Ferry a Langesund(Noruega) y llegada a Oslo

Las vías y el vagon de prisioneros en el campo de concentración Neuengamme en Hamburgo, Alemania.
De Colonia a Hirtshals
El río que atraviesa Rovaniemi en Finlandia.
De Oslo (Noruega) a Rovaniemi (Finlandia) atravesando Suecia
Mostrar todo

Ferry a Langesund(Noruega) y llegada a Oslo

El cuadro "El Grito" de Edward Munch en el Museo Nacional en Oslo, Noruega.

Hoy toca coger el primero de los múltiples ferrys en los que embarcaremos para recorrer estas maravillosas tierras. Iremos de Hirtshals (Dinamarca) hasta Langesund (Noruega), para desde allí dirigirnos a la capital del país, Oslo. Estaremos un par de noches en un camping que hay a las afueras y nos desplazaremos en nuestro propio coche hasta el centro para ver la ciudad.

El ferry sale a las 9:00, pero en los papeles, pone que la última hora de check-in es a las 8:00, así que para no apurar, nos levantamos a las 7:00. El ferry llega a Langesund, en la parte sur de Noruega, pero hacia la derecha. La compañía con la que hemos cogido los billetes es Fjordline. Hay otra naviera que también hace la ruta, Colorline, pero era más cara. Nos salieron los billetes ida y vuelta para los 4 con el coche por 160 €. Además si te hacías socio del club, estilo iberiaplus, te hacían un 10 % de descuento.

Para las 7:40, estábamos ya en el puerto. Nada más llegar, hay unas cabinas estilo peaje, donde les das el impreso de confirmación del ticket que te han mandado al email, y tras hacer susu comprobaciones, te dan una tarjeta con la fila en la que hay que ponerse. A las 8:30, estábamos entrando con el coche en las entrañas de un barco enorme. Nos indican donde tenemos que aparcar, cogemos algo de comer, y subimos a la parte de arriba que es donde están los asientos y los puestos para picar algo.

El ferry, nos recuerda mucho al que hacía la travesía Bilbao – Postmouth. Es enorme. Está todo impoluto. Entro a los baños y sin exagerar, podríamos haber comido allí de lo limpio que estaba. También puede ser que nuestros últimos viajes han sido al sudeste asiático, y la diferencia entre unos y otros es bestial.

Nos sentamos en un sillas con mesa, bastante incómodas, cerca de la zona de picoteo, y vemos que justo al lado hay una puerta abierta. Me acerco a mirar, y veo un pedazo camarote, con unos asientos reclinables de cuero y una luz tenue. Sólo había dos personas. Los enanos estaban cansados, así que nos miramos Usu y yo,….. porque no??? Ala, allá que vamos. Nos sentamos y disfrutamos de un viaje de lo más cómodo, hasta cayó una pequeña siestecilla. En teoría, esos asientos, eran de pago aparte, pero como no nos dijeron nada….. Más tarde, hubo unos cuantos que practicaron la misma jugada que nosotros.

Después de una reconfortante siesta, salimos a la cubierta a ver que tal se estaba. Hacía sol, y en la parte de abajo, donde está la explanada para que aterrice el helicóptero, había un apartado en el que no daba nada de viento. Hacía tanto calor, que nos vimos en la obligación de despelotarnos y aprovechar a tomar un poco el sol. Mientras estábamos sacándonos unas fotos, apareció una pareja a lo mismo que nosotros y viendo que también hablaban castellano estuvimos un rato charlando. Él era de Ecuador y ella gallega, viajaban con el hermano de ella y su mujer, los cuáles aparecieron al de un rato. Habían ido hasta Hamburgo en avión y allí, habían alquilado una autocaravana para ver la zona de los fiordos. Cambiamos impresiones sobre nuestros viajes y las distintas formas de viajar, y sin darnos cuenta, vemos que estábamos llegando a Langesund. El paisaje que se ve desde el barco es espectacular. Unas zonas de bosque que llegan hasta el mar, casas de madera por las laderas,…., hasta las rocas que estaban en medio del mar tenían su encanto. Como dije de Dinamarca, si se cerraran los ojos y uno se imagina Noruega, al abrirlos, lo que ve, es exactamente eso. Nos despedimos de los chicos y bajamos a coger el coche.

 

Al salir del ferry, unos cuantos metros más adelante, nos para la policía. Le doy los pasaportes, aunque se puede viajar con el dni sin problemas, y al ver España, se le queda un poco cara de flipada y me dice: «Largo viaje, ehhh???, me sonrío, le digo que para ver esta maravilla no importan los kilómetros, y echando una ojeada por la ventanilla para ver a los críos, nos devuelve los pasaportes y nos desea buen viaje.

 

Oslo

Ponemos rumbo a Oslo y escasos dos kilómetros más tarde nos cae la primera chaparrada de bienvenida a Noruega, y eso que sólo media hora antes estábamos que nos achicharrábamos al sol. Un par de horas después, llegamos al camping Bogstad. En internet no lo ponían nada bien, pero a nosotros no nos parece que sea para tanto. La zona de acampada es enorme y con un montón de hierba. Hay wifi gratuito. Los baños están bastante limpios. También hay una zona de juegos para los enanos y a menos de 500 metros hay una playita con un lago. La única pega que le vemos,es que las duchas son de pago. Hay que comprar unos token, monedas, para meter en una ranura y que salga el agua caliente. Lógicamente, al ser un camping cercano a la gran ciudad, no se respira la tranquilidad de otros, pero para nosotros está perfecto. La zona de registro de entrada, está separada de recepción. Te dan una tarjeta para subir la barrera y para entrar a los baños, y con esa misma tarjeta se paga en recepción. Las dos noches, nos salen por 660 NOK. Aquí, la moneda, es la corona noruega que ahora esta 1€ = 9,40 NOK.

Ponemos la tienda mientras los críos juegan en las colchonetas y seguido nos vamos a la zona de la playa. Está pegado al camping, unos 500 metros más abajo. Al llegar alucinamos con lo que vemos. Es un lago, con una islita en medio, todo rodeado de un verde intenso. En el agua, hay un montón de patos. No hay mucha gente. Algunos están haciendo unas pequeñas barbacoas, que desprenden un olor riquísimo. Probamos el agua, y aunque está un poco fresca, Iker y Noa, no lo dudan y allá que van de cabeza. Pasamos la tarde disfrutando de este idílico lugar. Cuando el sol se oculta entre las nubes, empieza a refrescar, así que decidimos volver al camping a cenar. Abrimos unas latas de albóndigas, de las cuales teníamos nuestras serias dudas de como podían estar, pero a los críos les encantan. Aunque también es cierto que si les hubiésemos puesto piedras con alguna salsa, también se las habrían comido. Nos acostamos y mientras algunos leen y otros juegan, nos quedamos dormidos.

 

La noche ha sido bastante agradable. No hacía mucho frío. A las 2:30, cuando mi vejiga me ha despertado, he podido comprobar que ya había amanecido. Hoy toca visitar la ciudad de Oslo, tenemos todo el día, así que nos lo tomamos con calma al levantarnos y desayunar. Estuvimos mirando como ir al centro. La tarjeta de día para el transporte, costaba 29 € por persona, lo que hacía un total de casi 120 €. Totalmente descartado. Así que cogimos nuestro coche. La anterior vez que estuvimos, también habíamos ido con el coche al centro y pagamos el parquímetro, pero se nos pasó la hora. Cuando llegamos, teníamos una bonita multa, no le dimos mayor importancia, ya que a tantos kilómetros de distancia….. Pero estando ya en casa de vuelta del viaje, un día abro el buzón y veo una carta con remite de Noruega, nos mandaban un número de cuenta en el que ingresar el importe de la multa. Y como vieron que no lo hicimos, nos insistieron hasta en 3 ocasiones. Así que esta vez no queremos arriesgarnos a ninguna multa.

Recordamos que otro día habíamos aparcado cerca del parque Vigeland sin parquímetro, así que para allí que nos fuimos. En cuanto llegamos, en una calle residencial, vimos un hueco en el que ponía Usua y Txema. Ni una vuelta y teníamos el coche aparcado al lado de la entrada del parque y sin pagar.

Hago un pequeño apartado ahora que hablo de pagar, para explicar los peajes en Noruega. Hace 10 años, cuando estuvimos nosotros, se pagaban los peajes con dinero en las máquinas. Pero hoy en día eso ha cambiado. Ahora es automático. Unas cámaras te leen la matrícula y te cobran. Hay 3 maneras de pagar: – La primera, es comprar una tarjeta con un importe determinado, se pone en el parabrisas, y al pasar por los diferentes peajes se te va descontando los importes. – La segunda, es detenerse en las gasolineras que tienen el logotipo de los peajes y allí te miran cuanto debes y les pagas. – La tercera, es pasar como si nada, te lo anotan todo y te mandan a casa una carta con el importe que se debe y un número de cuenta para pagarlos. Nosotros optamos por la tercera.

El parque es muy bonito, es bastante grande, con mucho verde y arbolado y está lleno de figuras a tamaño natural con unas formas un tanto raras y todas en pelotingas, que eso fue lo que más gracia les hizo a Iker y Noa. Fueron hechas por Gustav Vigeland, un escultor noruego. Hay un monolito en medio del parque, hecho de cuerpos retorcidos, que es la escultura de granito más grande del mundo.

 

Como teníamos bien aparcado el coche, y sabíamos como se las gastaban en el centro, con el mapa que nos habían dado en recepción, tiramos hacia el Palacio Real con nuestras piernas. Son unos 3 kilómetros, pero se hacen bastante amenos.

El Palacio Real, es bastante simple, no es como nos imaginamos cuando oímos la palabra palacio. Llegamos sobre las 13:00, y a las 13:30, era el cambio de guardia, así que esperamos allí sentados. Acercándose la hora, oímos una banda de música al fondo de la calle principal. Venían hacia el palacio, escoltados por un par de policías a caballo. Los siguientes 45 minutos que vieron nuestros ojos, no iban a tener desperdicio. Nos esperábamos el típico cambio de guardia al estilo Buckingham Palace en Londres. Pues no. Eso parecía un show de algún programa de televisión. Hacían malabarismos con los fusiles, se echaban unos bailes a ritmo de canciones conocidas tocadas por la banda de música, en algunos momentos hasta interpretaban alguna tontería para hacer reir al público. No tuvo desperdicio. A los enanos y a los no tanto les encantó.

Después del teatro callejero que habíamos vivido, continuamos nuestra visita por la calle principal Karl Johans Gate. Típica calle escandinava, con sus tiendecitas y cafeterías. Buena parte estaba cortada por las terrazas, haciéndola peatonal y más accesible.

 

Nosotros no somos mucho de museos, pero queríamos ver uno de los típicos cuadros que estudias cuando eres joven y así de paso enseñárselo a los críos. En el Museo Nacional, está expuesto «El grito» de Edward Munch. También hay obras de Van Gogh, Monet, y algunos otros conocidos, pero sobre todo está dedicado a pintores escandinavos. Cuando entramos e íbamos a pagar la entrada, 100 NOK, nos dicen que no hay que pagar. Le hacemos caso sin rechistar y para dentro que vamos. A la salida, veríamos un cartel en el que ponía que los jueves era gratis y casualidad era ese día de la semana 🙂 Estuvimos viendo unas cuantas salas, y en una había una litografía del cuadro. Así que se nos ocurrió hacerles un juego a Iker y Noa, para que no se les hiciese muy aburrido el museo. Bueno, y a nosotros lo mismo. El que encontrase el cuadro que era como la litografía, tendría un premio. Allá que se lanzaron los dos en busca y captura del cuadro. Ganó Iker después de recorrer unas cuantas salas más. Aunque no hubieran sabido cuál era, la gente lo habría delatado, ya que era el único que tenía a más de una (o ninguna), persona observándolo.

Cuando ya nos íbamos, pasamos por una sala, en la que se podía poner en práctica lo visto. Nos preguntó la chica a ver si queríamos pintar un cuadro, y los críos no lo dudaron. Había para hacer recortes, pulseras, pintar en la pared…. Más de una hora que nos pasamos allí, mientras el que suscribe estaba más aburrido que una ostra, pero como para decirles que no, después de la paliza que llevaban y no habían dicho ni mú.

Cuando por fin nos echaron, ya que iban a cerrar, continuamos viendo la ciudad, y como hacía bueno y en la península de Bygdoy había playa, decidimos aprovecharla. está a unos 5 kilómetros del centro, así que volvimos a por el coche. Al llegar, el sol no duró ni 5 minutos, y se metió una galerna que hizo que nos tuviéramos que ir del frío y del viento que se había levantado. Una pena, porque la zona era preciosa.

Aprovechamos para ver el museo de los barcos vikingos. El museo muestra los barcos vikingos mejor conservados del mundo. Los barcos fueron encontrados en tres grandes tumbas reales, en las cercanías del fiordo de Oslo. Ahí fueron enterrados hace más de 1100 años para transportar a sus reales propietarios al reino de los muertos. La entrada cuesta 80 NOK por persona, pero los críos entran gratis.

 

Cansados del palizón que nos habíamos dado andando, volvimos al camping, cenamos, jugamos un poco y enseguida estábamos todos dormidos.

Nos sorprende la cantidad de coches eléctricos que se ven por el país y sobre todo el tan conocido Tesla que no baja de los 100.000 €. Está claro, que en este país tienen bien concienciado lo de las energías limpias y cuidar la naturaleza, pero hay que tener también un buen bolsillo.

 

 

 

 

B.F.F.F.

 

 

 

Viajes Ikertanoa
Viajes Ikertanoa
VIAJES IKERTANOA, para viajeros independientes. Asesoramiento e información para viajes independientes destinado a quien quiere conocer el mundo tal y como es. Asesoramiento integral en tus viajes para que viajes como te gustaría. Si quieres viajar diferente pero te surgen un montón de preguntas, no sabes por dónde empezar a configurar tu viaje, si no estás seguro de qué visitar o dónde dormir y comer, te asesoramos desde antes de empezar el viaje hasta tu regreso. Asesoramiento técnico, cultural y legal para viajes. También podemos organizarte el viaje al completo, desde el inicio hasta tu regreso.