La Habana – Cuba

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La Habana – Cuba

Cartél en el hospital de La Habana

Otra gran frase del Ché

Nuestro viaje se acaba, y que mejor que decirle adiós en la capital del país, La Habana. Es una ciudad de contrastes, en donde se pueden ver edificios preciosos y muy bien conservados con otros al lado mismo que se están cayendo. Además somos testigos de la histórica visita de Obama, llegando a verle por el paseo del malecón.

Cuando estábamos preparándonos para empezar un nuevo día, viene la señora y nos dice que ha llamado Néstor, que quiere hablar con nosotros. Nos dice que se le ha borrado todo lo que tenía en el ordenador y que por eso no tenía nuestra reserva apuntada (que excusa más mala), pero que nos deja otra habitación de la casa que está sin pintar por la mitad de precio. La vemos y está limpia, así que la segunda noche dormimos por 10 CUC.

Hoy se avecina otro día largo, ya que como es la última noche queremos dejar casi todo visto para sentencia. Aunque mañana tenemos el día completo ya que el vuelo sale a las 23:25, preferimos dejar el último día para vagar sin rumbo por la ciudad.

Esta vez vamos a La Habana Vieja. Seguimos todo el camino del malecón hasta el final. Volvemos a ver la comitiva de Obama y volvemos a ver a Obama, esta vez conseguimos grabarle aunque haya que hacer un acto de fé para verle. Casualidad, nos encontramos con Dani, el peruano que había venido con nosotros desde Viñales. Estaba con un francés que había conocido en el hostel donde se alojaba. Nos juntamos y recorremos la parte vieja. Llegamos hasta La Bodeguita del Medio, y como no, hay que tomar el pertinente mojito, 5 CUC. Estaba hasta los topes. Dentro había un grupo de música, le preguntaron a Usu de donde éramos y se pusieron a tocar «Desde Santurce a Bilbao», casi nos da algo. Lógicamente luego nos intentan vender el disco.

Como Dani y el amigo iban a ver algo que nosotros ya habíamos visto, nos despedimos y hasta la próxima. Paseando me para un indigente y me enseña un periódico. Le digo que gracias, pero que bastante tengo con los problemas de casa, cuando veo la portada. Obama con Raúl Castro. Sin pensármelo dos veces le doy las monedas que tenía sueltas, cerca de 2 CUC. Esto es historia y está bien tenerlo guardado para recordarlo el día de mañana.

Vamos a comer y vemos a un músico callejero con su trompeta. Como tocaba bien le dimos algo de dinero. El hombre paró de tocar le cogió a Usua, le hizo sentar a su lado y le tocó una canción para ella sola. Usu encantada de la vida.

Comemos cerca del Capitolio en un local de comida cubana. 2 ensaladas frescas, dos bocatas de no sabemos muy bien que, pero que estaban muy buenos y una botella de agua por 105 CUP.

 

Otra vez reventados de todo el día fuera, decidimos coger unas cervezas como el día anterior y sentarnos en el Malecón a ver las olas. Como no eran tan fuertes como la otra vez nos sentamos en una zona donde no estaba mojado, pero confiados y hablando sin fijarnos en el mar, nos rompió una ola justo delante nuestro que nos empapó de arriba a abajo. Nos fuimos a la plaza que hay en el monumento a las víctimas del Maine y nos tumbamos al sol para secarnos.

Fuimos a la habitación a tumbarnos un poco antes de cenar. Semi-descansados, salimos a cenar por la zona de la casa. Se ve que es donde está la gente con pasta, porque hay un montón de restaurante sen plan elegantes. Nos pedimos, lomo seco con ensalada y arroz, una pizza, 2 cervezas y 1 7up por 12,50 CUC. Paseíto para bajar la comida y a dormir.

Hoy es nuestro último día en La Habana. A las 23:25 sale el vuelo dirección Madrid. Nos lo tomamos con mucha calma. salimos de casa sobre las 12:00 de la mañana y dejamos todo preparado para venir luego a por ello e ir al aeropuerto.

Primero vamos a comprobar que el autobús para ir al aeropuerto sale de al lado de la heladería Copelia, que está cerca de nuestra casa. Es el número P16. Como tenemos tiempo de sobra, vamos a ir en el autobús público y así alargar el día.

Comenzamos a vagar por la ciudad y llegamos hasta la Universidad. Hay un montón de escaleras para acceder hasta ella. Dentro tiene unos edificios muy bonitos y bien conservados. Llegamos hasta la plaza de la revolución y volvemos a sacar un montón de fotos de lo mismo que habíamos sacado el día anterior 🙁 Paramos a comer unos perrito calientes 10 CUP, 1 cerveza 1 CUC y una gaseosa 0,50 CUC.

Paseamos por zonas donde los edificios están que se caen, pero literalmente. No se ve ningún turista por esta zona. No tenemos ni idea de donde estamos, pero no hay sensación de inseguridad. A Usu le apetece una ensalada como la de ayer, así que directos al capitolio previas 50.000 vueltas por la ciudad porque íbamos sin plano y nos da igual perdernos. Llegamos a una plaza en la que hay música y gente bailando, algunos un poco tocados del bolo. Nos ponemos a ver como bailan y se le acerca un chico a Usua y le dice a ver si quiere bailar. No lo duda ni un momento y allí que sale y se pone a menear el culo. Una señora que había al lado me pregunta a ver si era cubana, que se movía muy bien, le digo que no, que es española y me dice, será de Andalucía, y yo, pues justo de la parte contraria, de Bilbao, y me suelta, pues yo estuve viviendo en España unos años y los vascos no tenían fama de saber moverse así. Me dieron ganas de decirles que el problema de los vascos era otro (que allí no fo….. ni dios), pero mejor le dejé pensando eso, que era más llevadero para nuestra salud.

Reventados nos cogemos un par de cervezas y nos sentamos en un parque a ver la vida pasar. Uno de los deportes nacionales junto con el béisbol. A las 17:00 llegamos a la casa, cogemos las mochilas y nos despedimos de la señora. A Néstor seguimos sin verle, llegamos a dudar hasta de que exista y sea un espíritu colonial de la casa con ganas de hacer dinero.

Nada más llegar a la parada del autobús, aparece el P16. Hay un montón de gente, pero empujando unos a otros se consigue hacer sitio y conseguimos entrar. Entre tanto empujón, noto como que alguien me está andado en los bolsillos de las bermudas. Aunque toco por fuera y veo que tengo la cartera. Cuando el conductor cierra la puerta y voy a coger el dinero para pagar, veo que me lo han birlado todo. No nos han dejado ni un mísero CUC. Tenía 70 CUCs y no me queda nada. Empezamos a darle vueltas como ha podido ser, y recordamos que había dos tipejos que estaban todo el rato empujando y que al final no se subieron al autobús, pero como noté que tenía la cartera no le había dado mayor importancia. Le digo al chófer que por favor pare que voy a buscarlos, porque me acordaba de ellos y me dice que no merece la pena, porque aunque los encontrase ellos ya no iban a tener el dinero, se lo habrían dado a otra persona precisamente por eso. Se lo tienen bien montado. En más de 20 años es la primera vez que me roban y menos mal que por lo menos la cartera no se hicieron con ella. Estaba un poco jodido por la circunstancia que no por el dinero, ya que me fastidiaba la impotencia de no poder hacer nada. El autobusero me ve y me dice que no le dé más vueltas, que piense que me tomado 70 cervezas más en mis vacaciones y ya está. Por lo menos el chófer y Usu, como no, me hacen animarme un poco.

El autobús nos deja al lado del aeropuerto nacional terminal 2. Hay que seguir andando todo recto, y al chocarse con unos aviones girar a la derecha, seguir recto durante un buen rato y unos metros más adelante pasando una rotonda llegamos a la terminal 3. El trayecto en autobús son unos 45 minutos y andando otros 25 más o menos.

Llegamos con más de 5 horas de espera, pero eso nos parece un lujo, ya que con la cantidad de aviones que cogemos cuando vamos al sudeste de Asia, estamos acostumbrados a las largas esperas. Nuestro récord no es precisamente en Asia, sino en Europa. Hace ya muchos años, cuando empezamos a viajar casi, estuvimos 18 horas esperando en el aeropuerto de Glasgow por una conexión. En aquella época el dinero escaseaba todavía más que ahora 😉

Nos cambiamos de ropa, para aguantar la rasca del aire acondicionado y nos comemos unos manís (cacahuetes con caramelo), que llevábamos para dar de probar a la familia, ya que nos habían dejado precisamente como esos cacahuetes, «pelados» y no teníamos para comprar nada.

El vuelo sale en hora. Nos lo pasamos casi todo dormidos. Cena nada más montar y un desayuno a hora y media de llegar. Tardamos 8 hora y media, 1 hora menos que a la ida.

Ya en Madrid cogimos un coche de alquiler en el aeropuerto para ir hasta Chiclana a ver a los enanos, que estamos con unas ganas locas de verlos. Tras otras 6 horas de camino, tenemos un recibimiento tanto por parte de Iker y Noa como por parte de nuestras sobrinas, Ainara y Candela, que casi nos hacen saltar las lágrimas, jijijiiji, es que somos un poco sentimentales.

Bueno, este viaje se acabó, pero en nada otro llegará. Así que planificando nuestro siguiente destino,conseguiremos que la espera se haga un poco más llevadera.

B.F.F.F.

 

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