Siem Reap Parte 2, Camboya

Wat Kamphaeng en Battambang, Camboya.
Battambang, Camboya
Las cuevas de Pak Ou en Luang Prabang, Laos.
Luang Prabang, Laos
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Siem Reap Parte 2, Camboya

Transportando a los monjes de una orilla a otra del río Sangker en Camboya.

Para llegar hasta Siem Reap, esta vez lo haremos en barco a través del río Sangker. Será una experiencia inolvidable, tanto por lo cansado del viaje como por los fantásticos paisajes que se ven a lo largo del trayecto. Una vez en las ruinas de Angkor, tendremos la grandísima suerte de poder disfrutar de ellas prácticamente solos, debido a un simple cambio en el orden de las visitas a los templos.

Nos levantamos todavía más temprano que los días anteriores. A las 6:15, estamos arriba, ya que a las 6:45 nos venían a buscar para llevarnos hasta el muelle desde donde salía el barco para Siem Reap. Desayunamos a toda leche y nos montamos en la parte de atrás de una furgoneta pick-up, para llevarnos hasta el embarcadero.

Cuando llegamos, ya estaban otras 10 personas preparadas para zarpar. En total éramos 12, los pasajeros que íbamos a hacer el viaje, y la mitad más o menos extranjeros. El barco, tal y como nos imaginábamos, tenía la justa flotabilidad, gracias a que era de madera, porque en esas condiciones un barco de otro material habría estado en el fondo del río muchos años atrás. Las comodidades eran escasas o incluso nulas. Había unos maderos rodeando el barco, donde nos teníamos que sentar y en el medio iba la carga que ellos llevaban, más el equipaje de los pasajeros. Sin contar el motor, que también estaba estratégicamente situado. El techo del barco también estaba lleno de sacos y cajas. Hubo un momento en que dudamos si era un transporte de pasajeros o un barco de envíos de «UPS».

El caso es que ya sabíamos o por lo menos intuíamos lo que iba a ser, así que no nos pilló muy desprevenidos. Además los fantásticos paisajes, la vida que rodea el río y las conversaciones con los pasajeros, hicieron que las más de 7 horas de viaje, fuesen de lo más placenteras. Cansadas, pero a gusto.

 

El motor del barco se estropeó un par de veces y otras tantas hubo que parar para quitar las ramas, hojas y demás que se iban metiendo en la hélice. A mitad de camino, hizo una parada en el medio de un pueblo que estaba totalmente orientado al río. Allí aprovechamos a comprar algo para picar y agua. La mayoría del viaje, fuimos en la parte de arriba, ya que hacía un día estupendo y con lo que se movía el barco era lo mejor para no marearse. Aunque hubo un par de percances. Uno con el sol, que pegaba más fuerte de lo que creíamos y acabamos ligeramente achicharrados. El otro, con la maniobrabilidad del capitán, ya que hubo unas cuantas veces que en vez de esquivar los árboles que vencían sobre el río, parecía que iba a por ellos. Y en una de ellas se los tragó de lleno con nosotros encima, lo que hizo que mi espalda pareciese que había estado de fiesta con una tigresa. Sin contar la cantidad de bichos extraños que a partir de ese momento empezaron a poblar la parte superior del barco, lo que hizo que nos bajásemos a toda leche.

Cuando nos íbamos acercando al muelle de Siem Reap, el río se junta con el Lago Tonle Sap, y aquí se empieza a ver una cantidad de movimiento enorme de barcos y gente. Al llegar, sin tan siquiera parar el barco, empezaron a subir cazapasajeros en busca de su preciado botín. Nosotros llegamos a un acuerdo con un chico de un tuk-tuk por 4$ hasta el centro y buscar un hotel que nos satisfaciese. El trayecto era de unos 15 kilómetros.

Siem Reap

Por el camino habíamos tenido un sol de la leche y nada más llegar a Siem Reap nos recibió una lluvia torrencial. Rápidamente nos montamos en el tuk-tuk y aunque tenía unos plásticos para tapar los lados, llegamos completamente empapados. Tras mirar unos cuantos hoteles, incluido el que había estado yo la vez anterior, pero que esta vez estaba mucho más caro, nos decidimos por el Hotel Royal Crown. 30$ la noche, con desayuno incluido y una buena piscina. Estaba muy limpio, las habitaciones eran bastante espaciosas, con televisión, y la gente que lo atendía era muy amable. Además estaba muy bien situado.

Nos tumbamos a descansar un poco nuestro maltrecho cuerpo y nos quedamos completamente dormidos. Sobre las 19:00 y con un hambre voraz, nos despertamos y bajamos directos al restaurante del hotel. Nos pusimos ciegos y no llegó a 15$ los dos, que para ser un hotel estaba bastante bien de precio. Salimos a dar una vuelta por la city y nos sorprendió lo animada que estaba. Había un montón de bares, restaurantes, puestos callejeros, …… , se notaba que era una ciudad muy turística. Vimos un cartel en el que ponía «Night Bazar» y fuimos a echar una ojeada a ver que había. Era el típico sitio con cosas para turistas. Vimos cosas muy chulas (que luego no valen para nada), pero no compramos, ya que todavía quedaba mucho camino por delante. Los precios eran mejores los de Phnom Penh.

 

Al final del bazar, hay un bar al aire libre con unos sillones muy cómodos, en los que uno se podía hasta tumbar. Nos pedimos un par de zumos enormes con una pinta estupenda, uno de naranja, que era amarillo, y otro de multifrutas. 2$ cada uno. Estuvimos un rato degustándolos, charlando y haciendo los planes para la visita del día siguiente a los templos. Y ya de vuelta al hotel, quedamos con un tuk-tukero a las 4:45 de la mañana para recorrer los templos por 15$, con opción a propina por buen servicio.

Templos de Angkor

A las 4:15 suena el despertador, y aunque se hace bastante difícil levantarse de la cama, teníamos por delante un día bastante apetecible. Como el desayuno estaba incluido, el día anterior habíamos quedado en que nos lo pusieran para llevar y en cuanto bajamos de la habitación, allí estaban el chico del tuk-tuk y el del hotel con el desayuno preparado.

Sobre las 5:00, estabamos ya en la puerta de entrada, haciendo los trámites para ingresar en el recinto. Aunque había gente, la hora escasa de diferencia que había pasado desde la primera vez que estuve a la segunda, hizo que se redujera en un número elevado el número de visitantes que había allí congregados a la espera de poder entrar. Pagamos los 20$ y nos sacaron la foto con la cámara web, dándonos como una especie de carnet para poder acceder a todos los templos del recinto.

Esta vez en vez de iniciar la visita por el Angkor Wat, al ver que todos los allí presentes era a donde se dirigían, decidimos cambiar el orden de las visitas y empezar por el Bayon. Fue lo mejor que pudimos hacer, porque conseguimos ver prácticamente todos los templos sólos. Hubo una francesa que tuvo la misma idea que nosotros y allí que nos veíamos en uno tras otro, pero nada que ver con la multitud que puede llegar a haber.

Este primer templo, el Bayon, para mí es el más impresionante de todas las ruinas. Está lleno de imágenes de Buda de la compasión esculpidas en sus torres. Fue construido 100 años antes que el Angkor Wat. Está incluido dentro del grupo de Angkor Thom, al igual que la Terraza de los Elefantes y la del Rey Leproso. De allí nos acercamos hasta el Ta Keo y el Ta Phrom. El primero, es uno de los más enigmáticos de Angkor, ya que quedó inacabado por causas que se desconocen. Y el segundo, construído por el Rey Jayavarman VII en honor a su madre a finales del siglo XII, está completamente tragado por las raíces de árboles enormes. Esto hace que sea uno de los templos más visitados.

 

El día no había amanecido muy claro y de vez en cuando caía un poco de sirimiri. Pero cuando habíamos terminado de ver los templos anteriormente comentados empezó a clarear, con lo que aprovechamos para ir hasta la zona más lejana, Kbal Spean, situado a unos 40 kilómetros de distancia, por una carretera sin asfaltar y con una cantidad enorme de baches y agujeros. Estaba tan hecha polvo la carretera, que hubo un momento en el que el tuk-tuk dijo basta y se le rompió la cadena. Estábamos en medio de la nada, pero tuvimos suerte, porque la carretera era cuesta abajo, y dejándonos llevar un par de kilómetros más abajo había un pueblito en el que se la consiguieron arreglar. En ese impás, aprovechamos para sacar nuestro delicioso desayuno, consistente en un bollo, mantequilla, jamón, huevo duro, pieza de fruta y zumo, que compartimos con el tuk-tukero y el mecánico.

2 horas después llegábamos al inicio de la caminata que teníamos que emprender para acceder hasta la zona del río en el que se encontraban los grabados. Son 1,5 kilómetros, por el medio de la selva, aunque esta vez señalizado 😉 Se atraviesan grandes árboles y rocas. Hay mucha humedad, con lo que se suda bastante y se hace un tanto duro. Pero al final, se encuentra la recompensa. Una serie de relieves hinduístas grabados en las rocas del río y una hermosa cascada. También es conocido como «el río de la mil lingas», en referencia a los falos sagrados del Dios Shiva tallados en las rocas del río. Nos refrescamos un poco en el agua de la cascada y a medio camino de vuelta hacia el recinto principal de Angkor, se encuentra el Templo de Banteay Srei. Debido a su aislamiento en medio de la selva, hasta 1998 no pudo empezar a ser visitado, ya que era una zona donde se refugiaban los guerrilleros entre campos completamente minados. Fue construído en el año 967 por mujeres. Como ellas no tenían tanta fuerza para mover rocas grandes, el tamaño es menor, pero eso fue compensado con los impresionantes detalles de su decoración.

 

Aunque aquí, más que los templos, lo que nos impresionó fue ver a los niños como jugaban. Con dos palos eran felices. Otros con un neumático. Y una niña que vimos en una esquina sentada, a la que le preguntamos a ver si nos dejaba sacarle una foto, le vimos con su mascota. Una rana hinchada, que la llevaba atada por una pata con un cordel. Son cosas que te sorprenden enormemente, pero cuando eres padre, le das vueltas en tu cabeza a muchísimas cosas……(creo que se me entiende). También nos asaltaban cada vez que parábamos en algún templo, un montón de niños para pedirnos dinero y vendernos cosas hechas por ellos. El dinero, en ningún momento se lo dimos, pero de vez en cuando les comprábamos alguna que otra cosa.

Aquí llega un gran dilema. Les doy dinero porque les veo que están necesitados y a mí no me va a sacar de pobre el darles unos pocos dólares, …….. Pero piensas…, y si les doy el dinero, ellos se van a acostumbrar a estar siempre pidiendo y no les va a interesar ir al colegio a aprender porque ven que hay maneras muy fáciles de conseguirlo. Y con las compras, otro tanto de lo mismo, ya que son enviados por sus padres o muchas veces por mafias, que les obligan a vender las cosas para llevarse algo mísero a casa y poder comer. La verdad, es que es una confrontación en la cabeza cada vez que veo esto cuando viajo por el mundo. Es como si tuvieras el angelito y el demonio a uno y otro lado de los hombros, diciéndote lo que debes o no debes hacer.

 

Cansados ya un poco de tanto templo, empezamos con la retirada. Pasamos por los templos Preah Khan y Preah Neak Pean y subimos a la colina de Phnom Bakheng. Una media hora entre subida y bajada. Arriba del todo hay un templo consagrado a Shiva. Las vistas desde aquí son espectaculares. Es posible subir en elefante por 15$. Es una visita organizada por todos los grupos al atardecer, para ver la puesta de sol. Juntándose decenas de visitantes, lo que le quita todo el encanto que pudiera tener. En cambio a la hora que hemos ido, estábamos sólo nosotros y unas chicas australianas. Estuvimos charlando un poco con ellas. Llevaban 3 meses recorriendo mundo y les quedaban por delante otros 5 más…… uuummmm!!!!….Qué envidia!!!!!!

Como colofón al día tan bonito que llevábamos, terminamos nuestra visita en el Angkor Wat. Volvimos a darnos cuenta de que nuestra forma de haber hecho la visita fue la idónea, ya que estaba casi vacío. Había gente, pero nadie comparado con lo que se veía a primera hora. Tras las cientos de fotos de rigor del templo por excelencia de Angkor, cogimos el tuk-tuk de vuelta al hotel.

Eran las 16:00, llevábamos casi 12 horas desde que nos habíamos levantado y no habíamos parado en ningún momento. Nos despojamos de las ropas sucias y sudorosas y directos nos fuimos a la piscina del hotel. Casi podría decir que fue lo mejor del día. Qué relax!!! Comimos y nos tumbamos un poco, con lo que inevitablemente nuestros cuerpos cayeron rendidos y nos echamos un siestón de los buenos, con babilla colgando y todo 😉

 

Sobre las 20:00 salimos a dar una vuelta por la calle Pub Street, que es la zona de bares, y viendo uno que tenía billar, aproveché a darle la revancha a Edu. Sólo nos dió tiempo a echar una partida, ya que llegó más gente y como había comentado anteriormente, aquí se juega el ganador contra el que se apunta en una lista que hay, no se puede tener ocupado el billar los mismos todo el rato. Lógicamente me anoté otra victoria en mi casillero.

Mientras estábamos jugando, nos sucedió algo un tanto sorprendente. Había empezado a llegar gente y había unos chicos viendo como jugábamos. De repente, un grillo saltó encima del tapete y ni corta ni perezosa una de las chicas, lo cogió y le pegó un tarisco, dejándolo por la mitad. Edu y yo ojipláticos, no podíamos creer lo que veíamos. Encima la chica nos miró con cara de que estaba buenísimo y nos alargó la mano ofreciéndonos el resto, pero declinamos su suculenta invitación.

Volvimos al hotel y directos a dormir, ya que al día siguiente dejábamos Camboya, para coger un vuelo hasta Luang Prabang en Laos.

 

B.F.F.F.

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