Viaje a Egipto – Abril 2018 – En la necrópolis de Giza

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Viaje a Egipto – Abril 2018 – En la necrópolis de Giza

Templo de Isis en el Cementerio Oriental de la Gran Pirámide, Giza. Viaje a Egipto con Viajes Ikertanoa en abril 2018.

Hoy pasamos el día entero en la necrópolis de Giza, con especial dedicación a la Pirámide de Khufu y a la de Menkaura. Es una visita de carácter más técnico que en otras ocasiones, centrándonos en las canteras, la geología de la meseta, las estructuras arquitectónicas y en todos los detalles e indicios de construcción de los complejos funerarios. Todo ello aderezado por un completo escrutinio de la Barca Solar y, por supuesto, la esfinge y el templo del valle de Khafra…tampoco es que se pudiese hacer mucho más…

Ayer fue un día de espera. Llegaban nuestros viajeros, ya teníamos los Cairo Pass y sólo quedaba comprobar que en el hotel donde íbamos a alojarnos estos próximos días en El Cairo estaba todo correcto. No madrugo, dejo la maleta fuera de la habitación a las 12:30 (tarde, como siempre, y el pobre Kimo que había llegado puntual al hotel, esperándome) después de comprobar correo, hacer algunas llamadas y tomarme el último turkish coffee con cigarrito en la piscina para espabilarme un poco, bajo a despedirme del staff del Steigenberger y me encuentro con una nueva y muy agradable visita inesperada de un amigo al que hacía tiempo que no veía. Dejamos ya el centro de El Cairo y nos vamos con maleta, portátil, cámaras y casi la casa encima hasta el Le Meridien Pyramids Hotel & Spa, casi al lado de la meseta de Giza.

El hotel… Pues a pesar de que se supone que lo han renovado por completo y de que algunos amigos me habían comentado que se notaba gran diferencia, lo cierto es que no se han esforzado mucho. Dejé de ir a este hotel porque la última vez que estuve daba asco hasta la piscina y las habitaciones se encontraban en tal estado que parecía que la batalla de Qadesh se hubiese librado en ellas. Ahora está correcta y agradable la zona de la piscina, han modificado la estructura de la planta del lobby, ampliándolo y cambiando el restaurante, y a las habitaciones les han hecho un lavado de cara. Y eso que estamos hablando de la planta de Starwood Preferred Guest y habitaciones con vistas a las pirámides. Toallas que bien merecen jubilarse, el cuarto de baño sin secador de pelo, aunque pedimos uno para cada habitación y nos lo subieron al momento (todo el personal del hotel con los que hemos ido tratando, muy agradables), y algún que otro detalle como que las camas estaban hechas de forma que parecía que alguien se acababa de levantar de la siesta. No está mal, pero tampoco es como para hacer un panegírico del mismo; estaba mejor antes de deteriorarse y dejar de ir a él. Por lo demás, la comida sigue siendo buena, como comprobamos por la noche cenando y la piscina agradable para tomar algo con vistas a las pirámides, que es justo a lo que nos dedicamos hasta que no dio la hora de acercarnos al aeropuerto a recibir a nuestros viajeros.

Y, cómo no, otro sitio para comer nuevo que había que probar. Esta vez un fast food de pollo egipcio en la Avenida de las Pirámides, en el barrio de Oula Al Haram, que nos quedaba relativamente cerca, no para ir andando pero sí en Uber. Y allá que nos vamos al Rosto. Los pollos asándose en el lateral izquierdo de la puerta ya auguraban un buen sabor, pero aún así me sorprendió lo rico que estaba el pollo y más aun las salsas de distintos colores. Aquí no vais a encontrar a nadie que no sea egipcio, a no ser que ande un poco despistado. Subimos al primer piso y aprovecho a hacer alguna foto. Digamos que es una especie de KFC pero con más variedad y pollo de verdad, no de plástico. Cantidades grandes y con lo que pensaba que iban a ser unos trocitos pequeños de pollo marinado casi podría haber comido todo Giza, sobre todo teniendo en cuenta que el otro plato no me esperaba que fuese literalmente medio pollo asado con patatas, salsas y ensalada. Recomendado 100%: rico, limpio, bastante rápido en servir, pero no esperéis encontrar alcohol aquí.

Al acabar nos fuimos para el hotel a descansar en la piscina con una Stella y vistas a las pirámides. Pensaba estar ya vacunada contra ellas, pero es verlas y ponerse la piel de gallina. Como cogimos un taxi de los tradicionales, aprovecho para ir haciendo un video del trayecto y algunas fotos…en estos me dejan bajar la ventanilla y también fumar…en los Uber no hay forma, lo que es lógico porque tienen puesto el climatizador y lo de fumar dentro ni pensar en ello, aunque tampoco os creáis, si no conocéis el servicio en Egipto que todos los coches están impecables; la mayoría están muy bien, algunos magníficos, pero alguno que otro se queda corto. Aún así el coste de todos los trayectos que he hecho en ellos es correcto, incluso tirando a barato. Terminamos el día dando la bienvenida a nuestros viajeros en el aeropuerto, acomodándolos y cenando algo en el hotel para celebrar la llegada.

Por fin llega el día de visitar Giza, probar el Cairo Pass, comprobar si se han implementado las medidas que, supuestamente, comenzaban a funcionar a primeros de abril y ver si todo lo que dicen que está abierto lo está.

Madrugamos aunque tenemos todo el día, aun a sabiendas de que no habrá mucho turista y que en principio tampoco hay problema de cupos para entrar en la Gran Pirámide, pero el calor que está haciendo estos días es exagerado y de paso nos aseguramos que tenemos tiempo de sobra para hacer todo lo planeado.

El Cairo Pass, todo correcto; apuntan número del pase y fecha, comprueban que está en vigor y para dentro. Poca gente, aunque se va notando que el turismo crece; pequeña aglomeración, por llamarlo de alguna forma a comparación de lo que luego nos encontraríamos en el resto de la meseta, en la entrada de la Gran Pirámide, pongamos unas 20 personas y, sorprendentemente, un grupo de indios que nos los iríamos encontrando el resto del viaje junto con algún otro; se empiezan a ver turistas indios, cosa que no ha sido nunca habitual en Egipto.

Pues bien, en cuanto a las medidas que iban a implementar lo que más me preocupaba era el recorrido, que nadie sabía cuándo lo modificarían ni si obligarían a realizarlo como estaba planeado con la finalidad de ofrecer al turista una visión de conjunto del yacimiento, o si se podría andar a tu aire; tampoco sabía si tendría que lidiar obligatoriamente con un carro de golf o podríamos andar tranquilamente a nuestro aire sin motorización alguna. La cosa es que todo seguía como siempre. Pregunto en lo que respecta a si todo está abierto y me dicen que sí, por supuesto, todo está abierto, pero mal empezábamos porque el día anterior ya me enteré de que las tumbas de Qar e Idu del cementerio oriental de la Gran Pirámide estaban cerradas al público. Y es que, ya lo dicen, está abierta la meseta y sí, claro, está muy abierta, pero las tumbas estaban todas cerradas. Sólo había posibilidad de entrar en la Pirámide de Khufu, pirámides de las reinas, pirámide de Menkaura, Barca Solar, Templo del Valle de Khafra, esfinge y Barca Solar. También es posible que no estuviese cerrado el resto, pero que al estar sólo cuatro monos por allí el guarda correspondiente decidiese darse un paseo y dejar las puertas cerradas…yo que esta vez iba con dos cámaras preparadas para Meresankh… Y es que, a excepción de algunas personas en la pirámide de Menkaura y otras 10, aproximadamente, bajando al mismo tiempo que nosotros la calzada de Khafra, en el resto estuvimos solos todo el tiempo.

Se nota que intentan cuidar más el yacimiento. Ya se pueden ver zonas valladas para impedir el paso de camellos, algunas pasarelas más de madera y un poco más de orden y limpieza en general. Espero que no acabe siendo un parque temático, aunque me temo que tanto esto como Luxor terminarán pareciéndolo de aquí a unos años.

La entrada a la Gran Pirámide ha sido tan tranquila como cuando teníamos permisos especiales; pocas personas y muy civilizadas. En la de Menkaura ha desaparecido el agobio del ambiente que creaba la humedad como consecuencia del exceso de visitantes al igual que en Khafra. En ninguna de las dos nos permiten meter la cámara, cosa que no entiendo ya que ahora pueden hacerse en todas las tumbas excepto en las “especiales” del Valle de los Reyes, sobre todo ahora que ni tan siquiera se puede poner como argumento la masificación y consecuente entorpecimiento en caso de que cada persona se dedique a hacer una sola foto. en la pirámide Roja, en Dahshur, no hubo problema alguno; igual porque estábamos solos.

No llegamos a Khentkaus, zona de trabajos arqueológicos. Como veremos en otras áreas de Cairo y Luxor, cada vez están mas zonas cerradas por este motivo. Tampoco era el objetivo de este viaje, por lo que no hice ni el amago de acercarme.

Finalizamos la visita y decidimos ir a tomar algo y, si era caso, comer, por la zona de la esfinge. En principio íbamos a comer en el Mena House, pero cambiamos sobre la marcha. Nos vamos hasta el Hadaba, a escasos metros de Heit el-Ghurab (Muro de el Cuervo) que podría haber separado la necrópolis del asentamiento o ciudad de las pirámides. Desde su terraza, si se hace abstracción del aparcamiento para los autobuses de turistas que esperan a la salida de estos de la esfinge, tenemos una magnífica vista de las pirámides pudiendo contextualizarlas en el conjunto del yacimiento, ya que podemos ver hasta las tumbas de los trabajadores de esa ciudad. Pero no estamos de suerte; los del restaurante, como que no tenían muchas ganas de trabajar y, además, ya no tienen cerveza, por lo que sin ánimo de hacer nuevas incursiones infructuosas nos dirigimos directamente para el 139 Restaurant del Marriot Mena House a degustar su cuidada cocina junto al estanque y casi a la sombra de la Gran Pirámide.

Acabada la comida, regresamos al Meridien Pyramids y nos permitimos hacer un merecido descanso para ponernos de nuevo en marcha a eso de las 18:00 horas. Nuestros viajeros quieren conocer algunos sitios del centro de El Cairo, pasear por él y ya cenar allí. Proponen ir a tomar una copa al Café Riche, dar una vuelta por los alrededores y luego ya cenar, lo que me parece una magnífica idea. Por mi parte, les sugiero que cenemos en el Abou el Sid, en Zamalek, restaurante que me encanta y al que no perdono al menos una visita cada vez que estoy en Cairo. Y dicho y hecho, hago la reserva en el restaurante, llamo a un Uber con la App de mi móvil y salimos del hotel.

Más de dos horas nos ha llevado el llegar hasta la Plaza Tahrir, que es donde le he dicho que nos deje al chófer. El pobre hombre ya no sabía lo que hacer para evitar la retención bestial que había para llegar al centro. Le he dicho que se metiese entre calles y al final, casi pidiendo perdón y avisando de antemano, supongo que por si acaso creíamos que nos estaba secuestrando o algo así ;P se ha empezado a meter entre callejuelas, muchas de ellas sin asfaltar y escasa luz, lo que nos ha servidor para conocer nuevos barrios, lo que nos ha permitido ahorrarnos un buen tramo de caravana.

Nos bajamos en la Plaza Tahrir y nos vamos andando hasta el Café Riche, en el 29 de la calle Talaat Harb casi en la confluencia de Kasr al Nil con la Plaza Talaat Harb, y prácticamente al lado del mítico Groppi, ahora cerrado. Sigue como siempre lo he visto. He pasado por aquí cientos de veces pero al final siempre me había decantado por sentarme en el Groppi. Íbamos a tomar un Bloody Mary pero el tomate como que no, así que copa. Se está bien. Limpias las mesas, lo que se dice limpias, no es que estén; da la sensación de que te vas a quedar pegado en el mantel, pero a estas alturas y por el sitio que es no te das casi ni cuenta. El Café Riche lleva abierto desde 1908, habiendo adquirido su fama por ser el lugar de encuentro de intelectuales y donde se fraguaron algunos de los acontecimientos más importantes de la historia de Egipto durante el siglo XX.

Tras comprarme tabaco uno de los camareros, dejamos ya el café. Con lo que hemos tardado en llegar se nos ha hecho un poco tarde, por lo que volvemos a la Plaza Tahrir y esta vez nuestros viajeros van a probar uno de los taxis tradicionales. Cogemos uno de los tantos que paran y nos lleva para Zamalek; el taxista muy majo y consigo que nos bajemos y acabar la carrera sin que pida sobreprecio; tampoco le había hecho una mala oferta para la distancia que íbamos a recorrer.

En el Abou el Sid tenían la reserva pero, como es normal en este restaurante, a la hora que fuimos, hubo que esperar. La pena es que siendo sólo tres nos pusieron en una de las mesas medianas, no en las grandes de las bandejas, pero disfrutamos igualmente de la comida, de la shisha…pero no del postre porque tardaron demasiado y acabamos desistiendo. Nos pedimos una botella de un vino que no había probado hasta entonces de Sudáfrica, Cape Bay, Merlot; mi duda era si pedir ese o el de siempre, el Omar Khayyam, y lo cierto es que habría acertado mejor con este último; no me entusiasmó el sudafricano, aunque no estaba mal del todo. De comida, las típicas stuffed wine leaves, taamiya, tahina, babaganough, salchichas, molokhiya (yo no, que me da mucha cosa ver la clara del huevo así colgante) y una tahina de gambas; todo muy bueno.

Y pagada la cuenta, pedimos otro Uber y de vuelta para el hotel; esta vez llegamos rápido. Acabamos el primer día con buen sabor de boca y habiendo disfrutado de historia, arqueología, gastronomía y ciudad. Mañana nos toca Dahshur y Saqqara.

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