Viaje a Escandinavia

Cartél en el hospital de La Habana
La Habana – Cuba
Playa en sanguinet en Las Landas al sur de Francia
Las Landas – Sur de Francia
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Viaje a Escandinavia

Ruta del Viaje a Escandinavia

Ruta final del viaje

Para el viaje de verano, nos asaltaban muchas dudas. Nuestro corazón decía Asia, pero nuestra cabeza, puesta como un bombo por Iker y Noa, decía Europa, ya que ellos tenían muchas ganas de ir de camping. Y para ello la opción más viable que veíamos era recorrer algún país europeo. Le estuvimos dando muchas vueltas a posibles destinos como Italia, Córcega y Cerdeña, llegar hasta Grecia e incluso visitar las desconocidas Macedonia y Albania de las que he oído maravillas.

Finalmente y ante la insistencia de Iker, que tenía muchas ganas de ver la Torre Eiffel, incrementada después de que sus primos hubieran estado allí en navidades, nos decantamos por ir a ver Paris. Pero claro eso se quedaba corto para el mes que teníamos, y pensamos que ya que íbamos hacia el norte, porque no subir un poco más y llegar hasta Cabo Norte??? El punto más septentrional de Europa y disfrutar de un fenómeno que sólo se da por esas latitudes, el sol de medianoche. En el sur del mundo también se produce, pero al no haber asentamientos humanos es sólo en el norte donde se puede disfrutar con más facilidad.

Un viaje parecido habíamos hecho Usua y yo 10 años atrás, pero por causas que no vienen al caso, no nos dejó muy buen sabor de boca, así que creímos que podría ser una buena manera de resarcirnos disfrutando de esas maravillas de la naturaleza con los enanos. Además teníamos una foto en casa de los aitites, junto a Papa Noel, y Noa cada vez que la veía nos decía que quería ir a verle. Así que ya teníamos la segunda excusa perfecta para llegar hasta arriba del todo.

Plan de viaje

 

Una vez decidido el destino, perfilamos un poco el viaje, pero si cuando vamos a Asia nos dejamos llevar bastante, ahora que íbamos con nuestro coche, teníamos casi seguro que los planes del principio variarían considerablemente.

La idea era, subir hasta París, desde allí llegar a Hirtshals en Dinamarca y coger un ferry para llegar hasta Noruega, la anterior vez habíamos atravesado el puente de Oresund con lo que queríamos hacerlo un poco diferente. Una vez en Noruega llegar a Oslo y atravesar todo Suecia hasta Rovaniemi en Finlandia, donde está la casa de Papa Noel. Luego subir por Finlandia hasta Cabo Norte y bajar poco a poco por la costa hasta llegar a los fiordos. Atravesar de nuevo el Mar del Norte, y dirigirnos hacia Holanda para ver Amsterdam y los pueblitos que lo rodean como Marken y Volendam, ya que hace muchos, muchos, pero muchos años atrás, estuve con unos amigos de visita, a otro que se había ido a trabajar allí y tenía muy buen recuerdo de los lugares, con lo que me apetecía que lo viera el resto de la familia.

Como he comentado anteriormente esto era sólo un esbozo de lo que en teoría sería nuestra ruta. La belleza de los paisajes, el estado de ánimo, Iker y Noa, y sobre todo el clima, determinarían nuestra ruta a seguir.

Sólo había dos días obligatorios en todo el viaje y eran el 6 y el de 20 de julio, que teníamos que estar por narices en Hirtshals (Dinamarca) y en Kristiansand (Noruega), respectivamente, para coger los ferrys que teníamos cogidos de antemano para ahorrarnos la subida de precios de última hora.

 

Para cruzar media Europa con el coche, lo único que necesitábamos era la carta verde, que es un papel que te da tu compañía de seguros para certificar que el vehículo está asegurado para los posibles daños a terceros.

Llevamos los dnis y los pasaportes por si acaso, ya que el de Noa estaba caducado, lo cuál nos vino bien ya que al cruzar el ferry y llegar a Noruega, nos pararon y pidieron la documentación. También fuimos a la Seguridad Social y sacamos la tarjeta sanitaria europea que acredita el derecho a recibir las prestaciones sanitarias en caso de que sean necesarias, dentro de los países miembros del Espacio Económico Europeo y Suiza. Se puede solicitar fácilmente por internet y en menos de diez días está en casa. Pero como tenían unos datos mal puestos de Iker, tuvimos que hacerlo presencialmente. Es muy importante llevarla ya que sino es probable que se tenga que pagar del propio bolsillo la consulta. Por ejemplo en Suecia sólo la consulta sale por unos 240 € y en noruega aunque se lleve siempre se pagará un mínimo de unos 20 € por consulta, tal y como lo hacen los ciudadanos del propio país. Con lo que viendo esos precios de entrada no me quiero ni imaginar lo que puede costar que te tengan que hacer una radiografía o un ingreso hospitalario.

En las zonas de los lagos y ríos hay que tener «cuidado» con la cantidad de mosquitos que hay. Aunque no son portadores de enfermedades, son molestos de narices, sobre todo al amanecer y al atardecer. Con lo que unas mangas y pantalones largos a esas horas no vienen de más.

Las carreteras son buenas. Son casi todas gratuitas, salvo en Noruega que cada cierto tiempo te hacen pagar una cantidad variable de coronas sin entender muy bien el porqué, ya que son carreteras de lo más normalitas y algunas tendiendo a malas.

Una cosa a tener en cuenta en los peajes de Noruega es que no se pueden pagar con dinero ya que no hay cabinas al uso como pasa en España, sino que un par de kilómetros antes, más o menos, hay unos carteles que te indican que hay un peaje y pasas por un arco que coge toda la carretera y lee la matrícula del coche para pagar por él. Hay tres métodos de pago. El primero es registrar una tarjeta en la página autopass.no y pagar una cantidad para los posibles peajes que en caso de no utilizar te será devuelto. El segundo es parar en unas determinadas gasolineras que pone»KR Service» y allí pagar los peajes que has pasado hasta el momento. Y la tercera y más cómoda es pasar como si nada y esperar a que te llegue la factura a casa. En teoría luego se puede pagar en unos determinados bancos o con tarjeta y no te cobran recargo alguno. Así que nos decantamos por esta última opción y todavía estamos a la espera de que llegue el recadito, pero como hasta primeros de septiembre no pasamos por casa, habrá que esperar a ver si llega o se han olvidado de nosotros. Ya lo actualizaré en su debido momento si llega el caso.

 

Otra dato importante es que los kilómetros pasan a pedo de burra, no hay que esperar hacer una media de 120 Km/h, si llegas a 80 Km/h eres un afortunado. Y si ya nos decantamos por las carreteras de la costa, la media baja considerablemente. No es gente que suela correr y además respetan mucho al que va delante guardando una gran distancia de seguridad. La cantidad de renos que nos encontramos en medio de la carretera cada dos por tres, puede que sea una de las razones. Eso sí, la belleza de sus paisajes hace que eso pase a segundo plano y enseguida te integres en su modo de conducción.

El clima. Aaayyyy el clima!!!! Eso es precisamente lo que más nos echaba para atrás de este viaje. 10 años atrás experimentamos en nuestras propias carnes los efectos de la lluvia y las tormentas en este lado del mundo. No es que siempre llueva y haga malo, ni mucho menos, pero hay que tener suerte de que justo el día que estás en determinado sitio luzca el sol. Lo más normal es que haya nubes y de vez en cuando caiga algún que otro chaparrón. Los primeros 15 días del viaje, tuvimos bastante suerte, pero la última semana en Noruega se vengó. Y eso que cuando salíamos del coche para ver algo o hacer una caminata parecía que los Dioses se apiadaban de nosotros y la cosa mejoraba ligeramente. Los enanos acabaron tan hasta las narices del tiempo que fue una de las causas que acabó determinando nuestros cambios de planes. También es cierto que nosotros somos más de playa y eso se nota mucho.

A modo de ejemplo, en un camping de Suecia nos encontramos con un señor alemán que estaba recorriendo Escandinavia y que al pasar por Finlandia durante una semana no le dejó de llover diariamente y en cambio a nosotros nos caían chaparradas y era bastante soportable.

Respecto al idioma, es difícil de narices, pero hay una ventaja y es que prácticamente todos los habitantes tienen el inglés como su segundo idioma, aunque al oírles hablar parece que hasta fuera el primero. Así que controlando un poco la lengua de «sakespeare», como dice mi madre, no habrá ningún problema.

Y por último el tema de la comida y el alojamiento.

La comida es cara hasta decir basta. No comimos ningún día fuera, bueno miento, en el camping solíamos comer siempre con la mesa fuera de la tienda 😉 Sólo con ver los precios echaba para atrás y nuestra economía no alcanzaba para esos lujos. Así que el 95 % de la comida fue de supermercado. Aunque eso no quiere decir que fuese económico. Era más barato que comer fuera claro está, pero de económico nada de nada. A modo de ejemplo, un paquete de pan de molde costaba al cambio 5 euros y medio, un paquete de patatas para picar 6 €, el kilo de plátanos a 5€, una cerveza 3 € y así todo lo que uno se podía encontrar en el supermercado.

Finlandia y Dinamarca eran ligeramente más baratos, pero Suecia y sobre todo Noruega eran totalmente prohibitivos.

 

Respecto al alojamiento, anda paralelo a los precios de la comida. Nosotros optamos por el camping y la verdad es que es una auténtica maravilla. La mayoría de ellos tienen de todo lo que uno se pueda imaginar. Hay cocinas con microhondas y horno, salas para comer y poder ver la televisión. Los baños están tan limpios como los de tu propia casa y además hay algunos familiares para poder preparase todos juntos. Las zonas de juegos para los enanos son espectaculares, con un montón de juegos, y los que tienen piscina, la mayoría tienen toboganes estilo aquapark con el agua climatizada. Pero si con esto no es suficiente, el paraje donde se suelen encontrar, no lo tienen ni los mejores hoteles del mundo. Así que es una opción muy recomendable. Y si encima vais con furgoneta, caravana, autocaravana y no tenéis que dormir en el suelo, como aquí unos pobres hombres, entonces ya es casi casi el lujo asiático 😉

 

En resumen, es un viaje caro, pero con un poco de cuidado puede llegar a entrar dentro de nuestro presupuesto. Cansado, pero con recompensas para nuestros ojos después de cada kilometrada. Y sobre todo es un viaje en donde la naturaleza se muestra en todo su esplendor y que no dejará de sorprendernos en cada esquina.

 

B.F.F.F.

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