar atentos a nuestros fans 😉 El campo estaba ondulado con más tierra que hierba y algún que otro pedrusco por el medio, pero la localización al lado del mar, todo rodeado de palmeras y con el sol crepitando a sus espaldas lo hacían que fuera increíble.

Cuando pudimos escabullirnos, montamos de nuevo en la moto y llegamos al hotel para cenar, jugar un poco y descansar ya que al día siguiente teníamos que levantarnos temprano para ir hasta el sur de la isla e intentar coger un barco para ver las islas cercanas.

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Aunque la noche fue plácida, me desperté a las 3:00 de la mañana con un mensaje de mi padre y ya no me volví a dormir. Estaban preocupados porque había habido un terremoto en la isla de Lombok con bastantes muertos y heridos y ellos lo único que tenían claro es que estábamos en Indonesia. A nosotros no nos afectó para nada, aunque estuvimos atentos a una posible alerta de tsunami, ya que en ese caso nos habría dado de lleno.

A las 7:30 estábamos dando cuenta de un variado y rico desayuno buffet. El día lo íbamos a emplear en ir hasta el sur de la isla y allí coger un barco para hacer una excursión a las islas cercanas. Unos 50 km nos llevaron 2 horas y media, con los últimos 10 km por un tramo en el que había desaparecido la carretera y sólo había agujeros y piedras enormes sueltas. Todo ello subidos en una scooter los 4 con más de 200 kilos…..

Al llegar al último pueblo preguntamos por Pak Mansur que era el que se encargaba del negocio (lo había leído en un blog italiano). Casualidad se lo preguntamos a su mujer y nos dijo que en ese momento estaba pescando. Nos llevó a su casa, nos hizo sentar y nos ofreció comida y bebida. Mientras fue a buscar a otro barquero que nos pudiera ayudar. Todo esto lo íbamos suponiendo ya que con el idioma que cada uno teníamos era imposible entenderse. 15 minutos después aparecía un hombre moreno y menudo con una sonrisa de oreja a oreja que sería nuestro patrón. El precio fueron 500.000 R. sin ninguna posibilidad de regateo. En ese sentido eran fuertes, ya que no es que hubiese competencia por los alrededores… 😉

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Montamos en el barco-txalupa y pusimos rumbo a la primera isla. Aunque el mar parecía en calma, según nos íbamos alejando de la costa, empezaron a surgir unas olas nada desdeñables que hacían que la embarcación de madera se moviese de un lado a otro como si fuéramos a volcar. Le miramos al capitán, pero en ningún momento vislumbramos ni un pequeño atisbo de preocupación.

Media hora después llegamos a una isla blanca y reluciente en medio del mar, Pulau Karang,  que al acercarnos nos llevaríamos la sorpresa de que estaba formada por millones de corales muertos apilados unos encima de otros. Hicimos snorkel y vimos un montón de peces y formaciones preciosas.

Seguido nos acercamos hasta otra isla cercana que era mitad arena y mitad coral, rodeada por un agua cristalina, que nos recordó mucho a las islas Banyak en Sumatra. Allí pasamos un buen rato bañándonos y riéndonos con los 3 hijos pequeños del capitán que habían venido con nosotros y no paraban de jugar. Uno consiguió coger un pez bastante grande con la mano y se lo pasó a Iker y Noa para que lo tocaran, antes de devolverlo al agua.

Nuestra última parada de la excursión sería en la isla más grande, Pulau Bahuluang. Donde disfrutaríamos de una enorme playa de arena blanca en un mar en calma de un color verde intenso. Y ya que estamos con parecidos, nos recordó a la playa de Xel-Ha en México. Estuvimos bañándonos, buceando, tomando el sol, recolectando increíbles conchas y los enanos tirándose del barco haciendo cabriolas con sus nuevos amigos indonesios. Ni que decir tiene que todo fue en la más absoluta intimidad, ya que en ningún momento nos habíamos cruzado con ningún occidental desde que habíamos llegado a la isla.

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Cuando creímos que ya era suficiente, ya que el tiempo lo marcábamos nosotros, pusimos de nuevo rumbo a tierra. Esta vez las olas eran bastante más grandes y pasamos unos momentos de angustia. La carretera otro horror, aunque conocido. Por el camino nos cruzamos con un coche que se había quedado sin agua en el radiador y estaba humeando. Le dimos la poca que nos quedaba a nosotros y nos lo agradecieron enormemente.

Pero el día no había terminado en cuanto a experiencias. Llegando a Benteng noté algo raro en la moto, se me iba ligeramente por detrás. Supuse cuál era el problema y al bajarse el pasaje, confirmé que habíamos pinchado. Dejé a la family en una playa mientras yo con cuidado me fui a buscar un sitio donde me la arreglaran. Unos pocos kilómetros más adelante, dí con un taller en el que por 250.000 R. y en poco más de 20 minutos me cambió la rueda trasera. El tío un artista con el material tan limitado del que disponía.

Volví a por la familia y al pasar de nuevo por delante del taller, este ya había cerrado. Habíamos tenido doble ración de suerte, que nos pasara cerca de la civilización y que por escasos minutos habíamos encontrado el taller abierto.

Volvimos a nuestro warung a merendar-cenar, donde nos recibieron como todos los días con los brazos abiertos. Pedimos Mie Goreng + Bakso + Telur y Nasi Goreng, 3 aguas y 3 sprites por 110.000 R. Llegamos al hotel reventados del día y tras una ducha caímos todos en el mejor de los sueños.

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Llegaba nuestro último día en Pulau Selayar. Aunque en realidad disponíamos de otro, la estancia se nos estaba empezando a hacer un poco larga. Nos había roto los planes el no haber podido ir al P.N. Takabonarate. Así que decidimos ir al aeropuerto a ver si podíamos adelantar el vuelo. Miraron en el ordenador como estaba la ocupación y previo pago de 32.000 R. conseguimos los nuevos billetes.

Nos quedaba una última excursión a una isla que estaba casi enfrente de nosotros, Pulau Pasi, con una playa de postal y algo de snorkel. Rodeamos el aeropuerto con la moto, ya que el barco salía del puerto que había justo detrás. Aunque por el camino hicimos la parada de rigor de todos los viajes en un colegio. Defecto de profesora. Según nos vieron todos los enanos que estaban en el recreo se pusieron como locos y vinieron corriendo hacia nosotros. Las profesoras hicieron otro tanto de lo mismo y encantadas nos hicieron de cicerones enseñando todo el colegio por dentro. Y como no, incluso más contentas que los críos, se sacaron fotos con nosotros una por una.

Llegamos al embarcadero atravesando un pequeño pueblo colorido y muy bonito y un chico se nos ofreció para llevarnos. Tenía un barco que hacía la ruta regular para llevar pasajeros de una isla a otra. Nos dijo que si no nos importaba hacer un viaje y luego nos íbamos. Lógicamente le dijimos que sin problema. Cuando hubo hecho un par de paradas y nos íbamos solos, unas señoras le pidieron que les llevara de nuevo a la isla principal, pero le dijo que no porque estábamos nosotros. Nos miraron con cara de pena y finalmente acabamos donde habíamos embarcado media hora antes. Pero por fin pusimos rumbo a Pantai Liang Kareta.

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La playa, era más una calita inmaculada con arena blanca y agua transparente rodeada de zonas con coral. El día estaba bastante nublado, lo que hacía que no se disfrutase en todo su esplendor, pero al de un rato comenzó a despejar y pudimos disfrutar de pleno de aquella maravilla. Los críos se subían a una zona rocosa y se tiraban al agua encantados. Usu en la arena tirada y yo haciendo un poco de snorkel. Cuando ya estábamos a punto de irnos, observé algo pequeño y alargado encima de unos corales. Cogí aire, me sumergí y ví algo que no me podía creer,….eran caballitos de mar!!!! Llamé rápidamente a Usu y los enanos y al verlos se quedaron alucinados. Descubrimos unos cuantos más y nos pasamos una hora siguiéndolos y viendo sus gráciles movimientos completamente atontados. ¡¡¡Qué maravilla!!!

Sobre las 16:00 llegábamos de nuevo al punto de partida. Le pagamos las 300.000 R. estipuladas y él se encargó de pagar el parking donde habíamos dejado la moto. Fuimos a nuetro warung y nos despedimos de ellos sacándonos todos juntos unas cuantas fotos. Vimos la puesta de sol, devolvimos la moto y hablé con recepción para que nos estuviera esperando un taxi al día siguiente para ir al aeropuerto. Esperamos que esta vez lo hubieran entendido bien. 150.000 R. Cenamos, jugamos y nos fuimos a dormir.

B.F.F.F.

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