Siem Reap Parte 1, Camboya

Kampong Cham y Kampong Thom, Camboya
Niña en los Killing Fields de Choeung Ek a las afueras de Phnom Penh en Camboya.
Recorriendo la ciudad de Phnom Penh, Camboya
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Siem Reap Parte 1, Camboya

Un hombre barriendo el templo de Angkor Wat en Siem Reap, Camboya.

Llegar hasta Siem Reap es sencillo, ya que casi todos los transportes te llevan a la ciudad más importante del país en cuanto a turismo se refiere. Allí disfrutaré por primera vez de los maravillosos templos de Angkor, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992. Y cómo no, alguna que otra aventurilla me tuvo que pasar para no perder la costumbre.

Me levanto tranquilo y como todavía era pronto, bajo a la calle a desayunar. La noche anterior, aunque no sabía que hacer, finalmente decidí que lo mejor era ir hasta Siem Reap y hacer una visita rápida a los templos, para tenerlos un poco controlados y así cuando viniera Edu, podríamos ir más a tiro hecho y aprovechar los días en otros sitios en los que estuviéramos más pillados de tiempo. Así que me acerqué hasta la recepción del hotel para preguntarles por donde coger los billetes. Por supuesto, los vendían ellos. 7$ tenían la culpa. Aunque no era un precio caro, pero escarmentado por el primer billete de bús, decido dar una vuelta por el pueblo a ver si encontraba otro sitio donde los vendieran. Y sin mucho rebuscar, veo un sitio de venta de billetes, entro a preguntar y por arte de magia y birlibirloque, el billete ha pasado a costar 5 $. Esto me da a entender, o que los precios fluctúan con una rapidez inusual, o que hay más «buscavidas» de lo que pensaba. Me supongo que será lo segundo. Así que aunque uno crea que ha pagado un buen precio, seguro que será posible sacarlo más barato en algún otro lado. Por lo que hay que regatear muy muy duro.

Con el billete en la mano, vuelvo a por la mochila, hago el check-out y aprovecho a enseñarle el billete 2$ más barato que el suyo. Se echa una sonrisilla y algo me dice en camboyano que lógicamente no entiendo, pero que me hace suponer, visto lo visto…., «jejejeje, qué pena, yo te podía haber timado un poco más de lo que te ha estafado el que te ha vendido el billete«.

Esperando al autobús, con un poco de sed, me acerco a una tiendita y el hombre que estaba delante de mí también estaba comprando agua, así que aproveché para echar un vistazo a ver con qué billete pagaba, uno de 500 R. Cuando fue mi turno, le dí un billete más grande para ver si me la jugaba, pero no fue así. Me cobró lo mismo que al lugareño anterior. Está claro que en todos los países del mundo, el problema con los timos siempre está centralizado en el sector del turismo, en donde ven que pueden aprovecharse del incauto extranjero.

Siem Reap

El trayecto hasta Siem Reap son casi 3 horas, por una carretera en muy buenas condiciones y con unas vistas preciosas. El problema es que no para de llover en todo el camino y la parada que hace para estirar las piernas, no la aprovecha prácticamente ningún pasajero. Al llegar a Siem Reap, sigue igual, jarreando con ganas. La bonita y refrescante lluvia de hace unos días, ahora se me estaba antojando un poco tocapelo…..

Como con un motodop me iba a calar entero, opté esta vez por recorrer la zona de los hoteles con un tuk-tuk. Recorrimos 3, que no cumplían con mis expectativas (piscina para relajarme. desayuno incluido y no más de 40$), pero al cuarto dimos en el clavo. El hotel Neak Pean, con lo anteriormente señalado y por 35$.

Aprovechando el tuk tuk, y que mañana quería visitar los templos de Angkor a primera hora, negocio con él  la visita completa al recinto y posterior desplazamiento a Banteay Srei y Kbak Spean a 25 y 43 kilómetros respectivamente desde Siem Reap. Tras un largo regateo, me lo deja en 12$ con la promesa de una propina si es buen guía.

 

Dejo la mochila en la habitación y salgo a intentar dar una vuelta por el pueblo, pero con el diluvio universal y Noé sin parar de recoger animales, me decido por ir al super que hay enfrente del hotel y comprarme unas latas de bonito, pan de molde, unos plátanos enanos, que sabían a kiwi, y una rica cerveza de más de medio litro Chang. Todo por 7$.

Cansado por el viaje, me tumbo en la cama a leer y sin darme cuenta me quedo frito. A las 20:00 me despierto, y se oye el agua golpear contra las ventanas todavía más fuerte que antes. Así que abro el libro y a leer de nuevo. Después del siestón que me había echado y con el libro interesante a más no poder, a las 3:00 de la mañana me lo termino. Hora y media más tarde, había quedado para empezar la visita de los templos, así que me voy a la ducha para semidespejarme un poco.

A las 4:30 de la madrugada, bajo a recepción para en teoría encontrarme con el señor que había quedado. Pero pasa más de un cuarto de hora y allí no aparece nadie, lo cuál es de lo más normal por las horas que son. Mi idea era empezar la visita según abrieran, a las 5:00, pero a ese paso me iba a resultar imposible, así que no me queda otra que empezar a negociar con los tuk tuk que había a las afueras del hotel. Viendo que me habían dejado tirado y que sólo estaban ellos, ahora tenía todas las de perder. Y así fué, la puja empezó en 25$ y tras muchos tiras y afloja, lo conseguí dejar en 20$. En ese momento, las ganas por ver unos de los conjuntos arquitectónicos más maravillosos del mundo y que tanto me habían llamado la atención viéndolos en la tele, pudieron más que el dinero.

A las 5:15, estaba en la taquilla de entrada al recinto. Hay tres tipos de entrada, la de un día a 20$, de tres días por 40$, y la de una semana a 60$. Las de más de un día, tienen que ser usadas consecutivamente. También es necesaria una foto que te la sacan allí mismo con una web-cam. Es muy importante no perder la entrada, ya que en muchos templos hay trabajadores pidiéndolas.

Empiezo la visita por el Angkor Wat, el mayor de los templos construidos. Se hizo durante la primera mitad del siglo XII bajo el mandato del rey Suryavarman y está dedicado a Vishnú. Se cree que se tardaron más de 30 años en construirlo. Es el más representativo de todos los templos de Angkor, llegando a estar en la bandera de Camboya. A pesar de la hora que es, y que casi ni ha amanecido, hay bastante más gente de la que me esperaba ver, lo que le quita un poco de encanto al asunto. Lo disfruto relajado, paseando tranquilamente, y en media hora me quedé prácticamente solo dentro del templo. Deben ser excursiones contrarreloj las que lo visitan.

 

Cuando el conductor del tuk tuk me dejó, quedé con él en la puerta este una vez terminada la visita. Al coger el mapa para ver hacia donde tenía que dirigirme para continuar viendo los demás templos, compruebo que la puerta este estaba en el templo de Angkor Thom, a 4 kilómetros de Angkor Wat. Alucinando de que el del tuk tuk hay sido tan desgraciado de esperarme a 4 kilómetros de donde me había dejado, me pongo a andar hacia allí. Pero como por la carretera era más largo, rodeo el foso hasta que llego a un sitio en el que sólo se puede seguir atravesando la selva. Pero como hay un camino bastante ancho me supongo que tiene que dar al otro lado. 15 minutos después y con una sudada de la leche, el camino se empezaba a estrechar y cada dos por tres había bifurcaciones. Siempre cogía la de la derecha, porque en teoría era la dirección del Angkor Thom, nada que ver con la política 😉 Seguía avanzando y cada vez lo veía más complicado, llegó un momento en el que tenía que ir apartando ramas y algunas de esas ramas tenían unas arañas de cuerpos gordos y colores brillantes, que ni en los documentales de la 2, y para un aracnofóbico como yo, no era nada gracioso. El problema era que esas arañas estaban en medio del camino, lo que me hizo suponer, que hacía tiempo que no pasaba nadie por allí, y me entró la paranoia de las minas antipersona. Además empezaba a haber todo tipo de bicho extraños revoloteando a mi alrededor y se oían unos ruidos que estando allí sólo acojonaban ligeramente. Así que sin pensármelo dos veces, dí media vuelta y como alma que lleva el diablo empecé a correr en la dirección contraria. Es probable que si hubiese tenido un cronómetro para comprobarlo, los tiempos de Usain Bolt habrían sido una minucia. Sofocado y reventado, pero más que nada con los h…. de corbata, por fin veo el camino ancho por el que había comenzado la absurda excursión y me empiezo a relajar. Puede parecer exagerado, pero en aquellos momentos el susto que me llevé fue enorme.y eso que cuando viajo no suelo ser de los que van a lo fácil.

 

De vuelta al camino principal, pregunto por como ir al Angkor Thom, y resulta que la única manera es por la carretera y no como un aventurero a lo Indiana Jones pero cagado de miedo. Harto de tanto andar, decido echarle un poco de morro al asunto y a un chico que estaba parado con su moto, le pregunto a ver si me acerca. Muy majetón, me dice que suba y me deja en el Bayón, el templo principal de la ciudad de Angkor Thom. Es un edificio precioso, construido casi 100 años más tarde que el Angkor Wat. Posee 54 torres esculpidas con la cara de el Buda de la Compasión, que con sus ojos cerrados y una leve sonrisa, recrean las facciones del monarca que ordenó su construcción, Jayavarman VII.

 

Cansado de la paliza que llevo, decido ir a buscar a mi tuk-tukero e ir hasta los templos más alejados de Kbal Spean y Banteai Srey. Llego a la puerta este y allí no estaba el hombre. Pregunto a una de las personas que están para ayudar a los visitantes y me confirma que en el Angkor Wat sí que hay una puerta este. Miro el mapa de nuevo, y en efecto, allí estaba, pero yo no la había visto. Vuelvo a pedir que me lleven, esta vez haciendo dedo y me para otro chico que me deja en donde había quedado. Lógicamente allí no había nadie, habían pasado más de 5 horas desde que me había despedido de él. Seguro que el hombre habría alucinado con mi desaparición y se habría acordado de toda mi familia, pero tengo que reconocer que hubo muchos momentos en lo que yo me acordé mucho más de la suya, aunque luego fuese sin razón.

Después de esta odisea, decido que ya he tenido suficiente por ese día y que me merezco un buen desayuno y un poco de relax en la piscina, ya que el Arca había abandonado Siem Reap con otro destino. Cojo otro tuk tuk en la entrada del recinto por 3$ hasta el hotel. Son las 11:00 y era la hora en que terminaba el desayuno, pero entro sin que me pongan ninguna pega. Parecía que no había hecho nada, pero me había pasado más de 5 horas andando sin parar.

Me bajo a la piscina y me relajo como hacía tiempo. El día está soleado y viendo que ya no pinto nada en Siem Reap, ya que en una semana volveré con Edu, decido ir a la habitación a hacer la mochila y largarme hacia Phnom Penh ya que en un día aparecería mi compañero de fatiga. Compro el billete por 6$ y en menos de una hora ya estaba camino de P.P. Vuelve a parar en Skuon y esta vez lo que veo, ya no son sólo todos lo bichos del mundo habidos y por haber en cestos de mimbre fritos y aliñados, sino que algunos de ellos están vivitos y coleando. Como las enormes arañas estilo tarántulas que además se las pasean por todo el cuerpo para deleite de los viajeros. Era lo que me faltaba para terminar mi día arácnido.

 

6 horas después el autobús llega a Phnom Penh. En el asiento de al lado, se me había sentado un indio con ganas de charleta, y la segunda mitad del viaje nos lo pasamos casi todo el rato hablando. A la hora de coger el tuk tuk para ir al hotel, me propuso compartirlo para ahorrar gastos e ir en busca de alguno, ya que ninguno de los dos teníamos reservado. Le propuse ir al que había estado el primer día de mi llegada y allí nos fuimos. Lo mejor llega cuando estamos en recepción para hacer el check-in y me propone compartir la habitación también. Llegados a ese extremo me dí cuenta por donde iba y le dije que muchas gracias pero que no, y él viendo también por donde iba yo, dijo que prefería otro hotel que tuviera desayuno buffet. Así que salvado el malentendido, me fui a cenar algo tranquilamente y seguido a la habitación a dormir que había sido un día cansado de narices.

 

B.F.F.F.

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