Rantepao y la cultura de los Tana Toraja, Sulawesi.

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Rantepao y la cultura de los Tana Toraja, Sulawesi.

Tras una semana intensa en la isla de Selayar, ahora le tocaba el turno al interior de Sulawesi. La cultura Toraja, sus rituales mortuorios, …. algo fuera de lo común para una sociedad como la nuestra en la que la muerte representa una gran tristeza en contraposición con la creencia Toraja. Todo esto, en unos parajes con una naturaleza desbordante.

La estancia en la isla de Selayar había tocado a su fin. Después de desayunar recogimos todos los bártulos y salimos a esperar nuestro transporte al aeropuerto. Sorpresivamente, ya nos estaba esperando. Tardamos unos 20 minutos en llegar. Pasamos el control de  maletas y nos hicieron abrir 2 de ellas. Una por un cable cargador de la cámara y la otra por unos corales. Aunque cuando vieron que eran unas conchas, no pusieron ninguna pega.

A las 10:45 estábamos de nuevo en Makassar. La idea era coger un taxi que nos llevara directamente a Rantepao y sin necesidad de buscarlo, nos abordaron unos cuantos nada más salir. Al primero como suele ser lo habitual se le fue la olla. 1,5 millones de Rupias. Le tachamoa de loco, se rió y vimos que lo teníamos en el bolsillo. Todo esto entre comillas, porque los que nos vacilan siempre son ellos 😉 Finalmente llegamos a un acuerdo por 1 millón. Teniendo en cuenta que el bus nos hubiera salido por 800.000 R., nos pareció un buen precio. Comimos una burguer en una franquicia de comida rápida de las de allí por 250.000 R. y comenzamos el viaje.

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La primera parte del trayecto hasta Pare Pare discurrió por una carretera de doble carril para cada sentido con muy poco tráfico una vez pasamos el centro de la ciudad. Los espectaculares paisajes empezaron a hacer su aparición con arrozales de un verdor intenso y montes calizos de exhuberante vegetación salidos de la nada. Era la zona de Rammang Rammang, 45 000 hectáreas de macizos calcáreos. La tercera zona kárstica más grande del mundo, después de Tsingy en Madagascar y Shilin en China.

Una vez pasado Pare Pare, comenzó la zona montañosa del país, y si el paisaje anterior era precioso, ahora se convitió en espectacular. Nos recordó a un trayecto que hicimos en autobús por el medio de Laos hace ya muchos años en el que íbamos escoltados por militares con sus fusiles de asalto, porque era una zona peligrosa de atracos a mano armada.

Y cuando estábamos empezando a sorprendernos de ver que todo iba como la seda, sucedió lo inevitable. A nuestro maravilloso conductor le empezó a entrar el sueño. No podía ser, nuestro último trayecto por Sumatra había sido toda una odisea precisamente por algo similar y el primero en Sulawesi comenzaba igual. Tuvimos que hablarle, chillarle, darle golpecitos en el asiento, parar unas cuantas veces a tomar café y aún así no había manera. Debía llevar sin dormir una semana. Además teníamos de serenata una música electrónica rayante a más no poder. Pero la sufrimos como heroicos espartanos para que no hubiese ni un solo minuto de silencio. Conseguí salvarme de volver a tener que conducir, cuando llegamos a una zona de baches, camiones y curvas que hicieron que la modorra le desapareciera.

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Unas 7 horas y media después, llegábamos a Rantepao. Nos alojamos en una casa local, Yaya´s Homestay. La primera impresión fue nefasta. También es cierto que llegamos muy cansados y con un dolor de cabeza enorme. La habitación era grande, con 2 camas de matrimonio enormes. Pero era muy vieja, las ventanas no cerraban totalmente y además no tenían mosquiteras (aunque pusimos la nuestra). El baño era compartido y arcaíco 100%. Esto ya nos había pasado otras veces y como cuando uno está cansado no piensa lúcido ni ve las cosas de igual manera, decidimos cenar algo y tumbarnos a descansar que al día siguiente veríamos todo con otros ojos. También es cierto que no ayudó el caos reinante en la ciudad. Nos sorprendió negativamente. Tal vez fuera culpa nuestra, ya que al leer lo que había que ver, lo relacionamos con el año anterior cuando habíamos estado en Filipinas en la zona de Sagada y por desgracia no se parecía en nada.

Como esperábamos, con el nuevo día y con el cuerpo descansado, lo vimos todo de otra manera mucho más positiva. Habíamos dormido bien y ya no nos pareció tan lúgubre el sitio. Así que decidimos darle otra oportunidad. Además la señora era muy maja.

Salimos en busca de una moto y pocos metros más adelante había un sitio de alquiler. 80.000 R. al día. La pobre señora se quedó alucinada cuando nos vió a los 4 montar en ella. Paramos en un Indomaret a comprar algo para desayunar y compramos unos chococrispis con leche que degustamos sentados delante de un precioso arrozal.

Nuestro primer destino era Batutumonga. Situada en la laderas del monte Sesean, era la montaña más alta de la zona. Una carretera destrozada y unos paisajes preciosos atravesando muchas aldeas con sus casas tradicionales, nos llevó hasta un mirador desde el que se apreciaba toda la ciudad de Rantepao y unos arrozales con un color increíble. En muchos tramos, debido a la inclinación de la carretera y a los agujeros que había, se tuvieron que bajar todos y hacerlo yo solo, ya que la moto no tiraba. Hicimos un camino circular que nos devolvió de nuevo a Rantepao.

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Paramos a comer en un puestecillo al lado de la carretera, pollo frito con arroz que estaba de chuparse los dedos. 8 cachos grandes más el arroz por 100.000 R. Todo ello regado con un rico minute maid. Cogimos la guía para orientarnos un poco, y descubrimos que el camino que habíamos hecho por la carretera destartalada, en realidad era para hacerlo andando. Así que no nos habíamos cruzado con ningún vehículo motorizado 😯

Como todavía eran las 13:00 decidimos ir hacia el sur y ver la zona de Ke´te Kesu. Había que coger la carretera principal a Makale y desviarse a la izquierda por una carretera un tanto irregular. Vimos las casas tradicionales y las tumbas que están en la montaña metidas con muchos féretros de madera a la intemperie. Una pasada. También había un búfalo enorme que tenían para sacarse fotos con él, previo intercambio monetario. Este lugar era parte de un programa de conservación de la cultura, artesanía de talla, pintura y escultura de los Toraja. Las casas tradicionales eran conocidas como Tongkonan, con la puerta al revés, el techo cubierto por fibra de palma negra y su construcción tenía que estar orientada al norte. La gente local creía que el espíritu de sus antepasados ​​vivía en el norte y  si alguien moría, el espíritu de esta persona se unía a los ancestros en el norte.

No sabemos si sería por la hora, pero el caso es que estuvimos completamente solos. Hicimos unas compras de recuerdos en los puestitos y al volver vimos que ya había un montón de gente. La entrada costaba 30.000 R. por persona menos los críos.

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Volvimos al homestay a descansar un poco y después salimos a dar un paseo. Algo realmente difícil en ese caótico pueblo. Aprovechamos para comprar los billetes a Tentena en una pequeña oficina situada en la calle principal, unos pocos metros más adelante del monumento al arroz. Se llamaba Rappan Marannu. 170.000 R cada uno. En teoría salíamos a las 8:00 y llegábamos a las 23:00. Eran poco más de 330 km. Madre de Dios!!! Qué miedo nos daba sólo de pensarlo….

Compramos unos helados, agua, matabichos y leche condensada por 85.000 R. y paseando tranquilamente y ya de noche volvimos al alojamiento. Escribimos, leímos, jugamos, nos hicimos unos Pop Mie y nos fuimos a dormir.

A las 5:00 de la mañana estaba completamente despierto. El ruido de perros, coches y motos era constante. El resto de la familia amaneció a las 7:00. Desayunamos unos ricos chococrispis con leche de cacao en la terracita que tenía el alojamiento y a las 9:00 nos pusimos en marcha para disfrutar de nuestro último día en Tana Toraja.

Fuimos hacia el sur, con un frío de la leche en la moto. A la noche teníamos que taparnos con edredón. Llevábamos una semana y media en Indonesia y habíamos pasado más frío que en Bilbao…..

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Nuestra primera parada fue Lemo, la zona funeraria más conocida de Tana Toraja. Lo llamaban el hogar de los espíritus. Este cementerio era la combinación de la muerte, el arte y el ritual en medio de las rocas escarpadas. Había muchos Tau-Tau, figuras humanas talladas en madera o bambú para encarnar el espíritu humano. Todo ello en una zona llena de arrozales verdes y en la que se respiraba mucha tranquilidad. La entrada eran 20.000 R.

El siguiente destino fueron las tumbas de bebés de Kambira situadas en un árbol en medio del bosque. Nada espectacular pero sí algo fuera de lo normal. La entrada otras 20.000 R.

De allí fuimos a Tampangallo gracias a un guía que estaba con sus clientes y con el que estuvimos un rato charlando y nos dijo que le siguiéramos. El camino tenía unas cuantas desviaciones por lo que nos vino muy bien. La gente seguía alucinando cada vez que nos veía a los 4 montados en la moto y sobre todo cuando nos cruzábamos con occidentales 🙂 El sitio estaba otra vez rodeado de arrozales preciosos y tras un camino asfaltado se llegaba a una cueva que estaba llena de ataúdes de madera, calaveras desperdigadas por todos lados y un montón de Tau Tau perfectamente conservados. El sitio daba mucho respeto.

Salimos al calor del sol y de nuevo charlando con el msmo guía nos comentó que había un par de funerales en Palawa y Sangkombong. Nuestra idea había sido no verlos ya que con los críos lo veíamos algo muy heavy, porque sacrifican un montón de animales vivos y además se había convertido en muy turístico, colocando a todos los extranjeros juntos en una esquina. Pero aún así los enanos al oirlo dijeron que les apetecía echar una ojeada, así que allí que nos dirijimos.

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Paramos por el camino a comer unos bocatas de atún en el indomaret por 100.000 R. y sobre las 15:00 llegamos primero a uno y seguido fuimos al otro. Las ceremonias ya habían terminado, pero vimos a todo el pueblo con sus vestimentas tradicionales, las pieles de los animales sacrificados extendidas para secar, los hombres cortando y repartiendo entre los asistentes bandejas con cachos de carne, el suelo completamente regado de sangre, ….. La verdad es que la imagen era un tanto dantesca, pero hay que respetar a cada cultura. Al vernos con niños, me imagino, nos hicieron acercarnos a todos los sitios, nos enseñaron lo que hacían y se sacaron más fotos ellos con nosotros que al revés.

Un percance me hizo ver las estrellas cuando estábamos a punto de irnos. Al ir a coger la moto, se me resbaló y al intentar que no se cayera, el tubo de escape que todavía estaba ardiendo se pegó a mi pierna y ví como la piel se iba desintegrando. Reaccioné rápido y se quedó en una pierna chamuscada con un poco de herida, que por suerte no se me infectó en todo el viaje. Eso si , me llevé un recuerdo en forma de tatuaje para toda la vida y sin pagar nada 🙁

Después de un día intenso y de la paliza que nos esperaba al día siguiente, fuimos a devolver la moto, compramos la cena y algo de comida para el viaje, 200.000 R., y nos fuimos a la habitación. Le pagué a la señora las 3 noches que habíamos pasado a 220.000 R. cada una y para las 21:00 ya estábamos todos dormidos.

B.F.F.F.

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