Yogyakarta y los Templos de Prambanan, Indonesia (Java)

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Yogyakarta y los Templos de Prambanan, Indonesia (Java)

Templos de Prambanan en Yogyakarta, Indonesia

Por fin llegaba el día de empezar nuestro viaje a una zona del mundo de la que tanto habíamos oído hablar. Tras una escala en Dubai, llegaremos a Jakarta, la capital del país, para seguido coger otro avión hasta Yogyakarta, en donde comenzará nuestra aventura a través de las maravillosas tierras indonesias.

Como nuestro vuelo era desde Madrid, y allí teníamos la oportunidad de dormir en la casita que tenía nuestro buen amigo Edu, decidimos ir el día anterior para así estar un poco más relajados. Aprovechamos un poco la tarde para recorrer la capital y disfrutar a última hora de la piscina después del calorazo que pegaba en todo el asfalto.

El vuelo salía a las 15:25, con lo que no teníamos ninguna prisa. Nos levantamos tranquilos, fuimos a desayunar y nos pegamos los últimos baños en la piscina para ir fresquitos hacia el aeropuerto. Como eran muchos días de viaje, el dejar el coche en el parking del aeropuerto iba a salir una pasta, así que optamos por dejarlo aparcado en la casa y coger el autobús que paraba a escasos 10 minutos andando. En media hora estábamos en la terminal esperando para facturar.

El vuelo salió a la hora en punto. Era un avión muy grande y los asientos eran muy cómodos, además nos los habían dado en la parte de delante, con lo que teníamos un espacio enorme para estirar las piernas. El entretenimiento de las pantallas estaba muy bien, con un montón de juegos, música y películas, muchas de ellas en castellano. La comida fue la mejor que habíamos probado nunca y en la parte de atrás había continuamente sandwiches y snacks, con todo tipo de bebidas para servirse cuando uno quisiera.  Las azafatas estuvieron muy atentas en todo momento al vernos con críos tan pequeños. Les regalaron unos bolsos con un montón de pinturas y libros para colorear y un par de mantitas de muy buena calidad, que a día de hoy todavía las tenemos en el coche para los viajes largos.

Como Noa tenía que ir encima nuestro y eran muchas horas, decidimos tumbarla en el suelo para que durmiera a gusto. Y vaya que si lo hizo, no se despertó en las 8 horas que duró el vuelo a Dubai. Aunque no se podía ir así, las azafatas fueron condescendientes y nos dijeron que en el caso de que hubiera turbulencias la tendríamos que coger y atarla con el cinturón, pero tuvimos suerte y fue un vuelo de lo más tranquilo. Al no haber cenado nada, porque fue dormida durante todo el viaje, nos habían guardado 3 potitos que nos los dieron antes de bajar del avión. En atención y calidad, sin duda un 10 para esta aerolínea.

 

A las 00:15, estábamos en Dubai. Teníamos 4 horas por delante para deambular por el aeropuerto y hacer que el tiempo corriese lo más rápido posible. Justo a la salida del avión tenían sillas de ruedas de niños, así que aprovechamos y cogimos dos para que los enanos fuesen más descansados. Según se montaron en ellas se volvieron a quedar dormidos. Había un montón de gente, parecía hora punta en la Gran Vía en un día de rebajas. Aunque no teníamos mucha hambre, fuimos a cenar, más que nada por hacer tiempo.

Por fin, a las 4:15 y con media hora de retraso, cogíamos el vuelo dirección a Jakarta. Les preguntamos a las azafatas si podíamos tumbar a Noa en el suelo como en el vuelo anterior. Nos pidieron que esperáramos un minuto, y al volver le dijeron al chico que iba al lado nuestro a ver si se podía cambiar a otro asiento que había libre para poder tumbar a la niña. El hombre accedió sin problemas e hicimos los 4 el viaje entero en un asiento para cada uno. A las 16:15 estábamos aterrizando en Jakarta después de otro estupendo vuelo.

Teníamos que darnos prisa para no perder el que teníamos para ir hasta Yogyakarta. Primero compramos el visado, 21 €, (ya no es necesario para menos de 30 días), luego pasamos el control de pasaportes y fuimos a por las mochilas. En la zona de las cintas transportadoras hay un montón de cajeros para poder sacar dinero. El HSBC era el que más dinero permitía sacar, 3 millones de rupias. El cambio era 1 € = 11.500 R. Pero se me había olvidado la clave de la tarjeta, así que no pude hacer nada y nos fuimos a por el Shuttle bus que nos acercaba hasta la T1, desde donde salían los vuelos domésticos.

Nos equivocamos y nos bajamos antes de tiempo, y al fijarnos en las pantallas, vimos que el horario de nuestro vuelo había sido adelantado en una hora. Así que o corríamos o no llegábamos. Y eso fue lo que nos tocó. Media hora antes de que saliera el vuelo llegábamos empapados a la facturación. Yo iba con Noa en los hombros. Al vernos tan apurados, nos dicen que nos relajemos que venía con más de una hora de retraso. Y digo yo, eso no lo podrían haber puesto en las pantallas…. 🙁

Cogimos unos zumos minute maid, que estaban riquísimos por 12.000 R. y con restos que habíamos cogido del avión hicimos una merienda improvisada.

A las 19:00 cogíamos nuestro último avión del día, previo pago de 40.000 R. por persona menos Noa, en concepto de tasas por los vuelos nacionales. La aerolínea era Batavia Air. Era un avión pequeñito, con poco espacio y daba la sensación de ser bastante viejo. Nos dieron un bollo y una botella de agua. Una hora después aterrizábamos en Yogya.

Yogyakarta

Como en todos los viajes, el hotel de llegada lo teníamos reservado de antemano, y al salir, allí estaba el chico esperándonos en un todoterreno de la marca Toyota, que era enorme. En 5 minutos habíamos llegado al Grand Quality Hotel. Habíamos pagado 110 € por dos noches, con desayuno incluido y recogida en el aeropuerto. El hotel estaba muy bien, las habitaciones eran enormes con dos camas y una cuna y lo mejor de todo era la pedazo piscina que tenía. Teníamos muy claro que si les queríamos meter a los enanos un viaje de estos, con 4 años y 1 y medio, todos los hoteles tenían que tener piscina para que pudieran divertirse, a no ser que estuviéramos en la costa.

Aunque era de noche, salimos a dar una vuelta de reconocimiento por los alrededores. Encontramos un carrefour a pocos metros del hotel, pero estaban cerrando, así que dejamos las compras para el día siguiente.

 

Cenamos en el hotel unos ricos noodles y el manjar típico de esta zona, los nasi goreng, con un par de botellas de agua, por 228.000 R. Y después de casi dos días enteros de viaje, en cuanto tocamos la cama, caímos todos fulminados.

Completamente dormidos, oímos como un silbido insistente de fondo. Al recuperar la consciencia, nos dimos cuenta de que era el timbre de la habitación. Eran las 10:00 de la mañana y querían adecentarla. Declinamos su oferta y volvimos a la cama. A las 12:00 del mediodía empezamos a desperezarnos. Como ya no podíamos desayunar, nos acercamos hasta el Carrefour y compramos algo de fruta, unos batidos, bollos y galletas por 64.000 R.

Templos de Prambanan

Repuestos de energía, en la misma carretera, cogimos el autobús público 1A para ir a visitar los Templos de Prambanan. Sólo pagamos los adultos, 6.000 R. por los dos. Cuando ya llevábamos un rato dentro, nos empezamos a fijar que en vez de alejarnos, parecía que cada vez estábamos más cerca del centro de la ciudad. Nuestro hotel estaba a medio camino entre ambos sitios. Así que al preguntar a unos pasajeros, confirmamos que aunque el bus que habíamos cogido era el correcto, la dirección de la carretera en la que estábamos situados no. Por lo que un trayecto que no debía haber durado más de 20 minutos, debido a la confusión y al intenso tráfico que había en el centro, nos llevó más de hora y media.

 

 

Los templos de Prambanan, Patrimonio de la Humanidad desde 1991, son un magnífico complejo de 224 templos hindúes. Están dedicados a las tres grandes divinidades hinduístas, Brahma, Visnú y Siva. El templo de Prambanan o templo de Lorojonggrang, como es conocido localmente, es un extraordinario ejemplo del arte de Siva en Indonesia. Fueron construídos en el siglo X. La entrada cuesta 18 USD o 198.000 R. Aunque en teoría también pagan todos los niños menores de 10 años, a nosotros en ningún momento nos dijeron que les sacáramos entrada. Los templos eran preciosos y además como ya eran las 16:00 de la tarde y el sol estaba empezando a caer, les confería unas tonalidades todavía más bonitas. Estuvimos un buen rato disfrutando de los templos y de los maravillosos jardines que lo rodean. Cuando los pobres críos estaban empezando a estar hasta las narices, decidimos poner punto y final a la visita.

Cogimos de nuevo el mismo autobús, pero esta vez en la dirección correcta. La idea era dejar a la familia en el hotel y yo ir a buscar el transporte para el día siguiente, pero Iker empezó a sangrar de la nariz (algo que le pasa habitualmente), con lo que nos bajamos todos cuando estábamos cerca del aeropuerto. Íbamos preparados para ese posible percance, pero lo teníamos todo en la habitación del hotel. Ahí estaba bien…. 🙁 Fuimos a los baños que había en el aeropuerto y con unos kleenex y un poco de agua conseguimos pararle la hemorragia.

Les pregunté a unos trabajadores a ver si conocían la forma de ir hasta Semarang, y me indicaron que al otro lado de la carretera había una agencia que se encargaba de ello. Vaya cristo para cruzarla, estuve por lo menos 5 minutos intentándolo y lo peor de todo es que justo donde estaba, había un semáforo que en ningún momento se puso en verde para mí y un paso de peatones. La agencia era Panorama Tours y cogí 3 billetes en un autobús en teoría bueno, por 135.000 R.

 

Ya de vuelta en el hotel, nos asaltaron los taxistas para ofrecernos sus servicios. Y como al levantarnos tan tarde, nos habíamos dejado de ver los Templos de Borobudur, creímos que podría ser una buena opción coger uno para que al día siguiente nos llevara a primera hora y de seguido, hasta la estación de autobuses. De entrada nos pidió 450.000 R., pero se lo dejamos en 300.000 por el trayecto descrito y 4 horas con nosotros. Es probable que pagásemos de más, pero las prisas era lo que tenía.

Nos pasamos el resto de la tarde y también de noche disfrutando de la piscina y sus toboganes. Me acerqué hasta el Carrefour a comprar unos yogures, fruta y pañales, 100.000 R., mientras el resto seguía relajándose. Cenamos de nuevo en el hotel algo similar a lo del día anterior, 263.000 R. Y nos fuimos a la habitación a tumbarnos y disfrutar de esas magníficas camas y de las olimpiadas.

 

B.F.F.F.

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