La zona caribeña de Costa Rica

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La zona caribeña de Costa Rica

Monos en el Parque Nacional de Cahuita en Costa Rica

Tras dejar atrás el maravilloso Parque Natural de Tortuguero, pondremos rumbo hacia el sur, a Limón, en donde alquilaremos un coche para el resto del viaje. Lo primero que haremos será ir hasta casi la frontera con Panamá, disfrutando de la belleza y tranquilidad de la costa caribeña del país.

Después de haber estado lloviendo toda la noche y con muy poca pinta de que fuera a parar, decidimos tomárnoslo con calma y levantarnos "tarde". A las 9:00 estábamos desayunando. Hay que tener en cuenta que a las 5:30 ya era de día y sin nada que tapase la claridad era una proeza el dormir hasta casi las 9:00 de la mañana.

Con nuestras mochilas a la espalda nos encaminamos hacia el embarcadero para ver si había algún bote que nos llevara hasta Limón. Allí deberíamos tener un coche esperándonos para recorrer el resto del país. A las 10:00 montamos en una lancha rápida que nos llevaría hasta nuestro destino haciendo unas cuantas paradas por el camino para observar los animales y darnos unas cuantas explicaciones. El precio eran 25 $ por persona. Pero lo más sorprendente fue cuando el hombre que nos vendió los billetes nos dijo que también teníamos la posibilidad de ir directos sin ninguna explicación de lo que veíamos, pero que en ese caso nos costaría 30$. Algo un tanto extraño había en la forma de hacer negocio de este hombre, pero nosotros no desaprovechamos la oportunidad y cogimos el más barato que encima tenía guía.

El viaje por los canales volvió a ser una pasada. Esta vez fuimos por una zona más amplia con mucha más agua y el capitán se emocionaba bastante con la velocidad. En las curvas el que iba en un lado podía tocar el agua sólo con sacar un poco la mano. Estuvo emocionante y divertido, pero también estuvimos un tanto acongojados. A mitad de camino hizo una parada para picar algo y nosotros degustamos en un pueblito situado al lado de los canales, unos ricos sandwiches con una cerveza bien fresquita. Todo por 2.000 C. cada uno.

Vimos unos cuantos caimanes, muchos monos y varios tipos de aves. Las explicaciones del capitán fueron de lo más interesantes; "mirar a la derecha, un caimán entre esos troncos. Mirar entre los árboles, ¿veis los monos?. Ahora mirar al cielo, cuantas aves volando...." El hombre debía tener un máster en zoología y por eso lo tenían de guía experto para esos trayectos.

Moín

A las 13:30 llegamos a Moín. Allí mismo, en el embarcadero, habíamos quedado con la compañía del alquiler del coche, pero parecía que se habían olvidado de nosotros. Miré entre las hojas que tenía de la reserva para ver si había algún número al que llamar pero allí no aparecía nada. Lo único que se nos ocurrió fue mandarle un sms a un amigo en España y a ver si podía encontrar algo por internet. Un rato después recibimos el número al que llamar, sólo que ahora teníamos otro problema y era que no teníamos el aparato necesario para efectuar esa llamada. Bueno, eso no era correcto, lo teníamos, pero a ninguno de los tres se nos había ocurrido la brillante idea de activar el roaming internacional, con lo que valían para ver la hora, de despertador y poco más.

Nos acercamos hasta unos lugareños, les contamos lo que nos pasaba y enseguida sacaron su teléfono para dejarnos llamar. Por fín conseguimos hablar con los de la compañía y nos dijeron que el chico se había ido porque como era muy tarde creían que no íbamos a aparecer. Razón no les faltaba, ya que habíamos quedado a las 12:00 con ellos y habíamos llegado casi 2 horas más tarde. Nos dijo que en 15 minutos estaba donde nosotros.

Ya con el coche en nuestras manos, un Daihatsu Terios 4x4, que nos había costado 520 $ por 11 días de alquiler más 50$ extras por habérnoslo acercado hasta Moín, pusimos dirección Cahuita aunque tomando una pequeña desviación para dejarle al hombre del coche en una parada de autobús. Él se negaba, pero nos vimos en la obligación después de que hubiera sido culpa nuestra el retraso.

La carretera no estaba mal, pero para ir rápido si que resultaba un poco peligrosa, además pasamos por un par de controles de la policía. Antes de llegar hicimos una pequeña parada en Playa Negra, para refrescarnos del calor que hacía. La playa como su mismo nombre indicaba era de arena negra. Era una playa salvaje, no estaba acondicionada, pero eso era lo que le daba el encanto. Y para variar estaba completamente vacía.

Cahuita

Ya en Cahuita, lo primero que hicimos fue buscar alojamiento. Encontramos un pequeño hotelito llamado "Belle Fleur". Estaba cerca de la entrada del Parque Nacional y parecía limpio y la habitación tenía tres camas. Por 30$ decidimos no buscar más y quedarnos allí mismo. Así podíamos aprovechar la hora que quedaba de luz para darnos un baño. Para acceder a la playa había que entrar en el Parque Nacional de Cahuita, pero no era necesario pagar, sólo había que dar un donativo para la conservación del Parque. La playa tenía muy buena pinta y el agua estaba perfecta de temperatura, se llamaba playa blanca, pero como estaba anocheciendo no se podía apreciar en todo su esplendor.

Volvimos a la habitación a pegarnos una ducha y en ese momento Gorka descubrió una pequeña familia que estaba con ganas de refrescarse. Había un número indeterminado de cucarachas pululando por el suelo del baño. Como estaba bien cerrado y parecía que por la habitación no había ningún integrante más decidimos seguir allí y no ponernos a buscar otro alojamiento a esas horas.

Salimos a cenar a un restaurante al lado de la playa un poco de pasta y de allí nos fuimos al Coco´s bar, el sitio de marcha del pueblo, pero en el que no había casi nadie, ya que había pasado la Semana Santa y allí la mayoría del turismo era interno. Probamos por primera vez el ron Centenario y como estaba riquísimo decidimos repetir una segunda vez, jejejeje. Mientras estábamos en el bar pasaron unos cuantos pirados ofreciéndonos de todo. Les dimos las gracias por el ofrecimiento pero les dejamos seguir su camino. Que mal rollo que nos dieron, ......

Para las 23:30 decidimos volver al hotel para preocuparnos por la familia con la que compartíamos habitación. En ese momento se puso a llover y no paró hasta el día siguiente el cuál amaneció con un sol resplandeciente. Ya nos habían avisado que eso era muy normal. A partir de la tarde noche ponerse a llover a cántaros y al día siguiente estar todo completamente despejado.

Nos levantamos temprano e intentamos buscar algún sitio para desayunar, pero estaba todo cerrado, así que decidimos ir directos a visitar el P.N. de Cahuita y picar por el camino algunas galletas y patatas que teníamos guardadas. Le dimos 3.000 C. al chico de la puerta y nos miró como sorprendido. Nos imaginamos que al ser la voluntad allí no pagaría ni Dios. Eran 3,5 kilómetros de camino hasta la punta. El recorrido era por la arena de la playa hasta llegar a un pequeño río a unos 2 kilómetros, cuando ya no se podía seguir por allí y había que adentrase en el bosque, para finalmente aparecer en Punta Cahuita.

Esa zona era increíblemente bonita. Había una pequeña calita con un agua cristalina y el bosque pegado a la misma orilla de la arena. Al fondo se divisaba el arrecife que rodeaba la zona. Como habíamos ido muy pronto, disfrutamos de ese lugar completamente solos. Eran las 8:30 de la mañana y sol estaba arriba del todo y calentaba como si fueran las 14:00 del mediodía. Mientra nos estábamos bañando, aparecieron media docena de monos carablanca y se acercaron hasta la misma orilla, si queríamos podíamos tocarles, pero no era muy recomendable por si acaso. Estábamos comiendo unas galletas y probablemente eso fue lo que les atrajo, porque en cuanto se nos "cayó" una, fueron como posesos a por ella. Estuvimos dos horas disfrutando de la tranquilidad y de la belleza del lugar. Cuando habíamos decrecido unos 20 centímetros cada uno decidimos que era hora de regresar.

Puerto Viejo de Talamanca

Volvimos al coche y fuimos hasta Puerto Viejo de Talamanca unos 20 kilómetros al sur. Por el camino parábamos cuando veíamos una buena playa y nos dábamos un chapuzón. Vuelta al coche y a seguir el camino.

Puerto Viejo era un pueblo muy tranquilo y bonito situado al lado del mar, en donde había mucho rollo surfero y sonaba música reggae por todos los lados. El ambiente nos motivó mucho e hizo que decidiéramos quedarnos el resto del día y la noche en ese lugar. Miramos en la guía un alojamiento que lo ponía bien y económico, pero al ir a preguntar por el precio la dueña nos pidió 80$. Le dijimos que nos parecía carísimo y ella nos dijo que no nos quejaramos que ayer era temporada alta y nos habría cobrado 84$. Eso sí que eran rebajas y no las de El Corte Inglés.

Lógicamente nos fuimos de allí y encontramos otro de nombre japonés por el que nos pedían 50$. Con el rollo de la temporada baja se lo conseguimos sacar por 40$. Era un bungalow con dos plantas y tres camas, 1 de matrimonio y dos individuales, 1 de ellas en el piso de arriba. Echamos a los chinos y la cama extragrande me volvió a tocar, jijijijiji.

Ya alojados, volvimos al coche y seguimos lo más al sur que se podía, hasta Manzanillo y Playa Uva. Las dos eran unas playas muy bonitas, pero la que más nos gustó fue la última. Allí, aprovechando una nevera que nos venía con el coche y que habíamos surtido de frutas variadas, cervezas y refrescos, aprovechamos para hacernos un picnic. Además encontramos unas sillas estilo cervecera que hicieron el piscolabis más cómodo. Nos pasamos el resto del día de chapuzón en chapuzón. Aunque no había mucha gente estuvimos con un lugareño que se ganaba la vida cogiendo los cocos de las palmeras y vendiéndolos. Como no estábamos interesados nos hizo un trato, él nos daba coco y nosotros cerveza. Nos pareció bien y fue lo mejor que pudimos hacer porque nos lo pasamos en grande con las historietas que nos contó.

Por la noche salimos a cenar y fuimos a tomar algo a un bar que nos había recomendado el de los cocos. Era un antro en toda regla, música tecno cutre y la poca gente que había estaba toda colocada. Nos tomamos una y cuando estábamos a punto de irnos nos pararon dos chicas que nos habían oído hablar y que si queríamos que nos llevaban a otro bar más agradable. Una de ellas llevaba 8 meses viviendo allí y la otra la había ido a visitar una semana. Eran madrileñas y casualidad el novio de la que vivía allí trabaja en donde dormíamos nosotros. Nos contaron que esa zona era muy peligrosa, que había mucha droga, que la gente andaba con pistolas y que cada vez que iba a casa le tenía que llamar a su novio para que la acompañase. A nosotros nos pareció un poco exagerado por lo que habíamos visto, ya que precisamente nos dió la imagen de un sitio super tranquilo. Cierto es que se veía a mucho grillado, pero de eso a lo otro ......

A las 23:00 estábamos en la cama. Al día siguiente tocaba madrugar ya que empezaríamos la ruta de los volcanes.

  B.F.F.F
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